Se esconde también entre estas pujas una que sobrevive a los gobiernos de turno. Y que fue inaugurada por el kirchnerismo como método para ampliar lo que en su momento fue la transversalidad. Ello implicaba financiar movimientos sociales por afuera de las estructuras territoriales como las intendencias, donde se formaban “Estados paralelos” que administraban y lo hacen aún hoy, planes, bolsones de comida y asistencia de todo tipo. El problema con el gobierno de Macri y la gestión de Carolina Stanley es que aquello no se achicó, sino todo lo contrario, se profundizó esa lógica bajo la permanente “amenaza” que se desborde la calle o la situación social.
Juan Grabois, quien aparece como uno de los actuales gerentes de la pobreza, tuvo mayor despegue con el gobierno de Macri que con el de Cristina, a quien llego a acompañar a los tribunales de Comodoro Py. Extrañezas de la política argentina.
Las anécdotas en ese sentido se multiplican. Como aquella que remite a finales de diciembre del año pasado cuando en reunión con intendentes del gran Buenos Aires los funcionario de María Eugenia Vidal exploraban posibilidades de desbordes sociales y la respuesta fue unánime: “a nadie le sirve que haya estallido porque se sabe cómo empieza pero no cómo termina”. De la misma manera que un perro que ladra se agranda ante el miedo de su posible víctima, muchas organizaciones sociales siguieron el mismo camino. Y, alegremente, solían decir que con el actual gobierno era más fácil conseguir planes que antes. Testimonios sobre ello abundan.
Ahora hay algo similar. Una puja subterránea entre jefes territoriales y distintos movimientos, muchos de ellos de izquierda, por el manejo de la ayuda adicional. Con una diferencia importante: los alcaldes no pueden esperar y tienen que destinar parte del presupuesto de la comuna a paliar la situación y contener. Algunos lo hacen desde hace mucho tiempo. En 2016, pleno ascenso del Cambiemos, María Eugenia Vidal recorrió junto con el peronista Mario Ishii los galpones donde en José C. Paz se preparaban las bolsas con mercadería para ser entregadas a los sectores más humildes. ¿Qué cambio de ese momento hasta ahora?. La cantidad de bolsas. Es más, desde dicha comuna se repartieron a distritos aledaños en diciembre del año pasado para frenar el descontento social.
Esa realidad atraviesa a todos los jefes comunales de distintos partidos en el Gran Buenos Aires. Debieron agrandar la ayuda para sus vecinos. Ineludible debate que aun no se salda en la Argentina. ¿Es viable un país que todos los meses casi la mitad de su población vive directamente del Estado? o ¿Cuanto tiempo se podrán sostener 27 programas sociales solo desde el Estado Nacional? Preguntas que aún no encuentran respuesta. Y además, ni siquiera están en el debate electoral.