El Riesgo País sube por distintas causas. Está la cuestión internacional. Que si sube el petróleo o la tasa de interés en USA, que si se fortalece el dólar o caen las bolsas del mundo. Entonces se debilitan los bonos de los emergentes, como los de la Argentina, y el inversor se desprende de esos papeles, lo que hace que su precio caiga y suba el Riesgo País, que en definitiva mide qué tan probable es que un Estado entre en default.
Luego están las cuestiones "idiosincráticas", las domésticas. La reputación argentina es uno de esos motivos estructurales, porque es uno de los países que más veces dejó de pagar su deuda.
También hay motivos coyunturales. En estos últimos meses, la suba del Riesgo País estuvo apuntalada por la incertidumbre política: los inversores ven menos chances de que Milei reelija —y con él su proyecto promercado—, por lo que aumenta su percepción de riesgo de default y huyen de los bonos argentinos.
De ahí que el índice de la Argentina se duplicara en pocos meses, mientras que el de Paraguay —donde acaban de destituir y detener a su presidente, ¡nada menos!— apenas ganó unas pocas unidades y se mantiene por debajo de los 150 puntos. No hay remate.
Aunque usted no lo crea...
“Tienen miedo de que no esté Milei”, reconoce el ministro Caputo para explicar por qué sube el Riesgo País. En el Gobierno hablan del “riesgo kuka”, o sea, de la chance de que vuelva el kirchnerismo y que eso asuste a los inversores. Lo que no nos dice el ‘Toto’ de Ipanema es que una vuelta del kirchnerismo implica una derrota de Milei.
¿Por qué “el mejor gobierno de la historia” perdería contra "los orkos que quieren romper todo"? Simple: porque el electorado puede percibirlo incluso peor que la administración que dejó un 200% de inflación. Muy digno de Ripley’s Believe It or Not!
La incertidumbre inversora se apoya en el deterioro de la economía local. Las estimaciones del mercado proyectan que el PBI crecerá de forma marginal este año, con un rebote de algo más del 2% para el próximo, lo que para algunos analistas todavía deberá demostrarse.
José Luis Daza, argentino circunstancial y número dos de ‘Toto’, confesó que él esperaba un mejor desempeño económico, pero también se quejó de la "impaciencia" de algunos por mejores resultados. A ver si nos entendemos: el vice del ministro que prometió para ya “los mejores 18 meses en décadas” protesta por la ansiedad generada, muy probablemente, por ese tipo de expresiones. Raro.
Que la economía sea el factor por el cual Milei pueda perder su reelección obliga al Gobierno a hacer algunos gestos, como los anuncios de suspensiones de embargos de la ARCA y la extensión de planes de pago de deudas para pymes. La necesidad tiene cara de empatía.
Santiago Caputo lo expresó bien cuando dijo que los resultados electorales “tienen casi todo que ver siempre con la realidad material de los ciudadanos”. Lo señaló en relación con la derrota de Donald Trump en las elecciones de medio término (varias de sus medidas redundaron en un aumento del costo de vida para los estadounidenses), pero tranquilamente se puede aplicar al plano local.
El concepto se puede resumir de la siguiente manera: a Milei lo votaron para que recomponga el bienestar económico que se deterioró a lo largo de las administraciones anteriores, no para que ande por el mundo comparando al socialismo con el fascismo, como hizo en España, donde, dicho sea de paso, le tuvo que dar la mano al socialista Pedro Sánchez. Alejarse de la agenda que lo puso en el poder —dice Santi por Trump, pero corre también para Milei— tiene un costo.
Sin ola, pero con tsunami
Trump sufrió una derrota histórica a manos de los demócratas, que le arrebataron a los republicanos el control de ambas cámaras del Congreso. Esto también impactó en el Riesgo País por la posibilidad de que Washington ya no esté para socorrer al gobierno argentino como lo hizo el año pasado en medio de una corrida en la previa de las elecciones.
Acá dicen que está todo bien, que esa ayuda no depende del Congreso, sino de la lapicera de Trump. Pero los demócratas ya habían puesto el salvataje en la mira y podrían promover investigaciones y limitaciones que dificulten otra asistencia. ¡Santas mayorías opositoras, Batman!
La paliza a Trump ocurrió cuando Milei todavía no terminaba de digerir la derrota del fugado Flávio Bolsonaro a manos de Lula da Silva. Se le agregó que a su amigo Benjamin Netanyahu no le alcanza lo que sacó en las elecciones para retener por sí mismo el poder, por lo que su ciclo podría terminar pronto.
A ese panorama hay que sumarle la destitución y detención de Santiago Peña como presidente de Paraguay, quien quedó vinculado al escándalo del Ueno Bank, disuelto por el Banco Central local, lo que generó perjuicios a millones de ahorristas. Definitivamente, no fueron los mejores días para la “ola azul” que Milei quiere liderar.
Lo que sí hubo en el último tiempo para el Presidente fue una ola de buenas noticias que salieron de Comodoro Py. Allí lo sobreseyeron por la causa $LIBRA, el caso ANDIS no llegaría a su hermana Karina y ahora dejaron en una situación más cómoda a Manuel Adorni, porque el fiscal Gerardo Pollicita consideró que los exorbitantes gastos en dólares en efectivo del exjefe de Gabinete no constituyen un enriquecimiento ilícito, sino apenas una evasión impositiva.
Pero ojo: no sea cosa de que el tsunami de resoluciones, que se atribuye a los oficios del ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, resulte demasiado sospechoso por lo abultado y termine por alimentar el malhumor social y las ganas de votar en contra de Milei y los suyos.
“No fue sólo la economía, estúpido”, señaló el premio Nobel Paul Krugman para explicar la derrota de Trump. Habría que tenerlo en cuenta mientras miramos el termómetro del Riesgo País.
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