En ese sentido, la relación cercana entre el ex intendente de Villa María y el ex mandatario potenció dos figuras que en el Gobierno provincial quieren bien lejos. Primero, la de funcionarios bajo la lupa de la Justicia por temas de género; y en segundo orden la de funcionarios asociados directamente con el kirchnerismo.
Si bien el procedimiento con Gill fue diferente, ya que el Gobierno provincial expulsó funcionarios mucho más rápido por el mismo motivo, la puerta de su futuro político estaría de mínima abierta para el ingreso de un nuevo actor. Para el caso del villamariense, el propio Llaryora fue quien dispuso no ceder ante la presión opositora y sostener al funcionario en su cargo hasta tanto no haya un fallo judicial.
Mientras tanto, la situación judicial de Gill está en manos de la fiscal Juliana Companys, quien elevó recientemente a juicio la causa. Según el funcionario declaró a la prensa, sostiene la confianza sobre su inocencia y la esperanza de poder retornar a su cargo tras la conclusión de la Justicia.