Martín Llaryora y Manuel Calvo en la misa de Natalia por José De la Sota

Cuando se editaba la columna de Jorge Molina sobre José De la Sota, se confirmó la asistencia de Martín Llaryora y Manuel Calvo a la misa que organiza Natalia.

La diputada nacional Natalia De la Sota convocó para este martes 15/09, a las 18:00, a una misa en memoria de su padre, José De la Sota, en el barrio Altamira, en la ciudad de Córdoba. El rumor llevaba 24 horas y provocó varios mensajes de Urgente24 a colaboradores de Martín Llaryora: ¿Va el gobernador?

Llaryora es un político que José Manuel De la Sota promovió y, más allá de que él transite andariveles diferentes a Natalia, el recuerdo del dirigente que falleció trágicamente el 15/09/2018, debería unificar reconocimientos.

En Urgente24, mientras tanto, había comenzado la edición de la columna acercada por Jorge Molina, hoy en la Administración Llaryora pero que fue muy cercano a De la Sota, en particular en la elaboración del plan que estaba por ejecutar quien de pronto falleció, cuando uno de los audios enviados fue responido en forma afirmativa.

Dicen que el rumor andaba dando vueltas por un comentario del ministro de Gobierno, Manuel Córdoba, a su gente en 'el Panal', la sede gubernamental provincial.

Sin duda será un evento muy importante. Natalia De la Sota no asistió al homenaje que organizó su hermana Candelaria, días antes, en el porteño Hotel Savoy. Tampoco asistió Axel Kicillof. La delegación cordobesa fue numerosa.

Martín Llaryora y Natalia De la Sota.

Vayamos a la columna de Molina:

José Manuel de la Sota: el político, el amigo

Pasaron ocho años desde el día en que José Manuel de la Sota perdió la vida en un accidente automovilístico.

Ocho años parecen mucho tiempo. Sin embargo, hay personas cuya ausencia no se mide en años. Se las sigue encontrando en una frase, en una conversación, en una decisión, en una obra, en una anécdota o simplemente en algún recuerdo que aparece sin avisar.

José Manuel es una de ellas.

Hace unos días, su hija Candelaria volvió a reunir alrededor de su figura a dirigentes provenientes de distintos sectores del peronismo. Y pensé que, de alguna manera, José Manuel había vuelto a hacer aquello que tantas veces intentó durante su vida: sentar alrededor de una misma mesa a quienes pensaban distinto.

No es un dato menor.

En una Argentina donde demasiadas veces el adversario termina convertido en enemigo, recordar a De la Sota obliga también a recordar otra manera de entender la política.

José Manuel era un político de raza.

Había nacido el 28 de noviembre de 1949. Fue diputado nacional, senador, embajador argentino en Brasil y tres veces gobernador de Córdoba. En 2015 compitió por la candidatura presidencial con Sergio Massa.

Pero su biografía institucional dice mucho y, al mismo tiempo, no alcanza para explicarlo.

Era inteligente, rápido, intuitivo. Tenía una enorme capacidad para escuchar y una velocidad extraordinaria para comprender los problemas y tomar decisiones.

Solía repetir:

“Soy un gran aprendiz”.

Y también:

“Los políticos no tienen que saber de todo. Tienen que saber escuchar”.

No eran frases preparadas para una campaña. Era su forma de conducir.

Recuerdo una elección de medio término. Todavía estábamos terminando de contar los votos en el centro de cómputos cuando llegó la información de que había un incendio forestal importante en la provincia.

José Manuel nos miró y dijo algo muy simple:

“Ustedes cuiden las urnas. Yo me voy a gobernar”.

Y se fue.

Esa pequeña historia explica mucho mejor a un gobernador que cualquier discurso.

Gobernó Córdoba durante 4.532 días.

En su primer día de gestión cumplió una de las promesas centrales de su campaña y firmó una reducción del 30 por ciento de los impuestos provinciales.

Construyó escuelas por toda Córdoba. Al terminar su tercer mandato, la Provincia había alcanzado los 500 nuevos edificios escolares.

En una de aquellas inauguraciones, el padre Héctor Zenón Aguilera le dijo algo que con el paso del tiempo adquirió todavía más significado:

“De la Sota, tus gobiernos serán recordados por tus escuelas”.

Y tuvo razón.

Pero también estuvieron las rutas, las autovías, los puentes, las viviendas, la Ciudad de las Artes, los museos, el Palacio Ferreyra y aquella transformación cultural que dejó una marca definitiva en Córdoba.

Creó la Universidad Provincial.

Impulsó el Programa Primer Paso, destinado a darles una oportunidad laboral a los jóvenes.

Y detrás de esa decisión había nuevamente una historia personal.

Contaba que, estando detenido durante la dictadura militar, muchas veces no tenían prácticamente nada para leer. Cuando conseguían diarios, los leían completos, hasta los avisos clasificados. Y allí encontraba una contradicción que nunca olvidó: los avisos buscaban “jóvenes con experiencia”.

Entonces se preguntaba:

¿Cómo puede tener experiencia un joven si nadie le da su primera oportunidad?

Muchos años después, aquella pregunta se transformó en una política pública.

También impulsó el Boleto Educativo para estudiantes, docentes y personal del sistema educativo.

Promovió una profunda reforma política. Córdoba pasó de una Legislatura bicameral de 133 integrantes a una Legislatura unicameral de 70 miembros y se eliminaron privilegios parlamentarios.

José Manuel creía que la política debía ser capaz de reformarse a sí misma antes de pedirle sacrificios a la sociedad.

Pero enumerar obras tampoco alcanza para recordarlo.

Porque detrás del gobernador estaba José Manuel.

El hombre que amaba la música, la pintura, el teatro y el cine.

El que jugaba al tenis y, con bastante picardía, explicaba que con constancia y buenos profesores había conseguido mejorar mucho su revés.

El hincha de General Paz Juniors.

El que adoraba a sus perros.

El que alguna vez decidió grabar un disco porque, sencillamente, también le gustaba cantar.

El que se animó incluso a incursionar en el diseño de ropa.

Era curioso.

Le interesaba aprender.

Conversaba.

Preguntaba.

Escuchaba.

Y tenía un enorme sentido del humor.

Un viejo dirigente gremial que lo conocía bien tenía una definición extraordinaria:

“El Gallego siempre está dos jugadas más adelante”.

Era verdad.

Pero quizá el aspecto de su pensamiento que más vigencia conserva ocho años después sea su obsesión por terminar con los enfrentamientos estériles entre argentinos.

Soñaba con un peronismo moderno, democrático, reformista, con sensibilidad social y capacidad de diálogo.

Hablaba muchas veces del histórico abrazo entre Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín.

Le costaba entender que los argentinos no hubiéramos comprendido completamente el significado de aquel gesto.

Porque para él la política podía tener adversarios, pero no necesitaba fabricar enemigos.

Su último gran sueño fue llevar esa idea a la Argentina.

Quería ser presidente.

Pero no solamente quería ganar una elección.

Quería iniciar un proceso de transformación que trascendiera un mandato.

Hablaba de construir los cimientos de una Argentina para los siguientes cincuenta años.

De reformar la política, la educación, la salud pública, la Justicia y la seguridad.

De modernizar el Estado.

De eliminar fueros y privilegios.

De encarar una gran reforma tributaria.

Y repetía dos palabras que hoy parecen escritas para la Argentina de estos días:

“Construir puentes”.

Tal vez por eso resulta tan significativo lo que sucedió hace pocos días.

Candelaria convocó a recordar a su padre y alrededor de José Manuel volvieron a encontrarse dirigentes que pertenecen a diferentes sectores políticos.

Ocho años después, De la Sota volvió a unir.

  • Sin candidatura.
  • Sin cargo.
  • Sin negociación.
  • Sin pedir nada a cambio.
  • Alcanzó su recuerdo.

Hay algo profundamente simbólico allí.

Porque mientras la política argentina vuelve una y otra vez a la confrontación, al insulto, a la descalificación y a la construcción del otro como enemigo, la figura de José Manuel recuerda que se puede tener carácter sin ser intolerante, convicciones sin sectarismo y autoridad sin necesidad de gritar.

Era un dirigente fuerte.

  • Nunca fue un político débil ni ingenuo.
  • Daba batallas y quería ganarlas.
  • Conoció victorias importantes y derrotas muy duras.
  • Pero tuvo una característica que siempre admiré: aprendía de las derrotas.
  • Se levantaba.
  • Volvía a empezar.

Quizás por eso quienes estuvimos a su lado durante tantas campañas, desde aquellos años de 1983 y durante buena parte de su extensa trayectoria, sabemos que resulta difícil encasillarlo solamente como un exgobernador de Córdoba.

José Manuel perteneció a una generación de dirigentes que entendieron la política como vocación, construcción, militancia, conducción y responsabilidad.

Fue probablemente uno de los últimos grandes políticos argentinos surgidos de aquella generación de los años setenta.

En 2020 escribí sobre él una nota que titulé “Distinto”.

Seis años después sigo pensando lo mismo.

Era distinto.

  • Por su inteligencia.
  • Por su sensibilidad.
  • Por su capacidad política.
  • Por su curiosidad.
  • Por su forma de ejercer el poder.
  • Por su capacidad de escuchar.
  • Por esa mezcla tan particular de conductor y amigo.

El paso del tiempo permite analizar con mayor serenidad su obra, discutir sus decisiones y dimensionar el lugar que ocupará en la historia política de Córdoba y de la Argentina.

Pero hay algo que el tiempo no consigue racionalizar.

Para quienes tuvimos la suerte de compartir con él tantos años, tantas campañas, reuniones, conversaciones, alegrías, discusiones, victorias y derrotas, José Manuel no es solamente una figura de la historia.

Sigue siendo el Gallego.

El conductor.

El amigo.

Y ocho años después, simplemente, lo seguimos extrañando.

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