Jaldo se dedicó a la política profesional, nunca trabajó de contador público nacional. Ha ocupado cargos públicos en forma ininterrumpida. En 2015 fue elegido vicegobernador de la provincia de Tucumán, acompañando a Juan Manzur, con quien luego inició una guerra de vanidades bastante truculenta pero intermitente.
Osvaldo Jaldo decidió aproximarse al gobierno de Javier Milei para lograr un tratamiento favorable a las industrias del azúcar, y luego continuó la aproximación. Hasta el presente, el referente de Javier Milei en la Provincia de Tucumán era el legislador Ricardo Bussi.
“Hay que dejar de lado las diferencias ideológicas”, explicó Jaldo al salir del placard para iniciar su nueva vida política.
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Osvaldo Jaldo y su 'ché pibe' Agustín Fernández, a quien en esa ocasión le dijo: "En consonancia con lo que está planteando Sergio Massa, sostenemos que se debe construir desde la unidad, con todos los sectores." (¡...!)
La traición
Jaldo es el autor de una frase que intentó justificar su traición: "Cuando la Patria está en peligro, hay que sacarse las diferencias partidarias y personales de encima; y yo me las saqué”.
¿La Patria está en peligro o Jaldo es un administrador mediocre, carente de creatividad, buscando el dinero que no manda más Manzur?
Sin duda que la genuflexión de Jaldo tuvo una recompensa: la derogación del artículo 59 del proyecto de ley, para que se mantenga la vigencia de la Ley 25.715 del Azúcar, que protege a la industria madre local y para que el limón y sus derivados (incluyendo el aceite esencial) no paguen aranceles.
Pero también tiene un costo. Jaldo se ha refugiado en la Federación Económica, la Cámara Argentina de Azucareros y la Cámara Regional de Azucareros, pero ha demostrado que
- sus convicciones políticas son nulas,
- es un individualista que no sabe jugar en equipo y
- ha dado un paso que le quitará el liderazgo político provincial ahora que Jaldo es casi un libertario.
Jaldo siguió explicando su traición:
"Este gobernador va a defender los intereses de Tucumán, porque del citrus dependen 50.000 trabajadores directos y otros tantos indirectos, y del azúcar más de 60.000 personas, como así también del bioetanol”.
Bajo ese punto de vista, debería gobernar siempre un partido único, y los gobernadores deberían ser siempre oficialistas.
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