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La política siempre alimentó a los servicios de inteligencia

Al parecer la política argentina no abandona la vieja costumbre del espionaje ilegal, un delito por el que nadie paga y es moneda corriente en la dirigencia.

La adicción de la política argentina al espionaje ilegal y sus extraños vínculos con los servicios de inteligencia es de vieja data; pero cuándo uno se pregunta por qué lo hacen la respuesta es simple: "porque pueden y no hay sanción". Y es que en medio del escándalo que salpica al kirchnerismo por la mega causa que investiga actualmente la Justicia vinculada al espionaje ilegal de jueces y dirigentes, es prudente preguntarse si estos temas importan en la sociedad, ya están naturalizados, si inciden en el resultado electoral, o si simplemente es un mecanismo que utiliza la política para espiarse entre ellos.

Recordemos que en la última semana y a menos de 15 días para el balotaje que definirá quién será el próximo Presidente, al kirchnerismo le explotó una bomba en la cara y quedaron al descubierto sus nexos con los servicios de inteligencia y la vieja práctica del espionaje ilegal. Dirigentes ultrakirchneristas -que hoy están siendo investigados- accedían a información sensible y privada de jueces, funcionarios ajenos y propios y hasta periodistas. La lista es larga, pero entre las víctimas de ese entramado figuran: Alberto Fernández, el gobernador Axel Kicillof, el titular de la AFA, el “Chiqui” Tapia, jueces y fiscales y el ex intendente de Lomas de Zamora protagonista del Yate Gate, Martín Insaurralde.

La extensa lista de espiados surge de los informes de inteligencia secuestrados por la Justicia al agente inorgánico de la estructura de inteligencia K, Ariel Zanchetta, policía retirado y exagente de la AFI, quien está detenido y tenía vínculos, por lo menos, con el referente de la Cámpora “Conu” Rodríguez y con el diputado oficialista Rodolfo Tailhade. Este último vínculo resulta incluso hasta irónico, ya que el diputado Tailhade se ha dedicado en los últimos años no sólo a denunciar a jueces y tener un rol protagónico en el pedido de juicio político a la Corte Suprema, sino que ha sido muy crítico del expresidente Mauricio Macri, justamente imputado por haber armado "un plan sistemático" de espionaje ilegal.

Evidentemente, parece que ningún Gobierno en la Argentina está libre de pecado en lo que respecta a espiar ilegalmente a funcionarios y dirigentes, y en ese contexto surge la pregunta del por qué lo hacen. Para el periodista y escritor especializado en corrupción, espionaje y política, Gerardo Tato Young, la respuesta es simple: "Porque pueden y porque no tiene castigo".

En diálogo con Urgente24, Tato Young consideró que el motivo por el cuál existe la relación entre la política y espionaje ilegal es "porque pueden", y aseguró que "no hay nunca una sanción a eso" y por ende, al no tener castigo, el espionaje ilegal se sigue implementando. A su vez, el experto aclaró que la práctica no es para nada nueva, y rememoró: "Esto es desde siempre... Yo recuerdo casos de espionaje durante la campaña de Carlos Menem, en esa época ya había espionaje, que lo hacían desde el Gobierno y SIDE de Raúl Alfonsín al búnker de campaña de Carlos Menem, es decir, en el año 88 y 89".

Los servicios de inteligencia y sus nexos con la política

Consultado sobre el rol de los servicios de inteligencia, sus vínculos con el Gobierno y si estas causas inciden en el resultado electoral, Tato Young explicó que si bien es una práctica ilegal que es usada para desestabilizar -en la mayoría de los casos- al contrincante, hay pocos casos puntuales a lo largo de la historia en los que sí ha influido directamente en la persona "objetivo" del espionaje ilegal.

"Algunas operaciones tuvieron mucho éxito entre comillas, como por ejemplo, cuando le inventaron una cuenta en el exterior a Enrique Olivera cuando era candidato, generándole un desprestigio enorme, de hecho, perdió por poco esa elección y probablemente perdió por eso", contó el periodista.

El relato de Young tiene que ver con la polémica que involucró a Enrique Olivera y que comenzó el 18 de octubre de 2005, unos días antes de las elecciones legislativas. En ese momento, se presentó ante la Oficina Anticorrupción una denuncia que acusaba a Olivera de tener dos cuentas no declaradas, por más de 2 millones de dólares, en el exterior, en bancos de Suiza y los Estados Unidos. Días después de los comicios, Olivera demostró que la información sobre presuntas cuentas en el banco HSBC de Nueva York era falsa y que se trató de una operación.

"La política siempre alimentó a los servicios de inteligencia"

Aunque el espionaje ilegal sigue siendo una vieja costumbre dentro de la dirigencia política, sus métodos se han perfeccionado con el paso del tiempo; lo que sí no ha cambiado es la posición de los organismos como la SIDE/AFI, que trabajan en función de los Gobiernos de turno.

"La SIDE fue perfeccionando sus métodos, siempre fue oficialista y siempre trabajó para el Gobierno de turno", opinó Tato Young, quien entiende que la política alimentó y alimenta a los servicios de inteligencia, sin tener en cuenta los riesgos que eso implica, pero que finalmente los usan con un objetivo común sin importar los colores políticos partidarios: espiarse entre sí.

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"Yo entiendo que la política siempre alimentó a los servicios de inteligencia básicamente pensando que podía dominarlos, sin darse cuenta que esos servicios o esas estructuras terminan trabajando para el que tiene más poder. Con lo cual, más temprano que tarde, esa misma estructura se les vuelve en contra a los que le dieron poder, eso pasó siempre", describió el experto.

Asimismo, añadió que lo que ha cambiado en el último tiempo "es que estos trabajos ya no se hacen formalmente desde la SIDE, sino que se terceriza en estructuras de ex agentes de inteligencia que se montaron afuera del organismo y así dejan menos rastro".

Por último, y consultado si el candidato a presidente y el partido Unión por la Patria se verá afectado en la elección tras la mega causa de espionaje ilegal que vincula a los K, el periodista consideró que en cuanto al desprestigio que pueda causarle este tema al oficialismo "yo no creo que sea muy importante", y agregó que "la gente ya tiene una opinión formada sobre esto -el espionaje- y saben que la política usa estos recursos para espiarse entre ellos. En definitiva, es un espionaje entre los dirigentes".

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