Posse comenzó por el Barrio Baires, de Don Torcuato, donde habló con vecinos y empleados de pequeños comercios del lugar: “Vengo a Tigre como parte de mi recorrida por la Provincia para contarles personalmente a los vecinos sobre el armado de este frente que estamos llevando adelante”, dijo el candidato de la alianza con el PRO.
De acuerdo a relatos de las webs del GBA Norte, Daniel Peloso, pastor de la Iglesia Asamblea de Dios, dijo: “Posse nos está ayudando con la labor que estamos haciendo. Es muy bueno que haya venido a nuestro barrio, que tiene muchas necesidades”.
Luego, Posse se dirigió a la estación de trenes de Don Torcuato, caminó por la calle Almirante Brown, donde dialogó con vecinos y comerciantes: “Estoy escuchando las necesidades y reclamos de la gente que son básicamente la inflación, la inseguridad y el desempleo. Estamos tomando nota para poder dar respuesta desde distintos ámbitos, como los concejos deliberantes, municipios, legislaturas provinciales y naciones y el Congreso de la Nación”, expresó.
Él caminó hasta el restaurante “Lo de Colacho”, donde mantuvo un diálogo con los presentes.
Sobre el armado del frente en el que trabaja junto con el PRO, el PJ disidente y otras fuerzas políticas, Posse dijo que “el objetivo es armar un frente que represente a todos los vecinos que no se sientan identificados con el oficialismo”.
“Para ejercer el poder de manera positiva hay que entenderlo como algo no momentáneo, hay que pensar en la gente, en sus reclamos y necesidades, y dejar las individualidades de lado”, aseguró, en una referencia a Sergio Massa.
Horas después, el presidente del Concejo Deliberante de Tigre, Julio Zamora, arremetió contra Posse, y dijo que “antes de venir a opinar sin conocer, que `Tribilín` Posse se dedique a cuidar San Isidro, donde no pueden controlar ni los jardines de infantes. Hace 40 años que gobiernan y todavía se inundan el bajo Boulogne, La Calabria y Villa Adelina”.
“Tiene 6.000 empleados, que no entran en la municipalidad. Son solo un ejército de `ñoquis`, con gente de otros distritos que cobra para hacer política”, afirmó el presidente del HCD.
Zamora le recordó a Posse la política sanitaria que lleva adelante Massa: “Nosotros estamos construyendo dos hospitales, una maternidad y contamos con 16 centros de salud en 5 años, y a ellos hacer el hospital, les llevo varias generaciones de san isidrenses, que vieron durante años la inacción frente al elefante blanco”.
“Desconcierta Posse, hoy en el PRO pero que desde el 2003 hasta acá paso por Rodríguez Saá, la Coalición Cívica, la UCR, el Frente Para la Victoria. Es un saltimbanqui de la política, lo mas parecido al Sapo Pepe”, agregó Zamora.
Presionando
Acerca de Massa, la consultora Massot & Monteverde distribuyó una reflexión en su informe semanal, que podría explicar la acción de Posse:
"(...) La definición de aquel talentoso ministro de la República posible, Indalecio Gómez, según el cual la “política es una opción entre dificultades”, le cabe como anillo al dedo a la presidente. Claro que no sólo a ella sino a Mauricio Macri, Sergio Massa, Daniel Scioli y Francisco De Narváez, por igual.
Vayamos despacio. El dilema en el que se debate la viuda de Néstor Kirchner, sin hallarle aún una solución razonable, no es de poca monta: qué hacer sin un delfín para 2015 ni una candidata de peso en el distrito bonaerense para octubre.
Si bajase de la boleta a su cuñada, ¿acaso Florencio Randazzo, Julián Domínguez, Sergio Berni o el recién llegado al pelotón de los posibles, Gabriel Mariotto, le asegurarían una performance más digna en términos de sufragios?
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La respuesta no admite dudas.
En rigor, ninguno de todos ellos mide en las encuestas mejor que la hermana del santacruceño. La alternativa de borrarla de un plumazo parece, entonces, descartada.
A menos que Cristina Fernández resucite —a semejanza de cuanto puso en marcha su difunto marido hace cuatro años, con resultados de todos conocidos— la variante del actual gobernador bonaerense como candidato testimonial.
Es cierto que arrastrarlo a Scioli a la arena electoral a disgusto no es tarea sencilla. Quien ocupa el sillón de Dardo Rocha en la ciudad de La Plata se ha cansado de repetir, a quien desee escucharlo, que ése es su límite. También es cierto, no obstante, que nadie conoce a ciencia cierta si el mandatario provincial tiene límites.
En la última semana, sin inmutarse, sufrió una nueva humillación en público que le sumó Cristina Fernández a tantas otras anteriores. Antes Jorge Lanata lo había esmerilado en su programa televisivo de los domingos a la noche, de una manera tan brutal como ofensiva. ¿Jugaría Scioli si recibiese un ultimátum de Balcarce 50? Ni él mismo podría contestar hoy tamaña pregunta.
El kirchnerismo, a su vez, para mover sus piezas en el tablero, depende del intendente de Tigre.
Al oficialismo nacional, la perspectiva de Alicia derrotada a manos de Francisco De Narváez le quita el sueño. Pero un escenario donde finalmente Massa sea de la partida le resulta de pesadilla. El Colorado estaría en condiciones de vencer a la actual ministro de Acción Social en una elección que, de todas maneras, amenaza ser reñida. Sergio Massa, en cambio, si, como apuntan todas las encuestas, se impusiese por una diferencia de entre 15 y 20 puntos, le infligiría al gobierno un daño irreparable.
Esto no se le escapa a Cristina Fernández como tampoco al propio Massa, cuya posición, tironeado como se encuentra por tirios y troyanos —que le piden una definición cuanto antes— no es cómoda. Acredita a su favor, como dice un viejo peronista, “una cedula de identidad insolente” —tiene apenas 41 años—; administra un municipio del Gran Buenos Aires modelo y tiene una imagen positiva y una intención de voto envidiables. ¿Qué más podría pedir? Nada, y sin embargo duda respecto de si encabezar un frente distinto del kirchnerista o si desensillar hasta que aclare.
Mitad de su tropa lo incita a dar pelea aduciendo que un escenario tan favorable como el actual difícilmente se repita, y que el destino suele pasar una vez en la vida y es mejor aprovecharlo. La otra mitad le sugiere prudencia y silencio, haciéndose fuerte en el argumento de que, si se queda en Tigre, no tendrá el desgaste de sus eventuales contrincantes en 2015 —Cristina, Macri, Scioli y De la Sota— y no deberá hacer frente a la embestida que le llevará el gobierno nacional en caso de competir.
Demás está apuntar que las razones para dar un paso al frente son tan valederas como las de quedarse donde está. No hay unas mejores que otras. Cuanto se halla delante de Sergio Massa es uno de esos interrogantes que sólo un conductor de fuste se halla en condiciones de responder.
Y ello sin saber si, al tomar una decisión, habrá acertado o habrá ayudado a clausurar su carrera política. El curso ulterior de los acontecimientos es, de suyo, incierto. Juegue o no juegue, Massa no puede desentenderse de la serie de expectativas que él forjó y de aquellas que, más allá de su voluntad, tienen vuelo propio y no le piden permiso para hacerse valer.
Seguramente el intendente de Tigre se tome el poco tiempo que falta para oficializar las candidaturas a los efectos de resolver —en última instancia solo— qué es lo que le conviene. No sería de extrañar que Cristina Fernández hiciera algo —si no parecido— igual, tomando en cuenta la disposición de Massa para pelear o no por una banca de diputado en octubre.
Si decidiese quedarse en el municipio con la idea de preservarse, de cara a 2015, lo más probable es que, aun con todas las dudas que genera y la poca simpatía que irradia, la candidata del FPV sea Alicia.
Si, en cambio, Massa siguiese el camino inverso, una cosa es segura: debería soportar una campaña de difamación montada por el kirchnerismo, pocas veces vista. Pero, además, la posibilidad de obligarlo a Scioli a ponerse la camiseta del FPV estaría a la vuelta de la esquina.
¿Cuáles son las dudas de Mauricio Macri y de Francisco De Narváez?
El lord mayor porteño no termina de convencerse de la singular importancia de estas elecciones.
Por un lado escucha atentamente —como siempre lo ha hecho— los consejos de Jaime Durán Barba, su gurú político, que le machaca en la cabeza la idea de que el verdadero desafío se presentará dentro de dos años. Aunque parezca raro, semejante postura no es sólo patrimonio del asesor ecuatoriano sino también de Marcos Peña.
Por otro lado, ha decidido la alianza con Roberto Lavagna en la capital y el lanzamiento de Héctor Baldassi en Córdoba y de Alfredo De Angelis en Entre Ríos.
Al respecto resulta curioso —por decir lo menos— cómo chocan esos movimientos para dotar de envergadura al PRO, con la reticencia y ceguera demostradas por Macri en la provincia de Buenos Aires.
Si verdaderamente desea ser presidente de la República no se entiende por qué no se impuso delante de Gabriela Michetti, ordenándole bajar al distrito bonaerense, o —de no ser ello posible— por qué no renunció al gobierno de la ciudad —como le pedían algunos de sus íntimos— para figurar como primer candidato a diputado. Ha montado un partido con vocación nacional que seguramente ganará en Capital, saldrá segundo en Santa Fe y, eventualmente, en Entre Ríos, y orillará entre 10% y 12% en Córdoba; pero que carece de presencia en el distrito decisivo del país. Sencillamente inconcebible.
Por fin está De Narváez, resurgido de las cenizas que parecían haberlo sepultado luego de su triunfo en 2009. Aprovechando la ineptitud de Macri de consolidarse en territorio bonaerense y decidido a jugar sus cartas en combinación más o menos ostensible junto a Daniel Scioli, El Colorado está en condiciones de vencer a Alicia Kirchner. Aunque no se le escapa, al mismo tiempo, que si aparece en escena Massa deberá optar por una de estas dos variantes: o se pliega al de Tigre o se llama a cuarteles de invierno.
Todo gira en derredor de lo que decida un hombre de apenas 41 años, ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner y nacido políticamente en la UCede del ingeniero Álvaro Alsogaray, que hoy se ha convertido en la esperanza blanca de buena parte del peronismo y de no pocos sectores antikirchneristas. De los pasos que quiera dar dependen, directa o indirectamente, las movidas del gobierno, las de Macri y las del justicialismo disidente. Pocas veces, si acaso alguna, en los años transcurridos entre la elección consagratoria de Raúl Alfonsín, en 1983, y los comicios legislativos de octubre del año en curso, una candidatura a diputado nacional ha significado tanto."