En rigor, Massa no es por ahora candidato por un espacio que enfrente al kirchnerismo. Pero tampoco se sabe si no lo será. Un misterio que tiende a paralizar las definiciones de varios sectores afines.
De Narváez, por su lado -que seguramente revisaría su estrategia si el intendente de Tigre resolviera finalmente postularse-, busca avanzar en la conformación de un armado electoral que nuclee a todos los grupos del peronismo disidente.
Pero ese rompecabezas no está resultando sencillo de armar. Algunos de esos sectores -como La Juan Domingo, como el ex gobernador Felipe Solá, que ayer lanzó su candidatura en busca de renovar su banca-, además de estar esperando a ver qué resuelve Massa, están pidiendo a De Narváez que se conforme un frente, en el que los lugares en las listas se definan compitiendo entre sí en las internas. Y El Colorado estaría aceptando el planteo con una condición que al resto le suena excesiva: que el piso de votos en la interna para integrar la lista definitiva de candidatos del espacio sea del 30%.
Además, en el peronismo disidente existe opinión generalizada de que ese armado debería sumar al macrismo que -como el Frente Amplio y la UCR- carece de un candidato fuerte. Lo creen casi todos menos, justamente, De Narváez y Mauricio Macri. Con todo, en ese aspecto se estaría verificando una de las primeras señales del “efecto 18A”. Quienes siguen muy de cerca esa relación admiten que siguen sin saludarse. Pero puntualizan que en los últimos días se ha registrado un “cambio de clima”, algo más favorable para la tibieza de los acuerdos que para el frío de las confrontaciones.
En verdad, ese rompecabezas tiene piezas sueltas por doquier. Por caso, De Narváez busca avanzar en un cierre con Hugo Moyano que le aportaría, a partir de los sindicatos que responden al camionero, la estructura necesaria para fiscalizar las 32 mil mesas de votación que se habilitarán en la Provincia. Pero el problema del líder de la CGT anti K es que su hijo Facundo milita entre los que prefieren esperar hasta que Massa se defina antes de decidir dónde jugará.
En el oficialismo, en tanto, se entremezclan las señales que, por un lado, revelan que la Casa Rosada aspira a una tregua en las hostilidades con Daniel Scioli hasta que pase el proceso electoral, y por otro muestran que hay sectores que no quieren o no pueden evitar la persistencia de las rispidices.
Aún decidido a jugar en el seno del Frente para la Victoria, el Gobernador mantiene la estrategia de la “diferenciación”, casi a razón de una por semana. Así, a su admisión de una “inflación del 22%”, que el kirchnerismo asimiló en silencio, sumó -impactado por la fuerza de la movilización del 18A y con alguna percepción del “agujero negro”- una advertencia sobre “la necesidad de escuchar el reclamo de la gente”, cosechando esta vez la réplica furibunda del diputado ultra K Carlos Kunkel, que lo mandó a Scioli a atender “los reclamos de los intendentes” a su Administración. Sin embargo, los cruces terminaron allí, tras una orden de la Casa Rosada. Pero las fricciones reaparecieron en la Legislatura, mientras el Gobernador se sacaba una foto con el ex mandatario chubutense Mario Das Neves, hoy uno de los más duros críticos del gobierno nacional."