Al que tampoco echan y dice que no va a renunciar es Manuel Adorni. El jefe de Gabinete recuperó algo de autoestima tras unas largas semanas en las que para poder mostrarlo hubo que convertirlo en un cosplayer con el mameluco de YPF o el kit para un operativo de destrucción de drogas. Pero Adorni salió bastante ileso de su informe de gestión en la Cámara de Diputados, porque la oposición no logró hacerle pisar el palito sobre el presunto enriquecimiento ilícito. Y con eso le volvió parte del alma a su recapilarizado cuerpo. Dio una entrevista y hasta confirmó que brindará una conferencia de prensa. ¡Back in the game, baby! O al menos hasta que empiecen las preguntas de los periodistas, que no es muy difícil imaginar cuáles van a ser. ¿Marche otro cierre de la sala de prensa?
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Cosplay antidrogas para Adorni.
Presidencia
Si fuera por Milei, no habría reporteros acreditados en Casa Rosada. Lo reflejan palabras cariñosas que le dedica a los trabajadores del sector, como “chorros”, “corruptos” (se las gritó a los acreditados en el Congreso) o, clásico ya, “basuras inmundas” en la exTwitter. Milei quiere que metan presa a Luciana Geuna por supuestamente haber hecho “espionaje ilegal” en la Casa Rosada porque su programa filmó y divulgó algunos rincones supuestamente vedados. Esto motivó el cierre momentáneo de la sala de prensa. Pero esos recovecos ya habían sido publicados en un tour virtual de Google Maps del que parece que nadie en el Gobierno se enteró. Otra vez: ¡ni a esta columna se le pudo haber ocurrido semejante absurdo!
Milei odia a los periodistas porque piensa - o eso dice- que le hacen creer a la gente que su Gobierno no es la maravilla que todo el planeta (y más allá) admira. El Presidente acusa a la prensa de montar una campaña en su contra que lo hace caer en las encuestas. Todo se debería a que los medios no están encabezando sus portadas con la noticia de que la economía crece “como pedo de buzo”. O que titulan que cae el empleo formal cuando, en realidad, hay que celebrar que crecen los puestos de trabajo “independientes”. Porque está la verdad… y la verdad. Usted me entiende.
No serían entonces la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, el aumento de la morosidad en las familias, la reducción del ingreso disponible con la batería de subas de tarifas, los despidos y las sospechas de corrupción las que empujan el malestar social, sino que el periodismo cuente al respecto.
Un absurdo muy digno de esta columna si no fuera porque se nos adelantó el Presidente.
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