Ante ello, el municipio cordobés terminó exponiendo alguno de los números del primer año de gestión. El número más relevante fue el indicador de gasto en salarios. Esas erogaciones representaron un 30% del presupuesto 2020, cuestión que se sostuvo en relación a 2019, cuando Ramón Mestre “gastó” el mismo porcentaje.
Estos datos llegan luego de varias quejas por parte de opositores que solicitaban los números. Desde el inicio de las solicitudes, el discurso oficial era que resultaba imposible calcular las partidas de gastos de cualquier rubro por la falta de datos arrastrada de la gestión de Mestre. Incluso hoy sostienen que la exposición de datos es insuficiente, cosa que amedrenta la participación ciudadana.
Si bien el presupuesto 2020 era mayor al del 2019 en cantidad de dinero, la gestión del intendente Martín Llaryora pudo mantener los números en niveles acordes a un año normal, aunque continúa en un rumbo deficitario. La fuerte política de recortes implementada por Llaryora sirvió de contención a un gasto mayor al que hubiera sido en un año normal.
Hay que tener en cuenta que esas medidas (por ejemplo, la quita de una hora de trabajo a todos los municipales o congelamiento de la carrera administrativa) no habrían sido posibles de llevar a cabo sin cuarentena ya que habrían generado un conflicto sin precedentes. También cabe destacar que Córdoba sufrió una fuerte caída en la recaudación, lo que volvió inevitables los recortes. El desafío propuesto por la gestión de Hacemos por Córdoba es el de reducir drásticamente el gasto, sin hacer estallar a los empleados municipales.
Desde la oposición indican que el acceso a la información pública se vio entorpecido. De este modo aseguran que es “imposible” conocer el impacto real de las medidas implementadas. Si bien los números lanzados dan algunos indicios, la realidad es que únicamente se podrá valorar la gestión cuando se cuente con todos los datos.
Además se reclaman otros temas que deberían ser parte de la rendición de cuentas, como la creación del ferrourbano prometido, y la descentralización municipal.
Lo cierto es que aún no hay un panorama completo sobre el primer año de Llaryora al frente de la ciudad de Córdoba, dada la falta de desarrollo informativo. Sin embargo, todo parece indicar que el intendente cordobés apunta a balancear las cuentas a como dé lugar, en un municipio donde se ha gestado una costumbre laboral que incluyen horas extra y extensiones de jornadas que le cuestan fortunas a las arcas municipales.