El oficialismo
El orondo delegado del gobierno nacional, el gobernador Sergio Urribarri, que anunciaba en los días previos, por medio de sus encuestadores estrellas, un triunfo por encima del 50%, estuvo a más de diez puntos de esa cifra: 37% para ser exactos; veinte puntos menos que en 2011. En Concordia, sin embargo, se llegó al 58%, y esa no es una buena noticia para el delegado y sus compinches.
El intendente de esa ciudad, la segunda más importante de la provincia, siempre se ha mostrado como uno de los dirigentes más independientes y capaces, antagónicamente a la media del resto de los intendentes entrerrianos del FpV. Gustavo Bordet, de él se trata, es un joven dirigente que nunca fue un besamanos del delegado como los demás intendentes de la provincia y cuenta ahora con un nuevo y rotundo triunfo en su comarca sin necesidad de haberse mostrado junto a los compinches del gobernador.
Es más, el hijo de este hizo campaña en Concordia soslayando al intendente. El resultado alcanzado por Bordet, puede ahora hacer que este ponga rumbo hacia su definitiva independencia política. Y ese rumbo tiene un destino previsible: Tigre.
Por eso, cuando comenzaron a sonar las campanas del ocaso para el kirchnerismo, pese al triunfo en la provincia, las caras largas en el bunker oficialista eran las que predominaban el escenario. Cristina hacía la peor elección desde el 2003 dando inicio así al camino que la llevará al final, inexorable, de su mandato. Urribarri comenzaba a archivar “su sueño”. El 37% no era la cantidad esperada, ni la deseada para poder darle fuerzas al exclusivo “sueño de Urribarri”, porque el verdadero sueño de los ciudadanos de esta provincia no es precisamente el del gobernador. El gran sueño de todos los entrerrianos imagina otro destino para Urribarri y sus compinches.
Por eso, en el FPV entrerriano el panorama, aún en el triunfo, era de desconcierto, de temor por el futuro. Los peronistas del “colectivo” kirchnerista de Entre Ríos ya comienzan a olfatear el olor a calas y solo resta saber cómo hará el delegado para tratar de mantenerlos a su lado hasta octubre ahora, que por más que lo nieguen, saben que “los sueños” cada día son más y más imposibles de concretar.
La oposición
Pero si en el oficialismo triunfante había desazón, en los sectores opositores la confusión era aún mayor. El radicalismo, por primera vez desde 1983, quedó relegado al tercer lugar, detrás del frente Unión por Entre Ríos, encabezado por quien sin dudas fue la gran figura de las PASO, el dirigente rural Alfredo De Ángeli. Los más fieles partidarios del radicalismo no salían de su asombro al ir conociendo los resultados. Lejos están ellos de imaginar los entretelones que llevaron al histórico partido a esa situación.
La dirigencia radical entrerriana está abismalmente lejos de contar con la lucidez y la capacidad que la hora exige. Las peleas internas son feroces y aunque no salgan a la luz, ayer quedaron plasmadas en el vergonzoso corte de boletas que hubo en desmedro de quien encabeza la lista de senadores, Atilio Benedetti. Ese corte se dio en particular en Paraná, donde “operaron” los dos rivales más encarnizados de Benedetti y que enviaron a sus militantes a votar en su contra. Jorge D´Agostino, candidato a diputado nacional por la UCR, obtuvo 5.000 votos más que su compañero.
Pero el corte no se dio únicamente en el radicalismo, en el frente Unión por Entre Ríos, quien encabeza la lista de diputados nacionales, Cristina Cremer de Busti, cosechó casi 15.000 votos menos que su compañero De Ángeli. Los radicales enojados con Benedetti, cortaban a este y en su lugar colocaban la boleta de De Ángeli, cortando a su vez a Cristina Cremer de Busti para colocar la boleta de D´Agostino.
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Pero el colmo es que sectores peronistas que no querían el acuerdo Busti-De Ángeli, también cortaron la boleta de la esposa del ex gobernador, sin colocar a nadie en su reemplazo. Por eso también en los bunkers de la UCR y de Unión por Entre Ríos el panorama era de total malestar y zozobra, no solo por los números obtenidos, sino por ver cómo podrán encausar las relaciones internas en primer lugar y luego cómo hacer para revertir los números de la votación para aunque sea acercarse algo más al oficialismo.
Deberán los opositores entrerrianos, de una vez por todas, convencerse que no pueden seguir especulando con los errores de Urribarri y su mal gobierno, porque aún así, consiguió la primer minoría.
La sociedad
Por último, y como todo lo anterior es producto de toda la sociedad entrerriana, lo que deja como primera señal este PASO hacia octubre, es que nuestra provincia ha retrocedido enormemente en el contexto nacional. Hoy, mal que nos pese a todos, nuestra Entre Ríos, otrora señera de una cultura envidiable, de engendrar hombres y mujeres que nos enorgullecieron, de ser una provincia de trabajo y esperanza, se va transformando en un simple feudo como triste y lamentablemente ocurre en otras provincias. Hoy en vez de ir hacia el futuro, vamos hacia el pasado, hacia el atraso.
El 37% que votó a Urribarri lo hizo solo por una cuestión de conveniencia personal, sin importarles el futuro de sus hijos, ni de nadie. Son los hijos de la dádiva, los hijos de la dependencia estatal. Y no me refiero solo a los pobres y marginados, ellos en definitiva lo hacen por una cuestión de supervivencia, me refiero a otros sectores que se sienten cómodos al calor del señor feudal. Tal como ocurre en provincias como Chaco, Formosa, Jujuy o Tucumán, de las que pensábamos que estábamos muy lejos y que sin embargo, son a las que socialmente nos vamos acercando cada vez más rápido.
Y todo esto no es solo responsabilidad de este gobierno, sino también de los anteriores que son corresponsables de la situación actual, ya que nunca supieron aprovechar las enormes ventajas comparativas de nuestra provincia.
Por todo ello el panorama en todos los sectores era desolador.