Frente al encarecimiento de los alimentos, las familias comenzaron a buscar alternativas para sostener el aporte de proteínas. “El argentino lo último que quiere sacar del plato es la carne vacuna”, sostuvo. En ese escenario, remarcó el crecimiento del consumo de huevos, cerdo y pollo, productos que permiten reemplazar opciones más costosas y mantener cierta calidad nutricional.
El sociólogo también apuntó que las dificultades económicas modifican las estrategias para alimentar a los hogares, con mayor presencia de comidas rendidoras y económicas. “Se está usando una mayor visibilidad en los sectores populares de las comidas rendidoras”, detalló en referencia a guisos, sopas y pastas secas combinadas con los ingredientes disponibles. Además, observó que la alimentación ya no depende únicamente de lo que ocurre dentro de las casas, sino también del rol de los comedores y las escuelas.
Por último, planteó una diferencia entre los productos industrializados que consumen los distintos sectores sociales. “Hay ultraprocesados para ricos y ultraprocesados para pobres”, afirmó. Como ejemplo, mencionó desde hamburguesas vegetales de alto costo hasta polentas y harinas fortificadas más económicas. Para el especialista, el cambio no pasa solamente por las cantidades de grasas, proteínas y carbohidratos, sino por de qué alimentos obtiene cada argentino esos nutrientes.
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