Los directivos de Ángel enfatizan la necesidad de apuntar a quienes constituyen la demanda de prostitución infantil, a los "clientes". Explican que los niños no se ven en la calle o en la ruta porque los negocios se hacen entre adultos.
"Hay una demanda muy bien informada, acostumbrada en muchos años de impunidad. La Policía lleva en redadas a las niñas pero es cómplice de la demanda. Entre los clientes hay políticos, jueces, abogados, médicos y curas. La Justicia parece mirar para otro lado, dicen que no se puede hacer nada o, si hace algo, no tienen dónde poner a las niñas", denuncia Ferrero.
Las prostitutas mayores revelan que las niñas "son muy pedidas" ya que no usan profilácticos. La fundadora de Ángel testimonia: "Como ando por la noche, la otra vez frente a la terminal, en un taxi, veo a un hombre que habla con una mujer y después alza dos nenas. Lo paré y le dije que estaba llevando menores. Se me rió".
Ferrero cree que la Justicia "revictimiza" a las pequeñas. "Después de tener que contar y denunciar todo, como no tienen dónde ponerlas, las devuelven otra vez con la madre que normalmente es la que las explota. La madre la echa de casa. La niña termina en la calle o golpeada", relata con impotencia.
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La Voz del Interior, ciudad de Córdoba, provincia de Córdoba, Argentina, 2004.