En relación con esto no está demás señalar que uno de los primeros en recibir el status de consultor financiero fue la compañía inversora ABK, propiedad de Kóstikov, así como la Corporación Federal de Fondos (CFF), que entre 1995 y 1997 dirigó Alexandr Volóshin.
La vinculación de Kóstikov con Volóshin hace rato que no es secreto para los participantes del mercado de valores. Se dice que precisamente la intervención del jefe de la administración presidencial salvó a Kóstikov de la renuncia, que reclamaba el presidente del directorio de RAO "EES" (el monopolio de energía electrica estatal ruso), Anatolii Chubáis, en la seguridad de que el CFV impedía la reforma del sector de energía eléctrica (en junio de 2000 Kóstikov envió a Kasiánov una carta en la que afirmaba que la reestructuración propuesta por Chubáis era inconveniente para el Estado).
En gran medida gracias al respaldo de Volóshin Kóstikov pudo sacar del medio al puntilloso presidente de RTS (la Bolsa de Valores rusa) Ivan Tyryshkin, aunque por él pidieron muchos banqueros inversionistas locales.
Ahora, en el Kremlin nadie hay que apoye a Igor Kóstikov. Apenas alguno de los sobrevivientes del comando de Volóshin en la administración presidencial, en la medida en que su anterior jefe está interesado en la lealtad de la organización que conoce toda la verdad sobre los negociados en los que participó la CFF.
Por otra parte, el titular del CFV durante su tempestuosa actividad ha hecho no pocos pasos capaces de provocar la idiosincracia de la comunidad de negocios. Aunque sea tomemos la reciente historia con la reestructuración de "Norníkel" (el primer productor mundial de níquel, ubicado en la Península de Kola, propiedad del multimillonario Vladímir Potánin, HK), el que ahora y debido a la resistencia del CFV se encuentra ante una difícil elección: o luchar abiertamente contra el regulador del mercado o comenzar de nuevo su proceso de reestructuración.
En cambio Mijaíl Kasiánov, que sancionó la "derrota del CFV en sus derechos", podrá contar tanto con el beneplácito de los círculos de negocios como con la simpatía de los "chekistas" (miembros del Comité de Seguridad) de Putin, claramente no interesados en que quede en manos de la "familia" (el antiguo entorno de Yeltsin, de donde también sale Kasiánov, HK) cualquier dependencia de seguridad y tanto más financiera.
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(*) Revista "Kompania", Rusia, noviembre de 2003.