ver más

Injusta comparación de Booz Allen Hamilton sorprende a la comunidad de negocios

Jorge Forteza, socio y vicepresidente senior de Booz Allen Hamilton de la Argentina, realizó, en el diario de capitales españoles El Cronista, una de las más injustas comparaciones de los últimos tiempos, y quizá por ser un medio de comunicación de capital extranjero, no obtuvo la respuesta que se merecía. Comparar a Arcor y Techint es propio de un ignorante o un interesado. Arcor es una empresa que no recibe ningún subsidio del Estado y Techint es un grupo de presión que vive de fijar políticas macroeconómicas regresivas para el asalariado (y de provocar extraordinarias transferencias de la renta).

Con la firma de Jorge Sosa, el diario El Cronista publica una entrevista a Jorge Forteza, socio y vicepresidente senior de Booz Allen Hamilton de la Argentina, titulada "En los ’90 deberíamos haber generado 15 empresas como Arcor y Techint".

Sorprende que Forteza compare dos perfiles tan diferentes. Arcor es una empresa que atiende tanto el mercado doméstico como el externo, pero que no recibe subsidios del Estado.

Organización Techint no sólo ha sido un integrante de las "tres Marías" (con Sideco y la ex Sade, de Vittorio Orsi y Perez Companc), que se quedaban con las grandes contrataciones del Estado, sino que ha manipulado la Unión Industrial Argentina para presionar por prebendas que paga el Fisco que beneficien a sus laminados y caños sin costura.

Entonces, cuando el consultor Forteza compara lo que edificó la familia Pagani con lo que hizo la familia Rocca, demuestra una terrible ignorancia o una sospechosa escasez de profundidad en el análisis, porque Arcor no promovió una salvaje devaluación como sí ocurrió con los Rocca. Arcor le vende al consumidor mientras que Techint no trabaja con el público y sus clientes, como es el caso de la industria automotriz, braman por el precio de la chapa. Además, Techint se encuentra dolarizada en cuanto a su estructura de precios, y no es el caso de Arcor.

Jorge Forteza, quien "observa el movimiento porteño desde una de las ventanas más altas del Rulero, el inconfundible edificio de Libertador y Carlos Pellegrini", parece que necesita prismáticos o gafas cuanto antes.

Y si El Cronista lo invitó a participar de su Consejo Editorial, allá El Cronista.

Luego de explicar la necesidad de "un empresario del tipo shumpeteriano de hace 2 ó 3 siglos. El que arma la cadena de valores, que puede conseguir un mercado a alguien que tiene un producto o capacidad de producción, que le puede conseguir capacidad de producción a alguien que puede traer una marca de afuera, etcétera", Forteza respondió a una pregunta del periodista sobre la necesidad de recrear una burguesía nacional.

Forteza podría haber preguntado, como alguien debería interrogar a Néstor Kirchner, antes que la tontería nos colme, cómo se hace eso sin un mercado financiero (los bancos carecen de capacidad prestable suficiente) y sin mercado de capitales (la propia pseudo burguesía aniquiló instrumentos como las Obligaciones Negociables).

Pero no, Forteza eligió la siguiente respuesta: "Sí, es absolutamente necesario. Haciendo un balance objetivo de los ’90 uno reconoce un serie de avances en modernización que se han logrado, pero uno ve que en ese modelo, de apertura simultánea de bienes y capitales, no se le prestó suficiente atención al hecho de asegurarse que se iba defendiendo una capa de empresas nacionales y además que se iban creando condiciones para la generación de nuevas empresas. El modelo atrajo inversión internacional en los sectores más globalizados de la economía. Pero al mismo tiempo no se hizo lo suficiente para que salieran más empresas argentinas de clase mundial, como Arcor, Techint y otras. En los ’90 deberíamos haber fabricado 10 ó 15 de esas. Porque es importante la sociología de la clase empresaria. Es totalmente diferente si está constituida en una porción importante por dueños, por inversionistas, por gente que gira alrededor de Campana, de Arroyito, de Mendoza, que hace tres generaciones que están ahí y quiere quedarse en el país. Es diferente a la óptica que honestamente puede tener un gerente de multinacional, que está en una carrera internacional, y que está en el país por dos o tres años con ese horizonte de decisiones. Los países exitosos desarrollan esta capacidad con interacción del Estado y los privados. Cuando se va vaciando la esencia de la clase empresaria nacional no se puede armar una política económica de concertación exclusivamente con gerentes. Después, eso debe tener una lógica estratégica: saber reconocer las industrias globalizadas en las que no se aspira a conseguir un competidor nacional, sino a atraer más inversiones".

Sosa, el periodista, podría haber realizado varias representas de tan extenso párrafo, sin embargo se limitó a completar: "Es decir, sin fomentar antinomias."

Entonces, sin que nadie corrigiera su enorme desatino de mezclar la Biblia y el calefón, Forteza continuó como si nada: "Lógico. Hay sectores donde razonablemente se puede pensar en competir en el comercio mundial. Si uno ve que ya hay gente que está exportando autopartes o maquinaria agrícola pese a las dificultades, hay que ver cómo lo hace y qué le hace falta para crecer".

Más Leídas

Seguí Leyendo