Y si El Cronista lo invitó a participar de su Consejo Editorial, allá El Cronista.
Luego de explicar la necesidad de "un empresario del tipo shumpeteriano de hace 2 ó 3 siglos. El que arma la cadena de valores, que puede conseguir un mercado a alguien que tiene un producto o capacidad de producción, que le puede conseguir capacidad de producción a alguien que puede traer una marca de afuera, etcétera", Forteza respondió a una pregunta del periodista sobre la necesidad de recrear una burguesía nacional.
Forteza podría haber preguntado, como alguien debería interrogar a Néstor Kirchner, antes que la tontería nos colme, cómo se hace eso sin un mercado financiero (los bancos carecen de capacidad prestable suficiente) y sin mercado de capitales (la propia pseudo burguesía aniquiló instrumentos como las Obligaciones Negociables).
Pero no, Forteza eligió la siguiente respuesta: "Sí, es absolutamente necesario. Haciendo un balance objetivo de los ’90 uno reconoce un serie de avances en modernización que se han logrado, pero uno ve que en ese modelo, de apertura simultánea de bienes y capitales, no se le prestó suficiente atención al hecho de asegurarse que se iba defendiendo una capa de empresas nacionales y además que se iban creando condiciones para la generación de nuevas empresas. El modelo atrajo inversión internacional en los sectores más globalizados de la economía. Pero al mismo tiempo no se hizo lo suficiente para que salieran más empresas argentinas de clase mundial, como Arcor, Techint y otras. En los ’90 deberíamos haber fabricado 10 ó 15 de esas. Porque es importante la sociología de la clase empresaria. Es totalmente diferente si está constituida en una porción importante por dueños, por inversionistas, por gente que gira alrededor de Campana, de Arroyito, de Mendoza, que hace tres generaciones que están ahí y quiere quedarse en el país. Es diferente a la óptica que honestamente puede tener un gerente de multinacional, que está en una carrera internacional, y que está en el país por dos o tres años con ese horizonte de decisiones. Los países exitosos desarrollan esta capacidad con interacción del Estado y los privados. Cuando se va vaciando la esencia de la clase empresaria nacional no se puede armar una política económica de concertación exclusivamente con gerentes. Después, eso debe tener una lógica estratégica: saber reconocer las industrias globalizadas en las que no se aspira a conseguir un competidor nacional, sino a atraer más inversiones".
Sosa, el periodista, podría haber realizado varias representas de tan extenso párrafo, sin embargo se limitó a completar: "Es decir, sin fomentar antinomias."
Entonces, sin que nadie corrigiera su enorme desatino de mezclar la Biblia y el calefón, Forteza continuó como si nada: "Lógico. Hay sectores donde razonablemente se puede pensar en competir en el comercio mundial. Si uno ve que ya hay gente que está exportando autopartes o maquinaria agrícola pese a las dificultades, hay que ver cómo lo hace y qué le hace falta para crecer".