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Será increíble el acuerdo del FMI: A 3 años pero a 1 año y con rechazo de acreedores

** Un acuerdo "dibujado" otorgará el FMI pero será una tregua que le servirá a Néstor Kirchner para marcar nuevos hitos de popularidad doméstica. ** El corto plazo sigue siendo bueno para la Argentina. ** El FMI va rumbo a un descalabro por el previsible rechazo de los acreedores privados a la oferta argentina.

El Ejecutivo Nacional y el Fondo Monetario Internacional siguen negociando un muy flexible acuerdo contingente, nominalmente a tres años de plazo, que tendría metas "específicas" para el 1er. año y metas "menos específicas", que se precisarían más adelante, de acuerdo a la marcha de la economía, para el 2do. y el 3er. año.

A este invento para superar los previsibles incumplimientos argentinos, se le llama acuerdo trianual, y se ingnora qué convicciones puede generar entre los acreedores diversos que tiene la Argentina, pero es el que aprobará el lunes Anne Krueger, directora-gerente adjunta del Fondo Monetario Internacional.

Desde el Ejecutivo Nacional destacaron que la misión que llegó el martes al mando de John Dodsworth, representante-residente del Fondo en la Argentina, y por John Thornton, exhibió una mayor flexibilidad en sus posturas.

Eso se debería a la decisión de la gerencia y de los principales accionistas del Fondo a mantener un clima positivo en el trato con la Argentina y evitar la posibilidad de un default al organismo internacional.

Si bien los técnicos del Fondo "no tienen poder de decisión para aprobar la oferta del Gobierno (pero) se percibe que ‘hay cierta vocación para llegar al acuerdo", deslizaron desde el gobierno.

Fuentes de la Secretaría de Finanzas dijeron que la reestructuración del sistema financiero, que unos meses atrás formaba parte del núcleo duro del acuerdo, "pasó a otro plano", luego de que el Fondo aceptara que se está dando un proceso natural de normalización del sector.

La mejora en el clima negociador tiene que ver con el avance de leyes clave en el Congreso, como la reformulación de la Carta Orgánica del Banco Central y la ley de entidades financieras y la media sanción en general que Diputados dio anoche a la compensación a las entidades financieras por la pesificación asimétrica y al proyecto de ley que dispone la derogación del CVS.

En este caso, se podría hacer el anuncio público del acuerdo nominal antes de la medianoche del 9 de septiembre, cuando vencen US$ 2.900 millones, aunque se advertiría que los pasos instrumentales demorarán algunos días más. De todos modos, una vez explicitada la voluntad política de las partes, corren 30 días de plazo para viabilizar el acuerdo.

El acuerdo con la Argentina sí podría tratarse el jueves 11 o el viernes 12.

"En 7 días Dios hizo el mundo y en 6 días podemos arreglar la deuda", fue el modo en que lo reconoció Alberto Fernández. Dodsworth y Thornton van mañana a Washington DC con un nuevo borrador del acuerdo.

Ocurre que el directorio del organismo ya no puede tratar en su reunión del día 9 de setiembre el entendimiento con la Argentina. Y Néstor Kirchner ha prohibido al Ministerio de Economía pagar con reservas el martes próximo el vencimiento por US$ 2.900 millones.

Lavagna dijo que su tope es 3,1% ó 3,2%, pero sin llegar a un 3,5%.

Según la perspectiva oficial, el organismo que dirige Horst Köhler aceptaría el porcentaje que propone Kirchner.

La Argentina promete un crecimiento real de su economía para 2004 no menor de 4%, nivel que se repetiría en 2005 y 2006, un superávit para el año próximo de $ 12.000 millones, ajustados por una inflación proyectada de 10% y sobre una base de un PBI de $ 393.513 millones.

Para los dos años siguientes que abarcaría el acuerdo (2005 y 2006), la cifra llegaría a un mínimo de $ 15.000 millones y $ 17.000 millones.

Kirchner se niega, además, a aparecer públicamente cediendo en la cuestión del superávit fiscal primario comprometido equivalente a 3 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto.

Lavagna dice que no hay que tener tanto dramatismo y que todos deben aceptar que si la economía crece más, el saldo destinado al pago de la deuda será mayor: "El concepto clave es la sustentabilidad; que sea un acuerdo cumplible", pero no son los conceptos tradicionales que prevalecen en el sistema financiero global.

El Banco Mundial considera que la Argentina crecerá 5% este año y al menos 4% el próximo, reveló el economista jefe de la entidad, Guillermo Perry, durante la presentación del informe anual de perspectivas económicas. Tal aumento se sitúa por arriba de los pronósticos para América latina, de 1, 5% y 1,8%, para el 2003 y 2004, respectivamente.

Ayer, Miguel Angel Broda mostró a sus clientes indicadores de coyuntura que muestran que en el corto plazo la economía no marcha mal, gracias a los diferentes estímulos del Gobierno para empujar a la demanda interna (salarios, empleo, planes Jefas, reducciones de IVA sobre tarjetas, etcétera).

Broda mostró que la economía crecerá 5,4% este año, y que la economía puede crecer no más de 10% adicional para tocar su techo, si no hay nuevas inversiones.

En Washington DC, Perry afirmó que la Argentina no tendrá mayores problemas para crecer este año y el próximo ya que la actual expansión refleja "básicamente la recuperación de las caídas de los años anteriores; es un crecimiento sobre la base de la presente capacidad instalada".

Sin embargo, Perry insistió en que el mediano plazo argentino dependerá de la agresividad con que se encaren las reformas y "logren resolver sus problemas estructurales", dijo. Al mismo tiempo, aclaró que para seguir creciendo a esos niveles altos "en los próximos años va a necesitar fuertes inversiones y financiamiento adicional y obviamente va a depender de los progresos de las reformas estructurales. Las proyecciones a mediano plazo están entonces en las manos de la propia Argentina".

El superávit fiscal propuesto por el gobierno no es un "simple antojo", explicó el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien justificó la reticencia del gobierno a comprometer un saldo superior al 3% del PIB en el hecho de que "tenemos una demanda interna muy alta, que nos reclama que parte del superávit se destine a la atención de lo social y a la promoción de la economía".

Perry, del Banco Mundial, consideró también que para el retorno de los capitales es precondición la negociación de la deuda, que a su vez depende del acuerdo con el FMI. Pero hizo una distinción entre los flujos de origen extranjero y local. Estos últimos, dijo, "ya iniciaron el retorno. Pero una normalización de los flujos requiere una exitosa negociación de la deuda en default, y eso requiere de un acuerdo con el Fondo".

Sobre el superávit primario -punto crítico de la negociación con el FMI- Perry consideró que es muy importante para la Argentina una política fiscal "prudente", al margen de que haya o no acuerdo. "Si se quiere tener una reestructuración exitosa de la deuda y volver a tener acceso al mercado de capitales privados posiblemente se necesite una posición de superávit primario mucho más fuerte en los próximos años", dijo Perry.

Esta parte de la exposición de Perry coincide con lo que, en el diario El Cronista, afirma Daniel Naszewski que dijeron ayer, en lo de Broda, Rosendo Fraga y Ricardo López Murphy, ya otra vez un macroeconomista más que político, rol en el que no ha resultado tan brillante como se esperaba (Recrear Argentina va rumbo a la desaparición).

Zapatero a tus zapatos, López Murphy realizó un minucioso punteo de la coyuntura sosteniendo el diagnóstico de desaceleración económica que muestran no pocos consultores, y que choca con las cifras y el optimismo que vende Roberto Lavagna.

"En el único lugar donde hay inversiones es en el campo, en construcciones y en algunas áreas muy específicas, como el petróleo", sostuvo el ex economista jefe de FIEL, agregando una sentencia más dura: "Entre Brasil y la Argentina, uno de los países está equivocado".

Él aceptó que hay una importante mejora de las cuentas fiscales, aunque "este cierre fiscal sólo funciona con los impuestos distorsivos".

Fraga dijo: "Los altos niveles de popularidad del Presidente no son mucho más elevados a los que tenían Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa, o el mismo Carlos Menem, en el tercer mes de su mandato".

¿Puede el FMI aceptar niveles de superávit primario proyectados por el gobierno que impliquen quitas de 75%-85%, que los acreedores no aceptarán; en ese caso el Fondo Monetario sería acusado públicamente de provocar una crisis financiera global?

Hay una cuestión política muy grave en todo esto: con semejante quita, los acreedores preferirán esperar a otro gobierno, tras el mandato de Kirchner, que realice una nueva propuesta, antes que renunciar a tan alto porcentaje de sus inversiones.

Es una tensión institucional muy fuerte sobre el Ejecutivo Nacional.

Uno de los grupos más importantes de acreedores formados, ABRA (Alemania, Luxemburgo, Suiza, Austria y Holanda), ya anunció que tiene certificados que representan US$ 1.200 millones en bonos, lo que lo convierten en el más importante del exterior. Hay planes también para unirse con los japoneses.

Esto es lo que lleva a socios políticos de Kirchner, que militan en la izquierda, a realizar movilizaciones domésticas en apoyo del Presidente, lo que sin duda resultará en un cuadro político-electoral delicado.

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