"Firmá, ¿no sabés que te podés morir mañana?", aseguró en su presentación Guntern que le repitió varias veces Capello.
Luego del hecho intimidatorio del que fuera víctima, Guntern formalizó una denuncia policial que motivó la intervención del juez Costa y la investigación que ayer llevó además de Capello a su despacho a otros dos integrantes de la conducción eclesiástica santafesina.
Capello no recurrió a los servicios de un abogado particular ante Costa: debió ser asistido por el defensor general Nº 6, Jorge Pegassano, quien también asistió al vicario para la Educación del Arzobispado, Mario Grassi.
Fue la presencia más esperada fue la de quien es presentado en el libro de Olga Wornat, Nuestra Santa Madre, como "perdido por la joda".
Grassi es el más visible vínculo entre los poderes eclesiástico y político de la provincia de Santa Fé.
Le siguió el canciller del Arzobispado, Carlos Scatizza, la más breve de las tres indagatorias que tomó el juez Costa. No obstante, el trámite igualmente demandó cerca de dos horas.
A diferencia de Capello y Grassi, se presentó con el patrocinio de dos abogados particulares del foro local. Se dijo, en los tribunales santafecinos, que los dichos de Scatizza involucraron directamente a Capello como autor de los hechos, desligandose de cualquier responsabilidad dada su condición de subordinado del vicario general.