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El clero desfila en los tribunales

En los tribunales santafecinos comenzó a desfilar la conducción de la Iglesia Católica provincial. El 1ro. de la lista fue el vicario general, Hugo Capello; le siguió el vicario para la Educación, Mario Grassi; y luego fue el turno del canciller Carlos Scatizza.

Todos imputados del delito de coacciones agravadas contra el padre José Guntern, que los denunció por obligarlo con amenazas para que se retractara de afirmaciones sobre la conducta del arzobispo Edgardo Storni. En los próximos días se ordenaría un careo de Capello con Guntern.

Capello se presentó para evitar alguna medida cautelar que iba a ordenar el juez de la 3ra. nominación, Julio César Costa.

Capello es el conductor provisorio del Arzobispado ya que monseñor Edgardo Storni se encuentra en Roma, convocado por el Papa, probablemente para su despido.

Su llegada al Palacio Judicial se produjo entre el asedio periodístico, imperturbable y en silencio, y así salió tres horas y media después.

Capello fue señalado por el sacerdote José Guntern como quien ordenó su virtual secuestro para ser llevado en un auto de la curia -conducido por el canciller Scatizza junto al vicario general- desde su domicilio hasta la sede del Arzobispado para hacerle firmar ante escribano un acta que no le permitieron leer.

"Firmá, ¿no sabés que te podés morir mañana?", aseguró en su presentación Guntern que le repitió varias veces Capello.

Luego del hecho intimidatorio del que fuera víctima, Guntern formalizó una denuncia policial que motivó la intervención del juez Costa y la investigación que ayer llevó además de Capello a su despacho a otros dos integrantes de la conducción eclesiástica santafesina.

Capello no recurrió a los servicios de un abogado particular ante Costa: debió ser asistido por el defensor general Nº 6, Jorge Pegassano, quien también asistió al vicario para la Educación del Arzobispado, Mario Grassi.

Fue la presencia más esperada fue la de quien es presentado en el libro de Olga Wornat, Nuestra Santa Madre, como "perdido por la joda".

Grassi es el más visible vínculo entre los poderes eclesiástico y político de la provincia de Santa Fé.

Le siguió el canciller del Arzobispado, Carlos Scatizza, la más breve de las tres indagatorias que tomó el juez Costa. No obstante, el trámite igualmente demandó cerca de dos horas.

A diferencia de Capello y Grassi, se presentó con el patrocinio de dos abogados particulares del foro local. Se dijo, en los tribunales santafecinos, que los dichos de Scatizza involucraron directamente a Capello como autor de los hechos, desligandose de cualquier responsabilidad dada su condición de subordinado del vicario general.

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