El Sandro que yo conocí
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Cuando a las 20:40 de este lunes 04/01, se conoció la noticia del fallecimiento de Sandro, me invadió una tristeza inmensa, como todos a los argentinos, que hace difícil la escritura de estas líneas.
Corría el año 1981. Yo tenía 16 años y frecuentaba los bailes los clubes de barrios donde se bailaba al cabezazo. Mi madre esa noche fue mi cómplice. Con la excusa de acompañarme sacó dos entradas. Quería ver de cerca a su ídolo Roberto Sánchez, Sandro de América, el Gitano de Banfield, quien por primera vez llegaba a Junín, una ciudad del noroeste de la provincia de Buenos Aires.
El Club Rivadavia era el lugar. Repleto por donde se lo mire. No cabía un alma. Todas las mujeres de la ciudad se habían dado cita para escuchar cantar a su ídolo.
"Es una noche para el levante", como decía mi amigo 'Zacataca', con quien, para ganarnos unos pesos, hacíamos las veces de juntavasos. En esa época todavía se estilaba servir las bebidas en vasos de vidrios y nuestra misión era evitar que quedaran expuestos a roturas. Además, no había tantos vasos de vidrio en el club y había que lavarlos, para volver a servir el aperitivo que los parroquianos pidieran.
Mesas y sillas de chapas colocadas artísticamente alrededor de una gran pista, habían sido llevados por la muchedumbre que lo esperaba ansioso. "Esta noche toca Sandro", decía repetidamente el locutor, el mismo que con su autoparlante recorrió durante todo el día los barrios de la ciudad: los humildes, los de clase media y los pudientes.
Con mi amigo Horacio ('Zacataca') nos metimos detrás del escenario para recoger los vasos que dejaban los integrantes de las orquestas que desfilaban por el escenario haciéndole el aguante a Sandro.
De repente, de uno de los camarines principales debajo del escenario, un chistido nos llamó:
- Shhh pibe… vení.
Era Sandro. "¿No le decís al mozo que me traiga un vaso de whisky?", nos dijo con voz amable.
El pedido sonó como una orden. Fui hasta la cantina y volví con un vaso de Caballito Blanco. ¿Qué esperaban en el Club Rivadavia, de Junin?
Me acerqué… y toqué la puerta aunque entré al camarín sin que me dieran paso. Le acerqué el vaso:
- Gracias pibe… ¿Cómo te llamás?
- Ricardo… -le conteste con timidez. Yo estaba parado frente al ídolo. No era moco de pavo.
- Ahora, gracias a Ricardo voy a tener la voz potente -dijo, mientras reía a carcajadas.
Yo le pedí que firmara un disco para mi madre. ¿Y cómo me iba a decir que no si era Sandro de América?
Sos una Locura; Solo tu Amor Persigo; Porqué Ellas Matan; Vamos a Ver si Esta Noche; Porque me Atacan los Recuerdos; Cuando yo te amo; Esta noche quizás; El Primero que Te Amó; La Ocasión hizo al Ladrón; Rock o Facultad, cantó durante más de una hora y media ante el delirio de la multitud presente esa noche en el club de mis amores: Rivadavia de Junín.
Y ese disco autografiado por el Elvis Presley argentino se fue con mi madre al cielo, una de las tantas 'nenas' fanáticas del ídolo de América, el mismo que vivirá en cada uno de nuestros corazones.
