Las 3 vidas de Rodolfo Walsh, o la reescritura que olvidó Verbitsky
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Desde el 25 de marzo de 1977, Rodolfo Jorge Walsh se encuentra desaparecido. En su memoria quien fue su colega (periodístico), amigo y discípulo (en la actividad política) Horacio Verbitsky escribió en el diario paraestatal Página/12 una columna titulada Reescrituras.
Walsh comenzó a publicar su incomparable Operación Masacre en lo que llamó suburbios remotos del periodismo, muy poco después del precursor fusilamiento clandestino ordenado por Aramburu en 1956. Desde esas páginas desafiaba a los asesinos, con la única protección de un escondite en el Tigre, un ridículo revólver de caño largo y una cédula falsa. La primera edición como libro es de 1957, cuando los responsables seguían en lo más alto del poder. En las reediciones de los quince años siguientes no alteró el relato de los hechos pero, además de los sutiles aligeramientos de estilo que muestran su maduración como gran escritor, le agregó cada vez su visión del país, que también se modificó con el tiempo. (...)".
Sin embargo, es bastante más completa, e interesante, la
"(...) Luego de su encuentro con un sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez, Walsh escribió un libro sobre esos hechos, en el cual escribiría: "Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse", por lo que en 1957 fue al Estudio del Dr. Jorge Ramos Mejia y le solicitó al Dr. Marcelo Sánchez Sorondo, director del semanario Azul y Blanco que se hacía en ese Estudio apoyo para publicar ese libro
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Asi con el apoyo económico del Dr. Ramos Mejia podrá en ese mismo año dar a conocer Operación Masacre, con el subtítulo "Un Proceso Que No Ha Sido Clausurado" de Ediciones Sigla , una pieza de investigación periodística precursora del "nuevo Periodismo" que posteriormente fue llevada al cine. (...)".
De Sánchez Sorondo se recuerda que Juan Manuel Abal Medina fue su secretario en la revista Azul y Blanco.
Eran días de la Revolución Argentina, con un intenso debate en el gobierno de Juan Carlos Onganía sobre la incipiente actividad guerrillera que alentaba Cuba.
Aunque Verbitsky intente reescribir la historia argentina en días de los Kirchner, cualquiera sabe que luego de los Kirchner habrá una revisión de la historia y es probable que la óptica de Azul y Blanco resulte muy cuestionada.
Volvamos a la reescritura de Walsh que ensaya Verbitsky, aludiendo a las reescrituras que aquel hizo de Operación Masacre:
"(...) Cada reescritura coincidió con algún punto de inflexión en el país y en su vida. La primera es de 1964 y la emprendió al terminar su cuento maestro, 'Esa mujer'. Agregó que había perdido las ilusiones en la justicia y la democracia al ver que los muertos estaban bien muertos, "y los asesinos, probados, pero sueltos". No le interesaba averiguar si estaba escribiendo una investigación periodística, un ensayo político o una obra literaria. Cuando un intelectual de revista le dijo que para que lo entendiera un lector francés debería modificar 'Esa Mujer', Walsh contestó: "No sé si quiero que se traduzca al francés". El canon y la academia retrocedían en su lista de prioridades, igual que los personajes del nuevo periodismo burgués y de la nueva literatura de la década del '60 (los derrotados de las clases medias, en un país donde la posesión de la tierra es la del poder, según la aguda observación de Aníbal Ford). (...)".
Sin embargo, Wikipedia recuerda, acerca de Walsh:
"(...) Entre 1945 y 1947 se adhirió a la Alianza Libertadora Nacionalista, grupo al que calificó de nazi años después.
Walsh adhirió al peronismo en fecha posterior a octubre de 1956 en que firmó en la revista Leoplán de ese mes la nota Aquí cerraron sus ojos laudatoria de los aviadores navales caídos durante la Revolución Libertadora. (...)".
Es probable que esa peligrosa pertenencia de Walsh -quien había nacido el 9 de enero de 1927- pudiera considerarse un 'pecado de juventud' que luego modificó. No deja de resultar curioso que ese pasado se asemeja al de tantos otros integrantes de Montoneros que en días previos se vinculó a diferentes expresiones del nacionalismo católico anticomunista.
Pero, ¿y si Walsh, en su madurez, se hubiera arrepentido de Montoneros tal como antes se arrepintió de la Alianza Libertadora Nacionalista? Esa posibilidad coincide con las brutales autocríticas y críticas a Montoneros que redactó Walsh poco antes de que los marinos de la ESMA fuesen tras él.
La estupidez de los marinos represores es increíble: a ellos les hubiese convenido más difundir las críticas de Walsh a la conducción de Montoneros que intentar secuestrarlo y/o asesinarlo. Pero no es una casualidad que los militares del Proceso hayan ganado un par de batallas y perdido la guerra: la ignorancia era su denominador común.
Pero ese Walsh autocrítico de Montoneros, ¿hasta dónde hubiese llevado su propia revisión de lo que hoy es pasado pero por entonces era presente? Ahí Verbitsky no consigue penetrar porque es muy arriesgado y, probablemente, hasta podría ir en contra de sus intereses. Verbitsky presenta un Walsh pero hubo dos Walsh y, probablemente, podrían haber convivido tres Walsh.
Verbitsky no puede, sin embargo, evitar alguna referencia acerca de la adhesión de Walsh a la violencia organizada, en el marco de la historia que propone de 'Operación Masacre':
"(...) Comenzó la reescritura de 1969 en cuanto publicó '¿Quién mató a Rosendo?', de nuevo clandestino, por el cierre de la CGT de los Argentinos y la detención de sus principales dirigentes. Añade un 'Retrato de la oligarquía dominante' en el que afirma que "dentro del sistema no hay justicia" y dice: "Que esa clase esté temperamentalmente inclinada al asesinato, es una connotación importante que deberá tenerse en cuenta cada vez que se encare la lucha contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos".
En 1972, el año del regreso de Perón y de la pugna con Lanusse por el propósito y la conducción del Gran Acuerdo Nacional, sustituyó aquel retrato de la oligarquía por 'Aramburu y el juicio histórico'. Como volvería a hacer en su póstuma 'Carta Abierta a la Junta Militar', además de la perversidad de la represión examinó su objeto: "Encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se extendió a todo el país con Aramburu. Su gobierno modela la segunda década infame, aparecen los Alsogaray, los Krieger, los Verrier que van a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados durante el gobierno de Perón". (...) Ya estaba encuadrado en las Fuerzas Armadas Peronistas, que consideraron la ejecución del ex presidente de facto como una medida más apropiada para la culminación que para la apertura de un proceso revolucionario. Walsh no la celebra, pero la explica como nadie. (...)".
