Martín Lousteau, a 1 año del anuncio que benefició a todos los sectores
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- La llegada de Martín Lousteau como ministro de Economía al entonces flamante gobierno de Cristina de Kirchner dejó una fuerte impronta. No sólo fue "el cambio" que la ex primera dama aportó para simular un gobierno distinto al de su esposo y antecesor en el cargo, Néstor Kirchner, sino que además fue el titular de Hacienda más joven de las últimas 5 décadas y probablemente, el joven que menos duró en el Gobierno.
Fue en el primer gobierno de Juan Domingo Perón, entre 1946 y 1952, que Ramón Cereijo con 33 años desempeñó ese rol. No sobrepasar ese récord histórico es quizás el único aspecto que los pingüinos llamados 'peronistas' decidieron no violar de la memoria de Perón. Aunque, ¿la culpa es del chancho o del que le da de comer?
"La edad puede ser un buen llamador para hacer cosas, pero si uno se equivoca, la crítica será doblemente fuerte", dijo Lousteau cuando, al asumir la gestión en el BAPRO, a finales del 2005, le subrayaron su corta edad.
Sin embargo, Lousteau sumó una vasta trayectoria desde que se licenció en Economía. En los últimos años fue asesor de Alfonso Prat Gay en el Banco Central y de allí partió hacia la Jefatura de Gabinete del Ministerio de la Producción de la provincia de Buenos Aires, antes de asumir como titular en el Banco Provincia.
En el ínterin, escribió el libro "Sin atajos" junto a Javier González Fraga (ex candidato a Ministro de Economìa de Roberto Lavagna). El libro es un historia de las crisis económicas argentinas, que se sintetiza en una frase de su prólogo: "Sólo en tres ocasiones se ha logrado crecer cuatros años consecutivos a tasas superiores a 4% cada uno y ninguno de los distintos roles que cumplió el Estado a lo largo del siglo logró evitar las crisis recurrentes".
Miembro del grupo Unidos del Sud, una fundación generadora de cuadros intelectuales con aportes económicos de (entonces) duhaldistas como Francisco de Narváez, Lousteau perfiló, hace unos años atrás, su afinidad con la política cambiaria de Kirchner-Redrado: "La certidumbre cambiaria es insana porque alienta la especulación".
Pero a poco de asumir como ministro de los Kirchner, la corta e intensa trayectoria de Lousteau se truncó. Sobre él cayó el peso de la Resolución 125, que anunció el 11 de marzo de 2008 y que desde entonces generó un conflicto político-económico y social, que un año después no ha encontrado una salida, y pocas veces ha vislumbrado la luz.
El anuncio generó un inmediato rechazo del sector agropecuario que inició un paro con corte de ruta que duró 21 días. En ese marco, Cristina de Kirchner atacó con discursos muy duros al sector, dirigió responsabilidades a Lousteau y provocó también la reacción de la clase media de muchas ciudades que terminó en masivas manifestaciones espontáneas en las calles de las grandes ciudades.
Así, a solo cuatro meses de asumir, la jefa de Estado viró el apoyo popular a un descontento social que se manifestó en cacerolazos, y que los Kirchner intentaron traducir como "conflictividad de clases".
Y en el medio, acusaciones cruzadas, y un ministro que se fue y otro más silencioso que llegó. Martín Lousteau, el más joven ministro renunció a 4 meses de haber asumido. Presentó su renuncia al entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, un 'incondicional' a los K que al poco tiempo se marcharía también del Gobierno, golpeado por el conflicto con el campo, y las crisis en general, además de los inevitables desencuentros que mantuvo desde el inicio con el ministro de Planficación y superior del polémico secretario de Comercio, Guillermo Moreno, Julio de Vido.
La renuncia de Lousteau se dio tras un durísimo enfrentamiento con el mencionado secretario, verdadero hombre fuerte de la economía y quien boicoteó sistemáticamente todas las medidas impulsadas por el ex ministro.
De esta manera, la crisis desatada por el anuncio del esquema de retenciones móviles se cobraba la primera víctima dentro del Gobierno.
Cuatro horas después de la presentación de la renuncia de Lousteau, el Gobierno hizo trascender el nombre de su reemplazante: Carlos Fernández, ex titular de la AFIP, de quien actualmente pocos tienen noticias. Podría decirse, que con 'la traición de Lousteau', los Kirchner optaron por una figurita mucho más silenciosa. Al fin y al cabo, para tomar decisiones, al Gobierno no sólo le bastan "15 o 30 minutos" (según declaraciones del ex ministro), sino también pocas cabezas.
Ya los rumores sobre su partida habían inundado el mercado e hicieron caer los bonos y subir el dólar.
Ante el desborde, el oficialismo decidió enviar al Parlamento la resolución 125 para su aprobación en el Congreso Nacional. Una idea que había propuesto el vicepresidente Julio Cobos, en una iniciativa que poco agradó al kirchnerismo puro por intento de ocupar roles vedados para puestos habitualmente silenciosos como el del mendocino.
Comenzó entonces a gestarse el voto "no positivo" de Cobos que terminó las idas y vueltas por la Resolución. En la madrugada del 17 de julio, un conmovido Cobos la enterró definitivamente.
El elegido para anunciar el fin de la 125 fue el jefe de Gabinete en una conferencia de prensa. Anunciaba la consecuencia de la más importante derrota política de la gestión hasta entonces: la caída de las retenciones móviles.
Fernández tuvo el apoyo silencioso del nuevo ministro de Economía, Carlos Fernández, un hombre emergente del conflicto pero totalmente apartado del mismo.
El jefe de Gabinete fue además la figura central del Gobierno a la hora de atacar al vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, hoy convertido en el "Judas" para algunos oficialistas. Lo acusó de "confundir los roles institucionales" y hacer que "la democracia quede afectada".
Fernández también culpó a Cobos de "utilizar el Senado" para instalar el debate de las retenciones al agro con protagonistas indebidos y consideró que ese hecho, "en términos de responsabilidades, es impropio". El vicepresidente se había reunido con gobernadores disidentes, los dirigentes del agro y con el cardenal, Jorge Bergoglio.
La relación entre el jefe de Gabinete, que lideró el primer frente oficial para negociar pública y privadamente con el campo, y las entidades se quebró en forma definitiva antes de los actos del 25 de Mayo, cuando se acusaron mutuamente de mentir tras una reunión en el Ministerio de Economía.
Antes de ese incidente, Fernández fue el vocero del kirchnerismo en público. Afirmaba, en medio de los cortes de rutas, que "no se negociará bajo presión", ponía el acento en la alarma generada por el desabastecimiento y hasta llamó "locos" a los ruralistas. Incluso defendió ante la Cámara alta la política oficial.
Tras las detenciones de los ruralistas en San Pedro y la llamada a indagatoria de políticos opositores, su imagen como mediador estaba seriamente deteriorada. "Es el gran fracasado de la negociación", dijo la ex diputada y dirigente de la Coalición Cívica bonaerense, Margarita Stolbizer.
Y en medio de la crisis política que sacudía y sacude aún hoy al Gobierno, se concretó la renuncia del jefe de Gabinete. Tenía sólo cuatro párrafos. Aseguraba que desde el 25 de mayo de 2003, día en que asumió el cargo de la mano del ex presidente Néstor Kirchner,puso su "más absoluta convicción" de que se estaba protagonizando "un profundo cambio de la realidad argentina"; abría la puerta para que su renuncia fuera el primero de una serie de cambios en el gabinete de Cristina -"la certeza de que se abre una nueva instancia en su gobierno (?) me impulsa a poner en su consideración mi renuncia con el sano propósito de facilitarle la selección de sus colaboradores", indicó-, y finlamente, aclaró que para él fue "un inmenso honor" haber acompañado a la Presidenta "en la enorme tarea que afronta".
El matrimonio Kirchner especulaba con su alejamiento, pero no esperaba que fuera tan pronto. Sin embargo, Alberto fue y es amigo y nunca estuvo destinado a sufrir "la venganza pingüina".
No tanta suerte tuvo Martín Lousteau que, en silencio y bajo la ira de los K, se dice que perdió importantes oportunidades laborales en el sector privado.
Pero a diferencia de otros funcionarios K de primer nivel, como su ex compañero en el Banco Central y también jóven economista Alfonso Prat Gay, o su antecesor, Roberto Lavagna, este joven decidió no callarse y, sobre todo, no involucrarse con otro sector político.
Contó los detalles de la cocina K y no ahorró en críticas.
Confesó que "este es un gobierno donde se toman medidas en 15 o 30 minutos" y hasta se animó a confirmar la ya conocida injerencia de Néstor Kirchner en el gobierno "de su esposa".
"Es el peor ex presidente de la democracia porque no aspira a dar consejos, sino a tener injerencia directa. No aspira a mejorar las cosas, sino a perpetuar su propia cuota de poder. Es paradójico, pero es el mejor presidente y el peor ex presidente de la democracia", indicó.
También advirtió que "el 2009 nos va a enfrentar con una recesión muy cruda"; consideró que el conflicto con el agro está lejos de solucionarse y apuntó contra el ex presidente Néstor Kirchner y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; cuestionó que "él ve, en cada uno de los desafíos, conflictos de intereses que se tienen que resolver puntualmente, independientemente de cuáles son sus causas y sus consecuencias" y "esta falta de visión y de consulta genera problemas muy acuciantes que se van acumulando".
En un reportaje concedido al diario Perfil, a punto de cumplirse un año de la polémica resolución 125, que él diseñó, admitió que para el campo "fue la gota que rebasó el vaso". "La 125, más allá de que estuvo sesgada por el apuro, porque fue a contener otro mal mucho más grande, fue la gota que rebasó el vaso. Hay un montón de agresiones contra la producción agropecuaria que entienden como gratuitas", evaluó.
"De lo que no me voy a hacer cargo es de los modos de la discusión, porque en ningún momento del conflicto, por más que he recibido agravios, los he contestado, no participo generacional ni ideológicamente de cómo se abordó (el conflicto) y tuve muchas discusiones internas por ese tema. Eso generó muchas desavenencias y fui apartado de las negociaciones con el campo", resaltó.
Lousteau remarcó que "en la negociación hubo esta elección de la confrontación en lugar de pensar qué se está haciendo. Y, además, la Mesa de Enlace no sé si eligió la estrategia correcta para mejorar la situación de los productores. Ellos tienen muy identificado cuál es el sector que les hace daño porque hace mucho que les viene haciendo daño", subrayó.
A continuación identificó a ese sector dañino "a la visión más kirchnerista, representada por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, esa visión muy nociva que ha destruido a la carne, la leche, el trigo".
"Hay muchas cosas en las que Moreno actúa por orden, pero, lamentablemente, hay muchas otras que son iniciativa de él", recalcó.
Lousteau señaló que "otro de los errores estratégicos del Gobierno es pensar que están negociando con dirigentes sindicales que controlaban a sus bases, o con dirigentes empresariales que maximizaban el beneficio".
Por su parte, Alberto Fernández, el otro ministro saliente, se mantuvo al margen, en el más 'adecuado' (para los K) de los silencios. Pero cuando la crisis comenzó a llevarse consigo a legisladores y mandatarios aliados, volvió a salir a escena. Ahora conduce un espacio para evitar nuevas fugas de dirigentes hacia el peronismo disidente.
Hace unos días pasó por Mendoza y este jueves, por caso, visitará la ciudad de La Plata para contener a dirigentes bonaerenses.
También se fueron del Gobierno el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, y el titular de la AFIP, Alberto Abad. Fueron reemplazados también. Lo que no es posible contener es la caída en la imagen positiva del Gobierno, que a raíz del conflicto pasó de 45% a no más del 28% en pocos meses.
La sociedad respondió de esta manera no sólo a la política de fondo implementada sino a las metodologías que representaban hombres como Guillermo Moreno.
En contrapartida, el resto de los sectores se vio favorecido. El campo, que hasta el momento se encontraba fraccionado, formó un frente común en la Mesa de Enlace.
Por su parte la oposición, que hasta antes del 11 de marzo parecía sumida en un cono de sombras, cobró repentino protagonismo y brindó nuevo impulso al Congreso. Al mismo tiempo el bloque oficialista perdía a integrantes claves como los senadores Carlos Reutemann y Juan Carlos Romero y los diputados Felipe Solá y Jorge Obeid.