Rusia consagra al modernizador Kirill como patriarca de la Iglesia Católica Ortodoxa
El metropolita Kirill fue entronizado Patriarca de Moscú y de Todas las Rusias, y así la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa consigue un líder que es un experimentado diplomático famoso por su independencia de pensamiento y su voluntad de ampliar la influencia de la Iglesia ortodoxa en la esfera social y política de Rusia.
A sus 62 años, este hombre con la misma larga barba blanca que caracteriza a los dignatarios ortodoxos, hereda la cabeza de una Iglesia que se reforzó desde la caída de la Unión Soviética y durante el Patriarcado de Alexis II, fallecido en diciembre de 2008 y de quien Kirill fue un cercano colaborador.
Hasta ahora metropolita de Smolensk y Kaliningrado y durante casi 2 meses jefe interino de la Iglesia ortodoxa rusa, Kirill es el único alto responsable ortodoxo popular entre los rusos gracias a su propio programa semanal de televisión 'Las palabras del pastor'.
Además, a lo largo de sus casi 20 años como director del poderoso Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú -el equivamente a una cancillería- se convirtió en el rostro de la Ortodoxia rusa en el extranjero.
Desde ese cargo estableció unas relaciones con el Vaticano que le han acarreado críticas, en un ambiente de acusaciones de proselitismo contra los católicos.
Según los expertos, Kirill no es un reformista pero tiene una mente independendiente y quiere que la Iglesia juegue un papel político y social. Por eso, las autoridades rusas no lo controlan fácilmente.
"Con Kirill, la Iglesia podría tener la oportunidad de ser independiente en la escena política en vez de seguir siendo objeto de las manipulaciones del Estado", señaló el semanal Vlast.
Según su biografía oficial, Kirill manifestó su inclinación hacia la religión desde su más tierna infancia, en una familia donde su padre y su abuelo fueron popes.
En 1965, a los 19 años, Kirill -cuyo verdadero nombre es Vladimir Gundiayev- entró en el seminario de su ciudad natal, Leningrado (noroeste, actual San Petersburgo).
Según su hermana Elena -citada en el diario popular Tvoi Den- siendo aún estudiante le dijo: "si no encuentro una chica con la quiera pasar el resto de mi vida, me haré sacerdote". Y se dio como plazo hasta el 27 de marzo de 1969.
El 3 de abril de ese año, Kirill vistió los hábitos sacerdotales y en los años '70 aceleró su carrera: primero fue secretario personal del metropolita Nikodim de Leningrado y a partir de 1971 ocupó su primer cargo diplomático como representante del Patriarcado de Moscú ante el Consejo Mundial de las Iglesias.
En ese cargo acompañó regularmente al patriarca Pimen en sus viajes antes de ser nombrado jefe del departamento de Relaciones Exteriores en 1989.
El 25 de febrero de 1991 fue nombrado metropolita de Smolensk y Kaliningrado.
En los años '90 su reputación se vio empañada: mientras la Rusia postsoviética caía en el marasmo económico, la prensa le apodó el "metropolita del vodka", por las presuntas acusaciones de aprovecharse de las exenciones fiscales sobre el alcohol y el tabaco que benefician a la Iglesia ortodoxa.
Éstas últimas le valieron la reputación del "hombre más rico de la Iglesia ortodoxa rusa", recordó la publicación opositora Novaia Gazeta.
