El PRO, amo y señor de Cambiemos –la coalición electoral para el balotaje- según dice Ignacio Zuleta, comienza y se acaba en esa frase que para un segmento de la sociedad dice mucho “no querremos volver al pasado(K)”, dado que no queremos ser Venezuela en el futuro.
El PRO es eso, sentimentalismo snob de la política.
Para el MacriPRO el presente es promisorio al modo de Aníbal Fernandez cuando osó decir que teníamos menos pobres que Alemania.
Sin embargo, la gestión de Macri, merece rechazo, racional, emotivo y económico.
El mejor equipo de los últimos 50 años, anhelo o promesa de bienestar, convertido en pesadilla fracasó en su propio oficio la idoneidad racional.
Recordemos que una de las causas de la caída del régimen militar 1976/1983 fue esencialmente que las Fuerzas Armadas perdieron en su propio oficio, la guerra de las Malvinas.
Si esa guerra se hubiera ganado, quizás la historia de los últimos años la habría escrito el otro bando.
Pues bien, el MacriPRO, perdió en lo suyo, o sea en lo que suponíamos que sabían hacer: Administrar y gerenciar bien.
Para colmo, la casualidad quiso que, los cuadernos de Oscar Centeno, exhibieran a parte de esa dirigencia en su más “preciadas” miserias, la codicia sin límite.
Esto último también generó un plano emocional negativo, la corrupción no tiene bandos, tal como se pretendió hacer creer, a tal punto que ni la propia familia Macri podría explicar, tampoco lo intentó, el origen de su patrimonio.
Por último, el “bolsillo” suma en su contra.
En este punto debemos aclarar que no se puede responsabilizar a este gobierno por este mal presente; pero sí lo responsabilizo porque careció de la dimensión cultural necesaria para proponer, “eso diferente” a lo que se refería Berensztein, que sería una concepción racional de la política. Lo que exige es una enorme capacidad de persuasión, virtud incompatible con la soberbia, sin causa, del gobierno.
El gradualismo expresó realmente que “Macri no podía” y difícilmente podrá, su fuera reelegido.
El MacriPRO frustró lo que se creía seria una oportunidad y de esa frustración diría que es imposible regresar, a pesar del optimismo soberbio e imberbe de Marcos Peña.
También el segmento social que creyó –creímos- en Macri, fuimos ingenuos, o bien creíamos que con casi nada se podría, sería suficiente una presencia distinta.
Siempre el milagro está presente en nuestro portafolio de ideas.
Tal como escribió Berensztein el voto tiene esos tres componentes, el racional, el emocional y el material, los argentinos desde lo que sería la sima de la historia, solo votamos tomando en cuenta los dos últimos.
El Kristinismo asimismo es rechazado en lo racional y parcialmente en lo emotivo, pero diría “aceptado” por el bolsillo”. Lo resumo la gente tenía (teníamos) plata en el bolsillo, poco importaba el déficit fiscal, la relación de precios, la tasa de interés o el tipo de cambio.
Lo importante se podía gastar en cualquier cosa, otro vicio argentino, sin tener sentido de las prioridades lógicas de la vida.
Quizás, y en eso discreparía con Berensztein, el bolsillo puede ser decisivo.
Por ese motivo, el bolsillo, los desdoblamientos electorales. Los gobernadores que desdoblan, piensan en el bolsillo de la gente y la responsabilidad es del gobierno nacional, del “MacriPRO/Cambiemos”. Razón no les falta.
La economía del “bolsillo” es un tema nacional.
En esta circunstancia él no desdoblamiento de la elección de la Provincia de Buenos Aires, ha sido un grave error político, para Macri.
No me refiero al eventual resultado, sea tanto a favor como en contra, me refiero que para mostrar un cambio en la política, el MacriPRO, debió renovarse, y como mínimo llevar otro candidato a la Presidencia.
Ese hubiera sido el comienzo de un proceso de racionalización de la política argentina.