Es notoria, tanto en la “vieja” OPEP como en una eventual OPEP+, la ausencia de los Estados Unidos. Según el economista, “la intención de los EE.UU. es desplazar a este activo miembro de la OPEP, con iniciativa propia, y lograr a través de un gobierno títere la reducción del precio del petróleo”.
Una de las respuestas del gobierno venezolano ha sido redireccionar los suministros de petróleo de la estatal PDVSA de Estados Unidos a Europa y Asia.
Ronny Romero, representante de Venezuela en la OPEP y consejero técnico de PDVSA y del Ministerio del Petróleo, le confirmó a la agencia rusa RIA Nóvosti esta decisión, agregando que su gobierno “hará todo lo posible para que la situación interna no se refleje en el mercado mundial”.
“Nos enfrentamos –advirtió- con nuevas sanciones ilegales por parte de los EE.UU. Nosotros exportábamos cerca de 500.000 barriles diarios a los Estados Unidos. PDVSA rediccionará la exportación a sus clientes en Europa y Asia”.
En este sentido, Romero aclaró que las compras de petróleo venezolano por dichos clientes no se verían afectadas por las sanciones. “Hasta ahora las sanciones se aplicaron sólo a estructuras estadounidenses. En cualquier caso, ni a Rusia ni a China les inquietan las sanciones de los EE.UU.”
Por otra parte, la prohibición de comprar petróleo venezolano impartida a las empresas norteamericanas les está generando a estas un enorme riesgo de quedar desprovistas de productos. Las refinerías estadounidenses gastan miles de millones de dólares en la compra del crudo pesado venezolano. Resulta muy complicado encontrar sustitutos para ese proveedor. Debido a la reducción de la extracción mantenida por la OPEP+, en buen criollo por Arabia Saudita y por Rusia, esta búsqueda de reemplazo a PDVSA amenaza con convertirse en un calvario para las petroleras norteamericanas, inclusive las grandes.
Hace un mes, ellas habían reclamado a Trump no limitar la importación de petróleo venezolano. Mientras los principales actores BRICS (Rusia, India y China) continúan con sus compras a PDVSA (que de esa manera paga en tiempo y forma los créditos asumidos por Caracas), esta prohibición unilateral de Washington DC está poniendo contra la pared a las traders y refinerías estadounidenses.
El hecho es que la extraordinaria producción petrolera estadounidense, basada en el esquisto (shale) de la cuenca permiana, en el sudeste del país, ya superó su pico y sus costos son jaqueados cada vez con mayor intensidad por los bajos precios impuestos al WTI por el acuerdo OPEP+, férreamente sostenidos por la alianza de Riad y Moscú (increíble hasta hace poco), con el total acatamiento del resto de los países petroleros.
Además, el extraído en Texas es un petróleo liviano que requiere inevitablemente su mezcla con el pesado venezolano (para lo cual ya están adaptadas las refinerías) y así lograr el blend apropiado para el combustible. La propia tecnología delas refinerías norteamericanas impide el sólo uso del producto de esquisto. Aquellas ganancias que recibían las extractoras luego de invertir miles de millones en el fracking, ahora están en grave peligro de pasar al rojo ante los gastos fabulosos que hay que hacer para obtener nuevas fuentes de crudo con alto contenido de azufre. ¿Acordarán los exportadores de Irak o de Kazajstán (miembros de la nueva OPEP+ en abril) por precio y por suministro, entregar el petróleo pesado a los EE.UU.?
Mientras colombianos y ecuatorianos ya están entregando petróleo a la costa Este, las refinerías entran en un combate cuerpo a cuerpo entre sí. “Se han formado grandes agujeros en la planificación para el mes próximo. El problema es que ya no recibimos nada de Venezuela”, dice Gary Simmons, vicepresidente de Valero Energy, una gran corporación tejana con quince refinerías y un importante sistema de transporte.
Bloomberg advierte que, como consecuencia del déficit generado por las sanciones, ya se registra un severo aumento de precios sobre el petróleo venezolano con alto contenido de azufre. A finales de enero el crudo Mars Blend aumentó al máximo en cinco años, mientras que la rentabilidad del refinado cayó al mínimo en cuatro años.
Esta situación, sin duda, ha sido una de las principales causas por las que el secretario de Estado, Mike Pompeo, le ha pedido la conversación telefónica al canciller ruso Serguéi Lavrov. Y, también sin duda, es una de las cartas fuertes de Moscú, respaldada por su socio estratégico, Beijing, en esta nueva partida del truco mundial que se juega en estos días.
Como anticipo de esto, Rusia y China hoy expresaron su disposición para participar en la creación de un grupo internacional de respaldo a la regulación pacífica en Venezuela. Lo que hasta ahora no ha tenido una reacción constructiva por parte de la Unión Europea, cuya representante Federica Moguerini, ha sido una de las iniciadoras del Grupo de Contacto en Montevideo.
“México y Uruguay –afirmó hoy Lavrov- crearon el denominado ‘mecanismo de Montevideo’ con la participación de una serie de otros países latinoamericanos y nosotros respaldamos activamente sus esfuerzos. En paralelo, la Unión Europea vaya a saber por qué resolvió tomar para sí toda la responsabilidad por la decisión de qué representantes de qué otras regiones se puede invitar a participar en estos esfuerzos”.
Esta actitud de la UE se contrapone con el pronunciamiento de Caracas, que pide la intermediación de Rusia en la regulación de la crisis en su país.
“Rusia tiene una enorme experiencia en el conflicto sirio, donde participa una gran cantidad de actores y donde el tema religioso juega un importante papel, así que su experiencia será de gran ayuda”, afirmó el embajador venezolano en Moscú, Carlos Rafael Faría Tortosa.
Lavrov adelantó el consentimiento ruso a este pedido venezolano y puntualizó: “Desde el principio expresamos nuestra predisposición, si se trata de incorporar actores externos, a contribuir con la normalización de la situación en Venezuela, a contribuir con los esfuerzos que hacen los países latinoamericanos. Estamos listos, al igual que la República Popular China y otros países, a tomar parte en la creación de un grupo internacional de respaldo a estos esfuerzos”.
China es el principal acreedor venezolano, con más de 70.000 millones de dólares. En tanto que Rusia es el tercero, con unos 17.000 millones. El segundo lugar, con alrededor de 50.000 millones, lo ocupan bancos y fondos de inversión de… los Estados Unidos y Gran Bretaña.