Basta con exhumar de Google, por ejemplo, que Infobae, en noviembre de 2012,-destacaba el #8N: "masivo cacerolazo en todo el país", o que La Nación, el 18 de abril de 2013, batía el parche con el “Cacerolazo 18A: multitudinarias protestas contra el Gobierno” y daba detalles tale como “ ... con una extensa bandera de la Argentina que ocupaba más de una cuadra, se movilizaron hacia la Plaza de Mayo”. ...por un "2015 Sin Cristina", y que un 19 de enero de 2015 Clarín titulaba que “Hubo marchas y cacerolazos en la quinta de Olivos, Plaza de Mayo y varias ciudades del país”.
Si hubiera sido por esos 3 grandes medios, de inocultable proximidad y objetivos políticos compartidos con la Jefatura de Gabinete, nadie habría sabido que se concretó la 5ta convocatoria consecutiva de protesta barrial ciudadana, contenida en el hashtag #NoAlTarifazo, focalizada en CABA en intersecciones como Corrientes y Medrano (Almagro); Corrientes y Scalabrini Ortiz (Villa Crespo); Corrientes y Ángel Gallardo (Villa Crespo); Cabildo y Juramento (Belgrano); Rivadavia y Pedernera (Flores); Defensa e Independencia (San Telmo); Monroe y Triunvirato (Villa Urquiza); Lacroze y Álvarez Thomas (Colegiales); Rivadavia y Carhué (Liniers), San Juan y Boedo (Boedo) y Caseros y La Rioja (Parque Patricios).
Lo mismo en esquinas del conurbano, como San Martín, Lanús, Caseros, Hurlingham, Morón, San Justo, Ituzaingó, Quilmes, Lomas de Zamora, Esteban Echeverría y otras localidades del conurbano.
Y más adentro de la provincia de Buenos Aires, en La Plata, capital bonaerense, además de Junín, Azul, Bahía Blanca y Mar del Plata y otras ciudades del interior provincial. Demasiadas manifestaciones para ser omitidas.
Asimismo, el rechazo popular a la política de ajuste que lleva a cabo la Administración Macri se puso de relieve en algunos sitios antes impensados, por ser reductos electorales macristas de pura cepa, como la franja norte del Gran Buenos Aires, donde sobresalieron las marchas de vecinos en Márquez y Centenario, de San Isidro, y en las inmediaciones de la quinta presidencial (Olivos).
Tapar el sol en un solo ojo
La reacción de una clase media agredida por las insistentes medidas oficiales que afectan la capacidad adquisitiva, como los tarifazos en los servicios públicos domiciliarios, el transporte, la garrafa social, las prepagas y ahora de nuevo los combustibles, sólo está siendo reflejada en algunas páginas web opositoras al gobierno, como “Sin Mordaza”, “La Nueva Política”, “El Destape”, y en diarios Página 12 o los del grupo Crónica, de limitado poder de fuego, ante el sugestivo silencio de los antiguos promotores mediáticos de este tipo de protesta, como si dar información de un acontecimiento determinado o callarlo respondieran al deber periodístico, o a presunta manipulación de la opinion pública con un interés político, como sería restar trascendencia a que en barrios en los que Cambiemos obtuvo contundentes victorias en anteriores comicios se hayan convertido en focos de enojo contra su gestión en pleno año electoral.
Más allá de que se note que el kirchnerismo lo esté aprovechando para la agenda anti-Macri que desarrolla como propuesta de campaña, lo cierto es que la ola de desencanto en la clase media la potencia el propio gobierno, no sólo con la aceleración de los precios sino instalándole como horizonte al ciudadano común una recesión que va más allá de una pasajera incertidumbre por lo que pueda suceder en las urnas.
El ruidazo urbano amenaza con ir in crescendo en tanto se vaya desgranando el calendario electoral. Proliferan ya las distintas modalidades de piquetes, desde los habituales que protagonizan los sectores sociales que pulsean por los subsidios con las áreas oficiales que los administran, como el Ministerio de Salud y Desarrollo Social o la ahora Secretaría de Trabajo, hasta los que acompañan los paros o forman parte de conflictos sindicales contra empleadores, a los que se suman, con cada vez mayor voltaje, los originados en el propio seno de la clase media.
En términos políticos, los dos primeros claramente están identificados con el particular enfoque clasista del kirchnerismo o en un sentido más amplio, con el peronismo.
El que encuadra socioeconómicamente entre el tercio de la población sumergida en la pobreza y el 15% a lo sumo de la franja superior de mayor poder de consumo (ABC1) representaría la mitad del padrón de votantes, en general indecisa o camaleónica en cuanto a cruzar con facilidad a una vereda o la otra.
De ahí que sean como las nueces de un ruido que va cobrando dimensión en la vía pública, el que ya enciende las luces amarillas en el tablero preelectoral de los estrategas de comunicación del gobierno y sus aliados de los grandes medios.
El silenciamiento en esos espacios mediáticos de mayor penetración de las noticias, que la propia gente forjó, activó y palpó en los respectivos barrios y localidades, pretendería algo así como morigerar la inercia que podrían adquirir con su multiplicación.
Con el correr de los días, al descontento general que despiertan los persistentes aumentos que horadan las economías familiares se le irían sumando dos factores políticos no menos riesgosos para el afán de impedir un regreso al populismo, como:
-el efecto que causen en el clima político nacional los resultados parciales de los comicios provinciales que se sucederán hasta mitad de año, previo a las PASO de agosto, y
-el procesamiento que haga en ese lapso el círculo rojo sobre si terminar de comprar candidaturas alternativas a la polarización Macri-CFK o resignarse a optar entre un guatamala oficialista y un guatepeor K como pretenden encorsetarlo desde el comando Pro de campaña.