Durante más de una década, Naomi no tuvo contacto con sus familiares. Conoció a su abuelo a los 11 años. Él no vio con buenos ojos su dedicación al tenis. Pero con el paso de los años, su actitud fue cambiando y hoy celebra las "raíces japonesas" de su nieta.
Osaka enfrenta prejuicios y estereotipos por sus raíces mixtas. Japón no es un país que celebre la diversidad, aunque en el caso de Osaka, ha sido acogida por la sociedad japonesa, explica la BBC. La tenista fue criticada recientemente por haberse visto envuelta en una extraña polémica: participó de la publicidad de una empresa de fideos instantáneos, Nissin, con la piel blanqueada.
En 2018, Osaka se enfrentó a su ídola, Serena Williams, durante la final del Abierto de USA. Osaka le ganó a quien es considerada una de las mejores jugadoras de todos los tiempos, pero el momento de gloria quedó opacada por el enfrentamiento de Williams con el árbitro, el portugués Carlos Ramos, a quien llamó "ladrón y mentiroso".
El asunto se transformó en un tema de género y racial, y el público estaba del lado de Williams, lo que opacó lo deportivo del evento. Osaka tuvo que escuchar abucheos mientras recibía el trofeo por el primer Grand Slam de su carrera, explica la BBC, al tiempo que intentaba esconder las lágrimas. "Siento que haya tenido que terminar así", se lamentó en ese entonces la japonesa.
Esta vez, en Australia, fue diferente. "En el tercer set literalmente solo traté de apagar todos mis sentimientos", explicó Osaka ante los periodistas. "Me sentí como vacía, como si fuera un robot. Simplemente estaba ejecutando mis órdenes, simplemente hice lo que he estado practicando toda mi vida". Según Rusell Fuller, corresponsal de tenis de la BBC, esta capacidad de cortar sus emociones cuando el premio está cerca, es clave del éxito de Osaka.
Fuller describe a la tenista como tímida, alguien que "se siente incómoda con el contacto visual directo" y a quien le cuesta mucho hablar en público. Su timidez puede ser confundida con soberbia, pero no se trata de eso. Según un reportaje de The New Yorker, en Australia, donde Osaka se enfrentaba a por el título -pero también estaba en juego su posibilidad de llegar a ser número 1 del mundo-, la tenista hasta se había puesto recordatorios sobre cómo desenvolverse en la ceremonia del trofeo. En una de las instrucciones, se ordenaba a sí misma recordar sonreír.