Sin ese 30% es impensable ganarle al oficialismo y con ese 30%, tal como dijo Alberto Fernández, el oráculo venido a menos, tampoco se podría, ya que los votos de Cristina a su vez espantan y provocan rechazo.
Estas elecciones encierran una paradoja surrealista: se parte más desde la intención de rechazo que de la posesión o intención de voto.
Esta es una muestra de la orfandad de la sociedad Argentina cuyas clases dirigentes se han ido descomponiendo producto de sus propios vicios.
La colección de cuadernos del señor Oscar Centeno cumplieron la función de ese inocente niño que se atrevió a decir lo que nadie se animaba "el rey está desnudo", en este caso los empresarios son corruptos.
Nuestra clase empresaria quedó al desnudo y parecería que no hubo excepción alguna, nadie podría justificar su patrimonio.
La dirigencia gremial también está desnuda pero, por el momento, le cubre sus partes íntimas la crisis económica heredada por el gobierno, es cierto. Pero, también, agravada por sus reiterados errores, algunos infantiles, aunque quizás nada inocentes, tal como el de haber financiado la corrida cambiaría o haber pagado los seguros de cambio del gobierno anterior, pese a que se denunció a quienes suscribieron los respectivos contratos por administración fraudulenta. Si se los pagó, se los reconoció como válidos, lo que es contradictorio con la denuncia aún en trámite.
La dirigencia cultural mostró su máxima expresión en ese grupo que se llamó "carta abierta" que terminó confundiendo a la sofistica con la filosofía.
En fin, por último la dirigencia política ahora, encuestas mediante, ve que la mayoría los rechaza o cuando menos no confía en ellos, por lo tanto los candidatos surgirán no entre una selección de los más idóneos, sino ente los menos malos.
Los oráculos amarillos han trasmitido una respuesta que no se sabe quién la formuló: el menos malo es Mauricio Macri, con eso basta.
Pasa que ese 60% que nos anotamos entre los que nos negamos a votar, finalmente seremos forzados a entrar en ese juego perverso, del "menos peor", ya que si no optamos por ninguno de ellos, votando en blanco o no votando, un poco más del 20 por ciento podría ser suficiente para que el país ingrese en otro purgatorio que podría ser más duradero que el padecido bajo los "K".
En una primera vuelta, el oficialismo será desmenuzado por varios candidatos que lo correrán por derecha y por izquierda y en el balotaje el 50% más uno, podría esconder otra fatalidad que en realidad solo representaría a un 20% o 30% de la ciudadanía.
La democracia también tiene sus mañas y parecería que el más mañoso, será quien gane solo en el conteo aritmético.
Tal como lo vengo insistiendo, nuestro sistema político es insuficiente, no sólo en Argentina. Nadie se pregunta porque surgen los Bolsonaro, los Trump, los Salvini, los chalecos amarillos, los brexit, los piquetes y todos estos movimientos que llamamos "antisistema" que ya tienen el efecto de la famosa puerta 12.
De todos modo y acá va el mensaje optimista, gane quien gane no tendrá un Congreso propio. Por eso, en verdad, quizás sea más importante prestar atención a la elección de gobernadores y diputados que son en definitiva los que están más cerca de la gente.