3. No tolerar las emociones negativas
Debemos practicar el permitirnos sentir las emociones difíciles. A nadie le gusta sentirse enojado, triste, rechazado o aburrido. Pero permitirnos y aceptar tener estos sentimientos, siendo conscientes de que nos toca atravesarlos por un rato, puede evitar que corramos a ahogarlos en comida.
4. El desprecio por la propia imagen corporal
Nos miramos al espejo: nos vemos gordos/as. No podemos imaginarnos más flacos. Nos angustia: comemos más. Así se genera una cadena negativa en espiral: como nos vemos mal y no nos podemos imaginar mejor, seguimos comiendo para confirmar lo que ya vemos. "Odiar tu cuerpo es uno de los principales factores del comer emocional", explica Kromberg. Aceptarse y amarse como uno es, sin condiciones, es una de las claves para poder parar con un hábito que nos hace mal. "Muchas personas me dicen que dejarán de odiar sus cuerpos cuando alcancen su objetivode bajar de peso. Yo digo que tenés que dejar de odiar tu cuerpo para poder parar de 'comer emociolamente'."
5. Cansancio y hambre
Kromberg advierte que llevar nuestro cuerpo a estados de cansancio o hambre extremo puede dejarnos vulnerables a la 'comida emocional'. Cuando nuestro cuerpo está hambriento o muy cansado, envía fuertes mensajes al cerebro pidiéndole una recompensa alimenticia. Esto nos deja muy expuestos a caer en la comida chatarra para saciarnos emocionalmente.
El psicólogo Arash Emamzadeh explica en la revista Psychology Today que, si bien hay factores genéticos que influyen en esta tendencia a comer por estrés o por cuestiones emocionales que nos están afectando, también hay factores psicológicos y situacionales.
Según un artículo publicado en la revista Appetite en noviembre de 2018, entre los determinantes biológicos del comer emocional están:
> El peso: aquellas personas que tienen sobrepeso tienen mayor tendencia a recurrir a la comida cuando experimentan sentimientos que no son placenteros. Algunas investigaciones asocian el sobrepeso con una mayor sensibilidad emocional.
> El sexo. En comparación con los hombres, las mujeres -quizás por sus cambios hormonales- son mucho más propensas a experimentar sentimientos intensos. Quizás es por eso que las mujeres tienen mayor tendencia a utilizar la comida para "calmarse" emocionalmente que los hombres.
El estudio, liderado por Alexandra Mantau, buscó estudiar las elecciones de comida hechas por 179 participantes en un ambiente universitario, tras haber manipulado sus estados de ánimo (ya sea positiva o negativamente), al tiempo que se valoraban otros potenciales determinantes del comer emocional. Los resultados hallaron que los factores psicológicos y los situacionales son más importantes que los determinantes biológicos en la elección de comidas.
Los factores situacionales son el hambre y el estrés.
Los psicológicos son: la restricción en las comidas o su monitoreo (lo que nos lleva a pensar en comida permanentemente), la impulsividad o la tendencia a actuar sin pensar en las consecuencias, la sensibilidad a la recompensa (algunas personas responden especialmente a las propiedades que tiene la comida chatarra para mejorar nuestro estado anímino), la evaluación que uno hace de las situaciones que nos afectan emocionalmente (por ejemplo, si tras una entrevista laboral en la que no nos fue bien, lo experimanetamos como un fracaso humillante o como una lección valiosa para el futuro).