Cuando era muy chico, Andy sufría de ataques de pánico cuando estaba en lugares muy concurridos; además, tenía dificultades para hacer actividades cotidianas, lavarse los dientes era un reto diario, producto dela falta de concentración.
Aunque cuando fue adoptado ya le habían diagnosticado el síndrome, su madre asegura que los servicios sociales no le dieron mucha importancia.
Sumado a los problemas pedagógicos, el hecho de que su madre biológica bebiera mientras estaba embarazada también le provocó problemas físicos. La mandíbula inferior se le desarrolló correctamente, pero la superior no le creció y se le quedó como cuando era pequeño, por lo que a los 17 años tuvieron que operarlo.
Para su hermana adoptiva Rachel las cosas no fueron muy distintas; mover sus articulaciones y caminar grandes distancias fueron solo alguno de los problemas en la infancia. Mientras que al cumplir los 10, la chica que hoy tiene 16 años, dejó de crecer.
Luego de 10 años de ser diagnosticada, entre otras cosas, sufre trastorno por déficit de atención con hiperactividad.
Tal y como reseña la BBC, no existen registros de cuántos niños están afectados por este síndrome, y es que suele ser difícil de diagnosticar, lo que justifica, en parte, la falta de documentación.
Los defectos provocados por este síndrome son irreversibles, según destaca en su página web la Clínica Mayo. Defectos físico, problemas cerebrales y del sistema nervioso central, entre otros, suele ser los obstáculos que tienen que enfrentar las personas que logran pasar la etapa neonatal.
Síntomas del síndrome alcohólico fetal
- Cabeza más pequeña que la media
- Crecimiento deficiente
- Problemas de movimiento y coordinación
- Dificultades de aprendizaje
- Problemas de comportamiento y de atención
- Problemas en el hígado, los riñones, el corazón u otros órganos
- Problemas de audición y visión
Testimonios: sentimientos encontrados
"Hay que ayudar a diagnosticar a todos los niños que lo sufren y ayudarlos para evitar que padezcan trastornos derivados, como problemas de salud mental. El síndrome alcohólico fetal es un daño cerebral permanente, pero no una condena de por vida. Con ayuda, pueden vivir una vida plena", explica Sharon, la madre adoptiva.
Mientras que un estudio del Centro de Adicción y Salud Mental de Canadá estima que cada año nacen en el mundo unos 119.000 niños con síndrome alcohólico fetal.
Por su parte, tanto Andy como Rachel tienen sentimientos encontrados cuando piensan en sus madres biológicas y la pregunta siempre será: "¿Será que no le importaba?"
"Tengo que luchar cada día con unos síntomas sabiendo que eran totalmente evitables. Es muy duro, pero a veces pienso que no sé cuál era la situación de mi madre biológica ni cuáles eran sus circunstancias", aseguró Andy a la BBC.
No obstante, Rachel asegura que sus sentimientos se encuentran divididos: "Me siento frustrada y triste, pero intento ser comprensiva porque puede que mi madre biológica no supiera las consecuencias de lo que hacía. De todas maneras, yo tengo que vivir cada día sabiendo que soy diferente porque una persona cometió un error".