Por lo tanto, si bien la inflación comenzará a reducir su aceleración en octubre, la reducción no sería significativa, y estaría rondando el 5%.
Para el último bimestre del año hay aumentos previstos de tarifas, pero no confirmados aún.
Impactará en noviembre parte de la aplicación de la última etapa del aumento del boleto en trenes y colectivos, habrá incrementos de prepagas en diciembre y probablemente haya algún ajuste más en combustibles.
Por otro lado, también queda pendiente suba del subterráneo, que puede aplicarse distribuido entre noviembre y diciembre, extender esta distribución a los primeros meses de 2019, o bien directamente dejarlo para principios del año que viene. Y también queda pendiente subas en el servicio de agua potable.
Las presiones inflacionarias vendrán por otro lado.
En primer lugar, entre agosto y septiembre no sólo hubo un abrupto salto del dólar, sino que tuvieron lugar significativos aumentos de tarifas y combustibles.
Esto implica que los precios deben acomodarse a un nuevo conjunto de precios relativos que seguramente generarán presiones en la última parte del año y el inicio del próximo, aun cuando se logre estabilizar el tipo de cambio.
Por otra parte, y producto de la caída del poder adquisitivo a lo largo de este año 2018, cercana al 10%, algunos sindicatos están previendo mejoras salariales para sus afiliados.
Si bien esto no tendría un alcance masivo (en enero se activarán las cláusulas de renegociación incluidas en la mayoría de las negociaciones pasadas), estas recomposiciones pueden también generar ciertas presiones para la suba de precios.
De todas maneras, cabe destacar que todo esto se dará en un escenario recesivo, lo que dificulta también el traslado a precios de los mayores costos: sólo subirían los precios cuya demanda se lo permita.
En este contexto, en el último bimestre del año la inflación mensual volvería a promediar 3%, similar a los meses previos al salto del dólar.