1. Sobrecargados de obligaciones, no tenemos tiempo de ocio
Esta publicidad muestra a una pareja que no puede dormir. "Tuve un día de locos hoy", dice el hombre a su mujer. "Reunión imprevista en el trabajo, la verdad que no me la esperaba, fui a jugar al fútbol para relajarme, jugué pésimo, corro, corro y no toco la pelota." Ella le relata a continuación el día de locos que tendrá mañana. "Yo mañana arranco el día re temprano con una reunión de mamis, de ahí, voy a la presentación del proyecto, y de ahí tengo que venir volando a casa a estudiar con Emi matemática. Crea que el día no me va a alcanzar", explica la mujer mientras el hombre ya se cayó de la cama, agobiado ante la sumatoria de obligaciones. "Si tu día a día te quita el sueño, Melatol Plus te lo devuelve noche a noche".
Esta propaganda escenifica uno de los mayores problemas de la sociedad actual. Estamos tan sobrecargados de responsabilidades que, en nuestra exigencia por cumplir con todo, no tenemos casi tiempo de ocio, tiempo de nada, tiempo de pausa, de meditar sobre nuestras decisiones, disfrutar el tiempo con nuestros seres queridos. Todo tiempo es tiempo de acción. ¿Qué pasa con el descanso? En nuestro ímpetu por satisfacer nuestros deseos y cumplir con nuestras obligaciones, prestamos atención a lo urgente y a veces olvidamos lo importante.
2. Debemos parecer eternamente jóvenes
Esta propaganda habla de esa instancia en que a una mujer empiezan a llamarla "señora", al que describe como "uno de los momentos más críticos de nuestras vidas". Esta palabra, dice el comercial, puede producirnos indignación, confusión, furia, negación. La publicidad nos invita a tomarnos el "señora" de manera diferente y optar por un cambio que, en apariencia, podría retrasar el efecto señora durante unos años. Eso es, teñirnos el pelo, taparnos las canas.
No es casualidad que la publicidad esté centrada en torno a una mujer. Desde ya, son ellas las que más se tiñen el pelo, pero además, es sobre ellas que recae más fuerte el mandato de ser eternamente jóvenes. Aunque no es exlcusivo de las mujeres: la juventud como valor está sobreestimada en nuestra sociedad. Esto conlleva otros efectos como el maltrato y discriminación a los ancianos. Este rechazo tiene consecuencias severas para su salud, tanto psíquica como física.
3. Es mandato pasarla bien: La fobia al dolor
Esta publicidad de Actron cuenta la romántica historia de amor de un chico y una chica, desde que son compañeros de escuela, van transitando por distintas etapas de vida hasta llegar al casamiento. El problema llega en la luna de miel, porque, según dicen, hasta en el paraíso hay mosquitos. En este caso no es un mosquito el que amenaza con arruinar la escapada romántica de los flamantes novios, sino un dolor. Para ser más específicos, un tirón en la espalda. Pero, como rezaba una publicidad anterior del mismo producto, "en tu vida, no hay tiempo para un dolor". Es precisamente cuando el novio se agacha para cargar a la novia en sus brazos, a punto de entrar en el hotel frente al mar donde se hospedan, que frunce la cara y dice: "la espalda". "Un dolor puede interumpir tus mejores momentos", retruca entonces la voz en off.
Una de nuestras características como sociedad es que nos hemos vuelto fóbicos al dolor y a la incomodidad. Un tirón en la espalda representa que no somos eternos ni estamos hechos de acero. Somos vulnerables, estamos en este mundo a ciegas, hay miles de factores alrededor nuestro que no controlamos. Sin embargo, hay algo que sí podemos controlar o evitar y es sentir dolor, a partir de tomar un medicamento. La contracara de esto es el mandato que dice que debemos pasarla siempre bien, estar siempre felices, ya que lograr la felicidad, se supone, es lo más importante en la vida. Incluso ha surgido en USA una nueva disciplina: los "estudios de la felicidad" y existe una industria en torno a esta búsqueda.
4. Nos gusta la improvisación
"Los argentinos podemos solucionar todo con muy poco", dice esta propaganda. Un rasgo que se ha destacado siempre, desde distintas miradas que van de las positivas a las negativas. Algunas escenas que muestra el comercial ejemplifican esto. Un hombre toma su desayuno en un café y la mesa sobre la que está leyendo el diario se mueve: lo soluciona aplicando una pequeña servilleta doblada debajo de una de las patas de la mesa. En una reunión, un grupo de personas que podrían ser amigos o parientes se sientan a almorzar pero falta un lugar: se soluciona utilizando un cajón de madera (de los que suele haber en las verdulerías) como banquito. Una chica apila libros para conseguir que su celular quede a la altura de su cara, para hablar por cámara con su amiga de manera más cómoda. Un picado de fútbol se juga con una pelota improvisada. Los resultados de un partido de truco se van contabilizando con fósforos. Una mujer amasa utilizando una botella de vidrio en lugar de un palo de madera. Y una reunión familiar se transforma en fiesta cuando 2 personas comienzan a bailar.
Definitivamente, un rasgo cultural muy marcado, tanto para lo bueno como para lo malo. Quizás es nuestro origen como país de inmigrantes, o las sucesivas crisis económicas y políticas que hemos pasado a lo largo de nuestra historia, pero lo cierto es que los argentinos hemos aprendido a surfear con estilo las circunstancias, improvisando la tabla de surf con lo que tenemos a mano.
5. Un país de exigentes, en el que "hay que remarla"
"En este país, hay que remarla más que en cualquier otra parte del mundo", nos introduce esta propaganda de Vino Toro. "Acá, el 10% de propina, no está incluida en la cuenta. Te lo tenés que ganar", grita un mozo por altavoz, desde un bote en el que varias personas van remando. "Los de sistemas, damos soporte en la oficina y en la casa de una tía", se queja otro. "Más que corte de pelo, hay que saber hacer cirugía plástica", grita una peluquera. "Acá nos dicen que somos ciegos, pero para poder dirigir tendríamos que ser sordos", se queja un árbitro de fútbol. "Laburar acá cuesta el doble", dice una voz en off.
Y es cierto: los argentinos somos exigentes, demandantes e incoformistas. Estas características, como todas las demás, no son intrínsecamente buenas ni malas. Serán lo que serán según lo que hagamos de ellas. Por un lado, a veces podemos vovernos un poco insoportables en nuestra pretensión y exigencia. Sin embargo, estos atributos también sacan de nosotros eso de lo que habla la propaganda: la voluntad de hacer un esfuerzo doble, de luchar por que las cosas salgan bien, por dar lo mejor de nosotros.
6. Adictos a las selfies: cuando la apariencia es todo
"Alta facha, todos somos facha", canta Miss Bolivia en esta publicidad de TopLine. "Alta facha para el Me Gusta, para el Me Encanta". Un rasgo cultural innegable -que no es exlcusivo de Argentina- se esconde detrás de esta publicidad: hoy las apariencias importan más que nunca. Eventos enteros se montan a veces, no con el objetivo de ser disfrutado por los participantes, sino con el objetivo de sacar fotos y obtener movimiento en las redes.
Si caminamos por las calles porteñas hoy, los veremos: ellos y ellas, de toda edad -no es exclusivo de los millennials- mirándose al celular como si fuera un espejo y poniendo alguna cara divertida o sensual. La vanidad no es problema excepto cuando se vuelve el centro exclusivo de nuestra vida. En ese caso, corremos el riesgo de que nos pase lo que a Narciso, quien sufría la condena de amar el reflejo de su propia imagen. Absorto en ella, incapaz de separarse de su reflejo en una fuente, terminó arrojándose a las aguas.