El euro, la moneda común de los países que adhirieron a su régimen, en definitiva, visto a esta altura, parecería que agravaron los problemas de los países más débiles y fortalecieron a los más desarrollados.
La moneda única no solucionó los problemas estructurales de los países más débiles ni evitó, como fue el caso de Grecia que, se gastara en exceso y se hiciera abuso del endeudamiento.
Es como si mañana se cambiara el sistema de medida de la temperatura de una persona bajándose la numeración 10 números.
En ese caso en vez de 37 seria 27 la base para considerar si la persona esta afiebrada, no cambiaría nada, lo cierto es que con 27 o mas no estaría sana.
Administrar el tipo de cambio que no es más que un modo primitivo de mantener el valor de una moneda que vale poco o nada, es una forma de esconder la propia incapacidad y la realidad.
Durante este gobierno se mantuvo el atraso cambiario, como lo hicieron varios gobiernos antes, incluido obviamente el de Kristina, como si eso fuera una política sana y expresión de un plan económico coherente, sea de corte estatista, liberal o neo liberal o como se lo quiera llamar.
Lo cierto que ese manipuleo cambiario -consecuencia más de una muy hábil prestidigitación que de una inteligente política cambiaria por parte del Banco Central-, termina en el FMI, luego en el “waiver”, luego en la renegociación y finalmente el default que puede ser celebrado en el congreso de la nación y por parte de la sociedad, como un hecho de soberanía popular ejemplar.
Para concretar no se trata de tener “déficit cero” que en verdad será de alrededor del 3% del PBI por el pago de intereses de la deuda.
La cuestión del déficit o superávit depende de la calidad del gasto ya que de nada valdría tener superávit, si carecemos de bienes y servicios públicos esenciales como nos ocurre desde hace años.
De poco sirve tener “déficit cero” que sería operativo en el caso del gobierno, con el 30% o más de pobreza; con una inflación estimada del 24% como estaría previsto en el presupuesto 2019 y un tipo de cambio de $ 42.00 que ya significaría una vez más ingresar en la ruta del atraso cambiario, con lo cual se volvería a castigar el comercio exterior e ingresar en un nuevo proceso de lento desgaste.
Es lamentable que la oposición entre en el mismo juego para sacar patente de “razonables y prudentes”.
Lo que la política debe proponer es un programa de gobierno realizable y posible. En esa perspectiva nuestra moneda y el tipo de cambio se acomodaran en valores razonables por añadidura, sin necesidad de practicar magia monetaria.
Ese es el desafío pendiente y obviamente no lo puede responder solo el gobierno.
Hasta ahora ningún edificio se pudo empezar a construir desde el último piso… pero lo seguimos intentando.