James Tanaka comenzó a explotar este método en la década de los 2000. Este psicólogo cognitivo de la Universidad de Victoria, en Canadá, desarrolló Let’s Face it!, una serie de minijuegos cuyo objetivo era aprender a interpretar las diferentes expresiones faciales humanas.
Cuarenta y dos niños jugaron con el prototipo durante veinte horas. El resultado: la mayoría mejoró su habilidad para interpretarlas.
En el año 2013, además, los creadores de Minecraft desarrollaron Autcraft, un servidor para que los niños autistas ejerciten sus destrezas sociales y mejoren su capacidad para desenvolverse.
Para tratar transtornos alimentarios, como la bulimia, también pueden utilizarse videojuegos. Fernando Fernández-Aranda y Susana Jiménez Murcia, de España, se unieron para desarrollar un juego dirigido a pacientes con patologías asociadas a la impulsividad.
Entonces, crearon Playmancer, un juego de realidad virtual que introduce a los pacientes en una isla en la que deben enfrentarse a diferentes situaciones, con las que entrenan su capacidad para gestionar emociones como el estrés, la frustración y la impulsividad.
¿Y el alzheimer? Se trata de una enfermedad que no tiene cura, pero hay tratamientos que se orientan a ralentizar los síntomas. El principal es la pérdida de la memoria, que con el paso del tiempo se va agravando.
De esta manera, a través de los videojuegos, se podrían realizar ejercicios mentales que ayuden a mantener la memoria y otras habilidades, como la atención o la orientación.