Es obvio que el gobierno anterior y el actual tuvieron y tienen los medios para precisar con bastante exactitud la situación de la gente para dirigir los subsidios a quien realmente los necesiten.
Ahora bien el gobierno “K” poco interés tenía en la administracion correcta de los recursos del Estado y Roggio desnudó -si dijo la verdad- su hipocresía y perversión.
Lo imperdonable es que el gobierno actual no haya corregido esta perversión del subsidio indiscriminado a la oferta al asumir en diciembre de 2015 y recién en este último tiempo y cuando sus fuentes de financiamiento se agotaron, haya iniciado la depuración del sistema llevando el nivel tarifario de los servicios públicos –incluida la energía- a una mejor relación con el costo de prestación.
No cabe duda que, de todos modos, hay que trazar una diferencia.
El gobierno K lo hacía para incrementar su botín, lo que ahora salió a la luz, merced a la palinodia tardía de Roggio.
El gobierno de Mauricio Macri mantuvo la situación, con un costo fiscal del que ahora se lamenta, por carencia de idoneidad y voluntad política, escudados en la cobardía del gradualismo.
En un punto la Korrupcion y la inhabilidad coinciden en el mal uso de los recursos públicos y siempre terminamos pagando los mismos, los 8 o 10 millones de contribuyentes.
Unos merecen el castigo por chorros, los otros por inútiles.
A Martin Luther King le preocupaba el silencio de los buenos, ahora nos debiera preocupar la falta de idoneidad de los decentes.
Tenemos que tener en cuenta que los gobiernos provinciales no pagaban subsidios y los precios de los servicios del transporte eran muy diferentes a los vigentes en el conurbano bonaerense y Ciudad de Buenos Aires.
No sé si era por virtud o más bien porque carencia de recursos.