La maldita ortodoxia argentina

“Me da bronca cuando la gente espera lo peor como triunfo”,
Tomas Abraham
Pablo Avelluto, ministro de Cultura, un cargo superfluo y fatuo, es como si mañana se creara el Ministerio de la Honestidad o de la Buena Fe, criticó por sus malas opiniones que les merecen gobierno de Mauricio Macri, a Tomas Abraham y Beatriz Sarlo.
"Hay una incomprensión por parte de ambos de la transformación cultural que se produjo en la sociedad para terminar expresándose políticamente en Macri. Siguen pensando, con algún grado de nostalgia en el caso de Beatriz y con escepticismo radical en el caso de Tomás, en una suerte de destino necesario de fracaso por parte de la Argentina y de imposibilidad".
La verdad que esta declaración crítica es paradojal ya que asume con absoluta falsedad que la sociedad argentina se ha transformado, cuando los indicadores de pobreza, indigencia, educación, comercio exterior, economía, son negativos y dicen lo contrario, por mencionar algunos.
La verdad es lo inverso la sociedad argentina ha continuado en su proceso de decadencia y fracaso.
En todo caso hubo una aceleración, ya que el “Kristikirchnerismo” tuvo la perversa habilidad política para hacernos creer que lo peor es mejor que nada y que por lo tanto hacer lo peor es sinónimo de “triunfo”, de allí vino ese también perverso eslogan de “la Década Ganada”.
Esa percepción de la gente ha quedado demostrada en el hecho que el balotaje que en noviembre de 2015 llevó a Mauricio Macri a la Presidencia, se definió por menos de 3 puntos.
Es decir casi un 49% creía que estaba bien. Lo peor era lo bueno.
El otro 52%, se componía de los “antiKristina”, cultores de la grieta desde este lado (la estrategia política del gobierno y de Jaime Durán Barba) y de otro segmento minoritario dividido a su vez en una parte mayoritaria que está convencido que la sociedad argentina debe cambiar, pero querría tener un cambio indoloro, sin costo alguno de perfiles mágicos por el solo hecho de que no haya un gobierno de perfil peronista K, peronismo racional, o peronismo lavado (Sergio Massa) y otro mínimo sector que está realmente dispuesto a soportar y participar en el esfuerzo que exige todo cambio.
Es probable que el 49% “opositor” hoy esté peor que con el gobierno “K”, pero también está peor un amplio segmento del 52% restante, integrado por los descontentos con Macri, los que se sintieron defraudados porque no se gestionó con habilidad e idoneidad política la transición previa a todo cambio sustancial y aquellos que no fueron escuchados en sus criticas y además fueron reprochados con la soberbia y la adulonería propia de los inútiles.
El gobierno creyó con más ingenuidad y diría “falta de praxis”, o de calle, tal como dirían en mi barrio que mala fe, que la mera eliminación y simplificación de algunos trámites burocráticos expresaba una firme voluntad de cambio, que es lo que parece creer el Ministro de “Cultura” (sic) Avelluto.
Precisamente esos pocos cambios entre los que incluyo a guisa de ejemplo, la eliminación del famoso “cepo cambiario” que quedó reducido a la libertad para comprar monedas más valiosas que la nuestra, pero que lamentablemente no fue consecuencia de una política sistémica por eso salió mal. Prueba de la “mala praxis” cambiaria, fueron los US$ 13.000 millones que se fueron para financiar la corrida (sic).
Un costo muy elevado, más del 20% del aporte que haría el FMI si aplicamos los recursos con más y mejor racionalidad como nos obligamos a hacerlo, lo que no significa “ajuste” según la versión populista.
Los gobiernos son expresión cabal de sus pueblos y los gobiernos argentinos se caracterizan por su extrema ortodoxia de seguir haciendo las mismas cosas que cimentan, cada vez con más fuerza, la decadencia y el fracaso. El Dr. Alberto Cormillot, con inusual acierto lo calificó como “empecinamiento terapéutico” de nuestros sucesivos gobiernos.
Tomas Abraham lo definió con una genial sencillez que parafrasearía asi “cuanto peor hagamos las cosas, mejor, asi se gana”.
El gobierno de Mauricio Macri una vez más tergiversó los conceptos y pretendió hacernos creer que el “gradualismo” era uno de los caminos del cambio.
Él mismo reconoció su fracaso.
Ese fracaso significa que podría ser y yo le creo, que Mauricio Macri, este convencido que debemos cambiar, pero no basta con decirlo con más o menos énfasis, el énfasis por el contrario irrita porque en definitiva cuanto “menos se puede, mas se enfatiza”. Es un síntoma de impotencia cultural.
En esta perspectiva el ministro de “Cultura” (sic) debió entender las críticas de Beatriz Sarlo y Tomas Abraham, en vez de conjeturar como pasajero de taxi.
Los cambios beneficiosos para la gente solo los pueden producir dirigencias cultas y este gobierno carece de gente con esas cualidades, algunos podrían ser “buenos técnicos”, pero también es cierto que les cuesta demostrarlo.
Es evidente que a Mauricio Macri y su gobierno de expertos de viejos boliches de esquina, le hemos exigido, por lo menos ese 52% que lo votamos, algo que no podrían hacer, tuvieron vocación e idoneidad para ganar elecciones y como dice Jorge Giacobe, para echar a Kristina y punto. No sirven para otra cosa.
Lo negativo y perjudicial es que no tienen vocación de liderazgo y que si Macri insiste en su reelección podría traer de regreso a Kristina o “algún otro “yo” de ella”.
No sería bueno que regrese “ella”, tampoco que Mauricio Macri se postule para su reelección.
Esta vez no contará con mi voto y estoy dispuesto a correr el riego del regreso “K”. Seguiremos con lo “peor”.
El riesgo es que la sociedad argentina siga creyendo que lo “peor” al fin de cuentas, “es lo mejor” y que cualquier financiamiento de la política está permitido.
Parecería que el gobierno nacional desvía la cuestión del financiamiento de la política a la Provincia de Buenos Aires y a la persona de su único cuadro político Maria Eugenia Vidal.
Laura Di Marco escribió en “La Nacion”: “Pero ¿quién diseñó este armado sospechoso, que luego se filtró? En la línea del fuego amigo, desde las propias entrañas de Cambiemos, hay voces que le apuntan a Jorge Macri, el "primo pobre". En 2006, el primo presidencial se convirtió en presidente del PRO bonaerense. Desde el inicio, fue el primer adelantado del macrismo en esa tierra hostil y tuvo a su cargo no solo aspectos del financiamiento, sino la crucial estrategia de las afiliaciones, para legitimar su fuerza política en un territorio alambrado por el peronismo. El primo construyó el macrismo bonaerense con un aliado fundamental: el binguero Daniel Angelici.”
Para pensar…