Las protestas, sin embargo, parecían bien coordinadas y, en algunas ciudades, las autoridades de la ciudad apoyaron a las personas y les otorgaron permiso para protestar. Incluso para los funcionarios, era difícil ignorar los horribles olores que emanaban de los vertederos, o las furiosas madres y padres de niños envenenados. Una de estas ciudades era Serpukhov, a unas 60 millas (90,5 kilómetros) al sur de Moscú.
Una semana después de que comenzaran las protestas, un funcionario del distrito de Serpukhov, Alexander Shestun, fue invitado al Kremlin. Allí, se reunió con Ivan Tkachev, un general del Servicio Federal de Seguridad (FSB), la poderosa agencia de inteligencia de Rusia que sucedió a la policía secreta de la era soviética, la KGB. Preocupado por la reunión, Shestun decidió grabar secretamente la conversación, que luego publicó en YouTube.
En la grabación, Tkachev amenaza a Shestun: "Te arrollarán si no renunciás", dice. "Estarás en prisión. Igual que muchos otros antes que vos. No entendés, es una gran [purga]".
Intentando demostrar que estaba recibiendo órdenes del Kremlin, Tkachev enumera a varios altos funcionarios que ya habían sido encarcelados, incluido un general que se desempeñaba en el Ministerio del Interior. y 2 gobernadores.
Tkachev incluso sugiere que Andrey Vorobyov, gobernador de la región de Moscú y ex presidente del partido gobernante Rusia Unida, podría ser el próximo objetivo.
El torpe intento del FSB de silenciar a Shestun no fue un incidente aislado. Más bien, la intimidación y represión selectiva, dirigida por el Kremlin y ejecutada por el FSB, fue un episodio revelador del nuevo modelo de gobierno desarrollado por el presidente ruso Vladimir Putin en los últimos 3 años, y el papel de los servicios de inteligencia dentro de ella.
La nueva nobleza
Desde el ascenso de Putin al poder en 2000 hasta hace muy poco, el FSB disfrutó de la condición de "nueva nobleza", en palabras de su ex director Nikolai Patrushev. La agencia fue financiada generosamente, inmune a la supervisión y libre de actuar contra los enemigos reales y percibidos del Kremlin. También proporcionó recursos humanos, y oficiales (generales y coroneles), para ocupar puestos importantes dentro de las corporaciones estatales y estatales. Durante un período de tiempo, el FSB se convirtió, tal como lo describimos Irina Borogan y yo (N. de la R.: Andrei Soldatov) en 2010, en la verdadera élite del país.
Durante sus primeros años en el cargo, Putin, él mismo un ex oficial de la KGB, había trabajado para revertir la descentralización de los servicios de inteligencia rusos que había ocurrido en la década de 1990, una tarea que involucraba concentrar el poder dentro del FSB y permitir que su personal acumulara riqueza e influencia política. Putin esperaba que esto convertiría a los servicios de inteligencia en algo así como una nueva clase sociopolítica, leal al Kremlin, con un interés en la estabilidad del régimen y capaz de servir como un freno a las ambiciones de los poderosos oligarcas de Rusia.
Sin embargo, para muchos de estos nuevos nobles facultados, las tentaciones del poder y la falta de supervisión eran demasiado fuertes para resistir a la corrupción. A mediados de la década de 2000, los servicios secretos de Putin -incluido el FSB, el Servicio Federal de Control de Drogas (FSKN) y el Servicio de Seguridad Presidencial- se enfrentaron, lucharon, espiaron y se encarcelaron mutuamente, compitiendo por el botín. Muchos, de hecho, se habían convertido en mercenarios de los oligarcas que se suponía que debían supervisar. En 2007, Viktor Cherkesov, jefe de la FSKN y amigo cercano de Putin, se quejó que "los guerreros" de los servicios de inteligencia se habían "convertido en comerciantes" después de que su adjunto, el general Alexander Bulbov, fuera encarcelado por la FSB por escuchas ilegales. Debido a que Cherkesov se había quejado en público, él perdió su trabajo.
La confianza de Putin en el FSB, además, resultó estar fuera de lugar. La agencia no pudo anticipar las protestas masivas que golpearon a Moscú en 2011, y una vez que comenzaron las protestas, fue impotente para responder al uso de las redes sociales que hicieron los manifestante para movilizarse y organizarse. Cuando el FSB envió una solicitud a la red social más popular de Rusia, Vkontakte, para que retirara las páginas utilizadas por los manifestantes, lo hizo por fax.
Durante las etapas iniciales de la crisis 2013-2014 en Ucrania, Moscú envió un equipo de FSB para ayudar a su aliado, el presidente Viktor Yanukovych. Para el Kremlin, Ucrania era el país más importante entre las antiguas repúblicas soviéticas, y mantenerlo dentro de la esfera de influencia de Rusia era primordial. Pero los oficiales de la FSB no sólo dejaron de ayudar a Yanukovych a mantener el poder, sino que ni siquiera lo vieron perder su autocontrol, y fueron tomados por sorpresa cuando él, montado en su propio pánico, huyó de la capital en febrero de 2014.
Disciplina de trabajo
Después de estas fallas de montaje, Putin comenzó, alrededor de 2015, a cambiar el esquema. Él de deshizo de viejos amigos, beneficiarios del papel ampliado de los servicios secretos. En agosto de 2015, Putin derrocó a su ex aliado Vladimir Yakunin, ex oficial de la KGB, de su puesto de jefe del monopolio estatal de ferrocarriles de Rusia. Luego, en 2016, se ocupó de los 2 Ivanovs: en mayo despidió a Viktor y disolvió su agencia, el FSKN; y en agosto bajó de categoría a Sergei, su jefe de gabinete. Ya por entonces, Putin también dejó de usar el FSB como una base de reclutamiento para puestos importantes en el gobierno y la economía.
El objetivo de estos cambios no era hacer que los servicios de inteligencia fueran menos importantes; sino reducir su autonomía. Putin estaba abandonando la búsqueda de un sistema estable de gobierno postsoviético, en el que se suponía que la nueva nobleza desempeñaba un papel crucial.
En cambio, dejaba en claro que lo que necesitaba era un instrumento, puro y simple, para proteger su régimen.
El nuevo modelo es familiar desde finales de la Unión Soviética, cuando el Politburó tomó las decisiones y mantuvo los servicios de inteligencia a raya, con un espacio mínimo para la acción independiente. La KGB, a su vez, mantuvo a las élites inestables (e intimidó a la población) mediante la represión selectiva, una estrategia que el líder soviético más querido de Putin, Yuri Andropov, había llamado "mejorar la disciplina laboral". Y mejorar la disciplina es exactamente lo que Putin ha comenzado a hacer.
Gobernadores y funcionarios se encontraron en prisión por corrupción; directores de cine, científicos y gente común fueron encarcelados, acusados de ayudar a Ucrania. El FSB jugó un papel importante en estas medidas enérgicas, pero nunca por su propia iniciativa. Ahora Putin, que gobierna a través de la Administración Presidencial, tiene la última palabra, reemplazando eal Politburó.
Una parte crucial de este nuevo modelo es mantener a todos inestables, incluidos los servicios secretos y la aplicación de la ley. El año pasado, el FSB fue golpeado por las purgas en su dirección de Moscú y su unidad cibernética, el Centro de Seguridad de la Información, cuyo jefe, Andrei Gerasimov, se vio obligado a retirarse.
2 jefes adjuntos fueron procesados:
> Sergei Mikhailov terminó en la cárcel, mientras que
> Dmitry Pravikov recibió una sentencia en suspenso.
El FSB también se sintió profundamente avergonzado por un caso ampliamente publicitado en 2017 contra el mayor general Vladimir Podolsky, un ex comandante de la legendaria unidad de fuerzas especiales del FSB, Vympel, quien fue acusado de fraude y sentenciado a 4 años de prisión.
Algunos entendieron rápidamente que el país volvía a un modelo soviético. En una entrevista de diciembre de 2017 en el centenario de la fundación de la Cheka, el notorio predecesor de la KGB, el director del FSB, Alexander Bortnikov, encontró algunas palabras cálidas para Lavrenty Beria, el verdugo principal de Iósif Stalin, y elogió aspectos de sus Grandes Purgas. Otros han mantenido un perfil bajo. La agencia de inteligencia militar de Rusia, la GRU, está reduciendo su presencia pública; y la Guardia Nacional, recientemente formada, ha abandonado su ambición de obtener poderes de vigilancia.
Volando a ciegas
El nuevo modelo de Putin sugiere poco espacio para rivalidades y enemistades interinstitucionales. Todos los burócratas de Rusia, desde ministros hasta generales del FSB y funcionarios regionales, ahora enfrentan el mismo futuro incierto. Esto debería mantener a las élites del país bajo control, ya que todos temen realizar un movimiento no autorizado. Para lograr esta seguridad, Putin está incluso dispuesto a sacrificar la capacidad de planificación a largo plazo; nadie espera que los temerosos burócratas, o incluso los espías, planifiquen el futuro.
Sin embargo, este nuevo modelo tiene otro defecto fatal. Putin vio al difunto modelo soviético desde su posición de oficial de rango bajo de la KGB, en un departamento regional en Leningrado y, más tarde, en Alemania Oriental. Él estaba demasiado lejos del centro del poder en Moscú para ver por sí mismo los fallos de ese sistema, que no fue capaz de predecir ni evitar el colapso soviético.
El problema clave para el modelo soviético tardío era que los servicios de información, incluida la KGB, finalmente dejaron de suministrar información crítica a la cima por temor a decirles a sus jefes lo que no querían escuchar. Es, irónicamente, un problema que Putin nunca entiende. Él ya vio sus servicios secretos fallarle en momentos de crisis, tal como durante las protestas de Moscú. Pero con su método de arreglarlos, Putin se está abriendo a consecuencias aún más desastrosas.