Cuando visitan los estacionamientos donde se congregan los fanáticos, en ocasiones las porristas van de dos en dos o en grupos reducidos para sentirse más seguras, reveló el sitio El Diario.
“No había ninguna protección para eso”, sostuvo Holt al medio The New York Times. “Uno tiene que andar donde están acampando, ir a las tiendas de campaña, departir con los aficionados y mover los pompones. Y en ocasiones hay desagradables hombres mayores que han estado bebiendo y dicen algo indebido. Es común, y la industria lo sabe”.
Una porrista que lleva mucho tiempo con los Vaqueros de Dallas recordó un partido local cuando su escuadra caminó cerca de un grupo de seguidores de las Águilas de Filadelfia. “Íbamos caminando, saludando y sonriendo, cuando me llamó la atención un hombre”, declaró la porrista, pidiendo no ser identificada debido a que, como a muchas otras, la obligaron a firmar acuerdo de confidencialidad. “Me miró y dijo, ‘¡ojalá te violen!’. Ése es el tipo de cosas que nos han gritado. Inclusive nuestros aficionados, en cuanto se emborrachan, gritan cosas y uno piensa, ‘¿en serio?’. Es parte del trabajo. Se supone que uno lo acepte”.
Reconociendo el problema, algunos equipos abordan el acoso en la capacitación y mediante los folletos dados a las integrantes de la porristas y el equipo de baile. Las mujeres siguen siendo enviadas a las fiestas en los estacionamientos, las suites de aficionados importantes o las tribunas.
A las porristas se las manda asimismo a hospitales, fiestas de cumpleaños o de oficinas y a supermercados para ayudar a promover a sus equipos. A menudo, son enviadas sin medidas de seguridad.
Los Vaqueros de Dallas enseñaban a sus porritas y bailarinas qué decir a las personas que les dijeran cosas ofensivas o las tocaran en forma indebida. Las mujeres tenían instrucciones de nunca molestar a los seguidores.
“Nos enseñaron cómo responder si alguien nos tocaba”, manifestó la veterana porrista de los Cowboys. “Nos dijeron que dijéramos cosas como, ‘eso no es muy agradable’. Ser tiernas, no groseras. Decir, ‘¿puedo pedirte que no te pares aquí?’. Usar el lenguaje corporal para ayudar a prevenir la situación. Nunca portarse fea. Nunca. Siempre ser cortés. Porque de no ser por los aficionados no estaríamos aquí —así es como se su supone que pensemos sobre esto”.
“Ahora… yo creo que nos deberían entrenar a levantar la mano y decir, ‘seguridad, ¡alejen a este hombre de mí!”.
En comunicado, un vocero de la NFL señaló que “la NFL y todos los clubes miembros de la NFL respaldan las prácticas de empleo justo. Los empleados y colaboradores de la NFL tienen derecho a trabajar en un entorno positivo y respetuoso donde no exista ningún tipo de hostigamiento”.
Debra Katz, una abogada que ha llevado casos de acoso sexual, sostuvo que los equipos deportivos profesionales tienen la obligación legal de proteger a las porristas de contacto no deseado con los seguidores.
El hecho de que varios equipos exijan a sus porristas firmar acuerdos de confidencialidad despierta un alerta en estas situaciones donde puede darse el hostigamiento, señaló Katz.
La porristas rara vez se interponen ante casos por acoso, ya sea por creer que es lo que se espera en su trabajo o por temor de ser despedidas por quejarse.
“No es que alguien me agarre los pechos, ni nadie me dijo, ‘acuéstate ya conmigo”. Es mucho más sutil”, señaló la exporrista de los Pieles Rojas. “Es como en todas las dinámica de abuso. Uno no cree tener la libertad de decir que preferiría no hacer eso. En cambio, la tratan mal y le pagan poco y la regañan en el ensayo por no traer el labial correcto. Todo es muy complicado”.
Una animadora que prefirió el anonimato señaló que los equipos pueden cobrar hasta 200.000 dólares por cada porrista que acuda a la reunión, pero ellas solo son recompensadas con 100 dólares.
Si bien la mayoría destacó que no han tenido problemas con los oficiales del equipo, algunas sí dieron a conocer momentos incómodos con aficionados. Una incluso contó que una vez un aficionado le gritó que “ojalá la violaran”, mientras que otras han detallado que a veces el trabajo incluye situaciones bastante extrañas como ir a la casa de algunos aficionados mientras ven partidos de la NFL. Esto pasó con los Washington Redskins.
Lamentablemente, existen altas probabilidades de que este tipo de cosas sigan ocurriendo, ya que muchas porristas eligen no hablar al respecto por miedo a perder sus trabajos puesto que “superan a cientos de chicas para obtener este puesto”.