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El fracaso de Carmona, o los 'ultras' siempre son un problema

La crisis de Venezuela es cada vez más aguda. Con la inflación más alta del mundo, desabastecimiento, escasez de medicinas y cada vez más aislados, muchos aseguran que en el país caribeño se está viviendo la peor crisis humanitaria de su historia, con índices de desnutrición alarmantes y un éxodo masivo. Pero hace 16 años, la oposición venezolana pudo "tumbar" a Hugo Chávez, aunque fue efímero. 48 horas después del "golpe", el chavismo volvió al poder tras los errores de un grupo de militares y empresarios. Desde entonces, el episodio solo sirvió para que quedara una profunda grieta entre los venezolanos, quienes recuerdan aquel día con sentimientos encontrados: alegría, tristeza, dolor, frustración o rabia son seguramente algunos, pero sin dudas que fue: la oportunidad perdida.

"(...) Ya de madrugada, (Carmona) me dijo que tenía que irse a dormir, que no se sentía cómodo y que se iba a un hotel a bañarse y a cambiarse. Entonces le pregunté: «¿Tú vas a dormir vestido?» y regresé a la reunión un poco mosca. Pasó media hora y un alto militar me llamó desde Fuerte Tiuna para contarme que se habían encerrado Carmona; el comandante general del Ejército, el general Efraín Vásquez; el empresario Isaac Pérez Recao y el jurista Alan Brewer Carías, y que estaban haciendo un acta de constitución de gobierno. (...)".
Rafael Poleo,
sobre la improvisación del Carmonazo

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Aquel viernes 12/04/2002, Carlos Chirinos aún era corresponsal en Caracas de la BBC, y la confusión era tan grande en el Palacio de Miraflores que nadie se preguntó qué hacía un periodista fisgoneando en el despacho que debía ocupar el ejecutivo  Pedro Carmona Estanga

Algunos años después ofreció algunos datos de la jornada:

> "(...) me llamó la atención que no estuviera allí la cúpula de la central de trabajadores que hasta apenas unas horas antes había estado tan unida al empresariado que representaba Carmona en su enfrentamiento con Chávez. Y me llamó la atención porque para entonces muchas de mis fuentes me sugerían que el consenso de la oposición contra Chávez se había roto. (...)":

> "Serían las 3:00 de madrugada de ese viernes cuando el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Lucas Rincón, se dirigió al país: al presidente Chávez "se le solicitó la renuncia, la cual aceptó". Esas palabras pasaron a la historia no sólo por su incoherencia sintáctica sino por las dudas que generaron entonces y que (...) siguen sin responderse. (...)".

> "En ese momento, entró el general Camacho Cairuz, viceministro de Seguridad Pública y uno de los militares que horas antes había desconocido la autoridad de Chávez. Estaba visiblemente irritado. No le agradaba el ambiente festivo que encontraba en el despacho presidencial. Tomó por el brazo al almirante Carlos Molina Tamayo y llevándolo justo hacia el costado del salón donde yo intentaba mantenerme lo más invisible posible le dijo: "Chico, ¿qué haces tú uniformado?". La pregunta venía a cuento porque Molina había sido sometido a investigación militar antes de los eventos y hasta que no fuera formalmente absuelto de sus cargos no debía presentarse al servicio activo. Tamayo respondió: "El presidente (se refería a Carmona) me nombró jefe de la Casa Militar", incólume la sonrisa con la que había estado sirviendo de anfitrión en el despacho de su nuevo jefe. Pero Camacho le recordó que en la vida militar "había reglas" y además le pidió que sacara a toda esa gente porque "por ahí viene Vásquez Velasco (jefe del Ejército) y viene arrrecho (furioso en venezolano)". (...)".

> "Desde Londres, la presentadora, María Elena Navas, inmediatamente me hizo la pregunta que muchos fuera y dentro de Venezuela se hacían -algunos se la siguen haciendo- y me preguntó si había habido un golpe de Estado. "No podía hablarse de un golpe en sentido clásico porque los militares no salieron a la calle, todo lo contrario, fueron acuartelados. Pero cuando unos oficiales desconocen públicamente la autoridad del presidente elegido y le piden la renuncia, eso es un golpe", dije esforzándome por hacer un análisis decente de la situación. En todo caso, luego sabríamos que ese fue el primer golpe, activado por la masacre en los alrededores del Palacio de Miraflores causada por unos disparos cuyos orígenes siguen sin estar bien explicados. Después vendría lo que se bautizó popularmente como el "Carmonazo", que permitió que el empresario asumiera el mando sin que nadie se lo hubiera delegado. (...)".

Probablemente ahí estuvo el gran fracaso: "el Carmonazo", el triunfo de los ultras, los que nunca deberían ganar porque no los comanda la racionalidad sino el odio, la inquina, la revancha y terminan siendo tan injustos como los que fueron reemplazados.

Cuando la estupidez comanda a las personas, nunca sucede nada bueno. Llámense oficialistas u opositores, da igual.

El golpe de Estado fracasó porque, de inmediato, sus promotores entraron en colisión unos con otros. Les ganó el revanchismo, priorizaron arrasar con la Constitución Bolivariana cuando la prioridad era construir una masa crítica de amplio espectro socioeconómico. Los que comenzaron a liderar la situación no sólo no conocían la política sino que la subestimaban. Varios opositores venezolanos de la actualidad no han aprendido del fracaso, y por eso a Hugo Chávez le ha sucedido Nicolás Maduro.

Sin alianza entre la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y la patronal Federación de Cámaras (Fedecámaras), no había posibilidad de desplazamiento de Chávez. Había que ser muy bruto para ignorarlo. Así le fue a Carmona, quien cerró el Congreso, anuló el Poder Judicial y se atribuyó poderes constituyentes tal como si fuese o un monarca o un dictador cuya legitimidad cualquiera podía cuestionar porque, al fin de cuentas, ¿por qué Fedecámaras sería más que CTV?

Los acontecimientos
 
“Buenos días Venezuela, tenemos nuevo Presidente”, así anunciaba el reconocido periodista Nelson Bocaranda el fin del chavismo en Venezuela, luego de que un grupo de miliates y empresarios, con apoyo de partidos de oposición, medios de comunicación y de la alta jerarquía de la Iglesia Católica lograran "tumbar" al popular presidente venezolano Hugo Chávez, sin embargo, el logro no duró mucho. Hace 16 años Venezuela perdió la oportunidad de salir del modelo "socialista" y de la "revolución bolivariana". 
 
El golpe de Estado contra la presidencia de Hugo Chávez fracasó a las 48 horas porque sus promotores entraron en colisión unos con otros. Se impusieron la derecha y el revanchismo, el sector que redactó un decreto-ley que arrasó con la Constitución Bolivariana y determinó el alejamiento de los militares moderados y del principal sindicato de trabajadores.
 
“Los miembros del Alto Mando Militar de la República Bolivariana de Venezuela deploran los lamentables acontecimientos sucedidos en la ciudad capital en el día de ayer. Ante tales hechos, se le solicitó al señor presidente de la República la renuncia de su cargo, la cual aceptó. Los integrantes del Alto Mando ponen sus cargos a la orden los cuales entregaremos a los oficiales que sean designados por las nuevas autoridades”, dijo en cadena nacional el general Lucas Rincón.
 
La alianza contra Chávez establecida por la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y la patronal Federación de Cámaras (Fedecámaras), dirigida por Pedro Carmona. Fue él entonces, el empresario que asumió el poder aquel 11 de abril, quien se desempeñaba como presidente de la Federación de las Cámaras de Comercio y de Industria Fedecámaras, el principal gremio empresarial del país, quedando al frente de un Gobierno provisional que puso a Venezuela al borde de la anarquía y la guerra civil.
 
En cuanto lograron derrocar a Chávez, la alianza anti chavista liderada por Carmona hizo anuncios y firmó decretos no tan democráticos, lo que provocó no sólo el enojo de la gente, sino de sus mismos aleados. "Atenta contra el derecho y la libertad del movimiento obrero", dijo Carlos Ortega, secretario general de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV).  El decreto había cerrado el Congreso, anulado el Poder Judicial y dotado de poderes constituyentes a Carmona. 
 
El decreto que anuló una Constitución aprobada en referéndum, en diciembre del 2000, se reservó la facultad de destituir a gobernadores y alcaldes elegidos en las urnas, y fue considerado por el historiador Jorge Olavarría, acérrimo detractor de Chávez, como "uno de los más grotescos mamarrachos de nuestra historia (de Venezuela)". En su redacción, según dijeron varias fuentes, habrían influido los sectores más conservadores del Opus Dei venezolano. El contenido del decreto espantó al jefe de las Fuerzas Armadas, Efraín Vásquez, que había secundado la rebelión civil, y mandó detener al presidente.
 
Al tomar el poder, Carmona aseguró haber recibido "un amplio mandato de manos del pueblo venezolano" y elogió un "proceso de profundas raíces democráticas".
 
Cuarenta y ocho horas después Chávez sería liberado de la cárcel en la isla La Orchila y retomaría el poder, gracias al apoyo de militares y de parte del pueblo.
 

 
Al mes siguiente, Carmona escapó de su arresto domiciliario y se refugió en la embajada colombiana. Desde entonces se encuentra asilado en Colombia, donde dirige la Maestría en Administración de Negocios en la Universidad Sergio Arboleda y da clases.
 
"El nuestro –dijo Carmona en una entrevista en 2012– no fue un acto que pudiera considerarse dictatorial u omnipotente, sino queríamos abrir un nuevo período de facto para rescatar la democracia cuando todavía se podía".
 
La oposición de hoy, electoralmente débil:
 
La oposición venezolana enfrenta la amenaza de implosionar por diferencias sobre cómo sacar al chavismo/madurismo del poder. Tras poner fin a 17 años de hegemonía oficialista en el Parlamento, con un triunfo arrasador en las elecciones de diciembre de 2015, la  Mesa de la Unidad Democrática (MUD) está resquebrajada.
 
La alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) casi genera los mismos niveles de desconfianza que el gobernante venezolano Nicolás Maduro, tras verse cuestionada por negociar con el régimen bolivariano y por fracasar en conseguir el referendo revocatorio, mostró una encuesta de la firma Meganalisis.
 
Según el sondeo de opinión, elaborado con un universo de 1.150 personas consultadas en 32 ciudades, el 74.3% de los venezolanos admite no sentir confianza ni creer que la MUD cumplirá con su palabra de forzar la salida de Maduro.
 
Esa proporción es similar al 77.5% de los venezolanos que desconfían en la capacidad de Maduro de resolver los problemas del país y que temen que la situación general del país está en vías de empeorar.

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