La victoria de Di Maio (M5s) y Salvini (Lega), jóvenes y nuevos en la política, integrantes de dos coaliciones electorales opuestas, motiva un cambio en los liderazgos y obliga a reformular el sistema de alianzas en un contexto político que se mantiene -eso si- inestable e impredecible, debido a la aparición de fuerzas nuevas y a la persistencia de la histórica fragmentación.
El Partido Democrático tuvo en estas elecciones una triple derrota: quedó relegado al tercer lugar, acabó con la corta carrera de su joven líder, Renzi, y perdió bastiones electorales tradicionales en manos del M5s.
Un vistazo al mapa de Italia grafica la hecatombe: la península aparece partida en dos: el centro derecha en el centro norte y el M5s en el centro sur e islas; unas escasas pinceladas aquí y allá dan cuenta de una presencia insignificante del Partido Democrático que venía gobernando el país.
Los partidos que se han alternado en el poder de Italia se ven obligados, de golpe, a ser oposición, y sus líderes, a entregar el poder partidario.
El tiempo dirá si las novedades emergentes de la reciente elección parlamentiaria son la antesala de un dramático cambio en los liderazgos y en el sistema de alianzas políticas o, por el contrario, son un incidente que agrega confusión y mayor inestabilidad.
Algunos analistas se inclinan por la primera hipótesis y anuncian la llegada de la Tercera República.
Sin embargo, para confirmar que estas novedades indican una transformación profunda hacia algo novedoso, habrá que esperar a ver si el nuevo sistema de alianzas –que por ahora nadie imagina– será mayoritario, estable y duradero y si, además, tendrá implicancias en el sistema de partidos y en la alternancia en el poder.