Lo más curioso de la historia de Capitán es que Miguel había muerto en el hospital de Carlos Paz y su cuerpo fue trasladado desde ahí a una casa velatoria, muy lejos de su casa. El perro nunca los siguió hasta el cementerio. Nunca nadie pudo explicarse cómo llegó hasta allí.
“El perro apareció acá solo y dio vueltas por todo el cementerio, hasta que llegó también solo a la tumba de su dueño. No lo llevó nadie hasta ahí”, reveló a La Voz Héctor Baccega, director del Cementerio municipal de Villa Carlos Paz. “Y eso no es todo: cada día, a las seis de la tarde, va y se acuesta frente a esa tumba”, contó hace unos años.
“Capitán recorre el cementerio conmigo todos los días. Pero cuando llega esa hora se va para el fondo, donde está la tumba de su amo. Este perro nos da una lección. Creo que los humanos tendríamos que apreciar más los recuerdos de los que se nos van. Los animales nos enseñan tanta fidelidad”, había dicho Baccega.