Monzón lo negó todo. Habló de un accidente: “Ella vino corriendo y se arrojó al vacío”, declaró en las horas posteriores al asesinato que había cometido y tras el que, en su intento de disimular su accionar, se terminó arrojando sobre ella para aparentar un accidente. “¡Alicia se mató, llamen una ambulancia!”.
Uno de los testigos clave fue el cartonero Rafael Crisanto Báez, que recorría el barrio y fue atraído por los gritos. Este insistió en que Monzón tomó a Alicia del cuello y luego, cuando ella se desmayó, la arrojó desde el balcón “como una bolsa de papas”, se cambió el pantalón por un pijama y “se arrojó encima de ella”.
El 3 de julio de 1989, Monzón fue condenado a 11 años de prisión, acusado de haber asesinado a Alicia Muñiz.
Se consideraron los antecedentes de violencia de género hacia otras mujeres, como Pelusa (su primera mujer) y Susana Giménez. Otra prueba fueron las reiteradas denuncias que Alicia Muñiz hizo en la comisaría alegando que él le pegaba, que la humillaba y que la celaba.