Un ejemplo de mal menor es el juicio de Salomón donde la madre auténtica renuncia a su maternidad para evitar que su hijo sea partido en dos. Un ejemplo de bien menor, es el del mal administrador del Evangelio, que pudiendo multiplicar los dos denarios los entierra.
En este sentido es interesante recordar al filósofo español Leonardo Polo, quien al final de sus Lecciones de Ética afirma: “el hombre no solo puede querer algo sino que puede quererlo mejor. No solo puede ser libre sino que puede ser más libre…la virtud es la capacidad de aumentar la capacidad de gozar…el hombre tiene que mejorar más y más su relación con el fin último… tengo que ser más en mi constitución para dar más gloria al último fin”.
La razón última por la cual el bien menor tiene carácter de mal (habet rationem mali) es que el mal se puede hacer de muchas maneras, mientras que el bien solo se puede hacer de una manera: bien. Por ejemplo cuando uno hace un asado puede sacarlo crudo, quemado, sancochado, demasiado cocido, arrebatado, pero bien solo lo saca cuando lo asa bien. Cuando todas sus partes están perfectas y armónicas.
Esto viene a explicar la relación entre el mal y el bien en el mundo, desde el punto de vista filosófico, stricto sensu, pues son muchos y de muchas maneras los que obran el mal y lo defienden con mil y un argumentos, mientras que el bien y sus defensores cuentan siempre con el mismo y único argumento: el de la verdad. Esto es, el de la realidad de la cosa o asunto.
Hoy lo normal es hacer las cosas más o menos, lo chapucero en orden a los oficios es lo más común, y sino que lo digan las amas de casa cuando llaman a un plomero, un electricista, un pintor o un albañil. Esto no es de ahora sino que viene de lejos, ya Sarmiento, nuestro prócer, afirmaba que las cosas hay que hacerlas, mal o bien pero hacerlas. No, las cosas hay que hacerlas bien, pues de lo contrario estamos actuando mal.
Es que el obrar bien no solo perfecciona al agente sino que también perfecciona el fin buscado. Y es así como se construye la belleza del mundo, por eso los griegos lo llamaban cosmos=bello, ello todavía resuena en nosotros a través el término cosmética, el arte del embellecimiento.
Cuando hacemos u obramos lo menos bueno, vamos no sólo vamos en contra nuestro sino también en contra de la belleza del mundo. Esto es, en contra de una vida mejor en donde la complejidad se va reduciendo y no aumentado. La reducción de la complejidad es una de las consecuencias, en la vida práctica cotidiana, del actuar y del obrar bien, en tanto que el mal menor no produce ningún acrecentamiento de bien, sino que solo impide el crecimiento del mal.
De esta reducción de la complejidad, tan necesaria para la vida buena, hace nacer Nicklas Luhmann, la confianza social. Virtud por la cual la vida comunitaria se hace más placentera se simplifica. La confianza social, la fe en el otro como vecino, no como ciudadano, nos integra lentamente a la comunidad de pertenencia y sus intereses propios.
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(1). Uti minus malum habet rationem boni, ita minus bonum habet rationem mali.
(2). En su camino a Itaca, Ulises tenía que pasar entre dos acantilados dominados por dos monstruos que mataban a los navegantes. Era como estar entre la espada y la pared. En el caso de Carnéades dos marineros, A y B, caen al mar y nadan hacia una tabla en la que solo uno puede apoyarse. A llega primero pero B lo empuja lejos y monta la tabla. A se ahoga. ¿es un asesinato o defensa propia?. El caso del tranvía que corre fuera de control se enfrenta a la disyuntiva de que en un ramal hay cinco personas atadas a las vías y en otro una persona.