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La historia de Pérez Jiménez marca el fin de la dictadura de Nicolás Maduro

Hace 60 años Venezuela celebraba el fin de una dictadura, sin embargo, parece que estamos irremediablemente condenados a repetir la pésima historia de un país sumergido en la miseria, el venezolano parece no aprender o ser masoquista, pero el único consuelo y aferrándonos a los libros de historia del país, es que la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, marca cual sería el futuro del Gobierno Chavista-Madurista liderado por Nicolás: le queda poco, está pendiendo de un hilo muy fino, la crisis es muy severa y ya está afectando incluso el ámbito militar. Quizá haya rebelión, más temprano que tarde y así se pueda poner fin al gobierno más nefasto de la historia contemporánea de Venezuela.
Una vez escuché a un profesor decir que las sociedades latinoamericanas estaban lastimosamente condenadas a repetir su historia una y otra vez, no recuerdo en qué contexto lo dijo pero lo cierto es que tenía razón. Hace 60 años los venezolanos lograron derrocar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, entonces yo, aferrándome a la historia que posiblemente sea la única carta que nos queda, puedo decir que seguramente, este episodio marca el fin de la dictadura del Presidente Nicolás Maduro.  No hay mal que dure 100 años. 
 
El 23 de enero de 1958 se dio en Venezuela un golpe de estado que puso fin a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, a quien no le quedó más remedio que huir hacia República Dominicana en el avión presidencial.  Sin embargo, no fue “soplar y hacer botella”, pues esta rebelión cívico-militar tuvo sus intentos fallidos antes de la gran victoria. 
 
Para hacer similitudes y que esto no sea una nota descriptiva de la historia de Venezuela, en la actualidad el país atraviesa una de sus peores crisis, generadas por supuesto por las erradas políticas implementadas por el gobierno de Nicolás Maduro, que además, tiene dotes de dictador nato: Reprime, hostiga y amenaza constantemente a quienes no apoyen su forma de gobernar. “Patria, socialismo o muerte” es su lema. En su contra, ha habido varias manifestaciones y rebeliones importantes, que han dejado lastimosamente víctimas fatales que lamentar, por ejemplo: jóvenes manifestantes asesinados por las fuerzas de seguridad, pero el más reciente: el ex funcionario que se rebeló contra el Chavismo-Madurismo, Óscar Pérez, quien fue abatido por efectivos del Gobierno cuando ni siquiera opuso resistencia al ser encontrado, es decir, lo masacraron. 
 

 
Pérez Jiménez entonces queda como “un bebé de pecho” delante del Gobierno de Nicolás Maduro, ya que aquel 1 de enero de 1958, cuando se produjo el  primer intento de rebelión militar contra Pérez Jiménez, en el que participó una cantidad importante de militares, lo único que hizo el dictador fue acentuar la represión y convertirlos en presos políticos, que no es poco por supuesto, pero al menos, los dejaron vivos. Diferentes por demás a quienes ahora gobiernan Venezuela, no sólo masacraron a Óscar Pérez sino a otros seis compañeros más, todos asesinados, sin derecho a nada, ni siquiera a la cristiana sepultura. 
 
Sin embargo, a partir del primero de enero la crisis interna de la dictadura de Pérez Jiménez se hizo cada día más grave, no sé si será el caso en el gobierno de Maduro, pero lo que si se hace cada vez más insostenible es la crisis económica en la que está sumergida Venezuela. Hay hambre y esto es una realidad. Los índices de desnutrición infantil son alarmantes, en las calles ya todos se ven con unos 10 kilos menos, para la gente de allá la hambruna se naturalizó, pero cuando la crisis ya empieza a tocar al soldado, la situación seguramente no da para mucho más. Es una bomba de tiempo. 
 
Volviendo a la historia, el General de División Marcos Pérez Jiménez fue el Presidente número 38 de la Historia de Venezuela, gobernó siempre con mano dura desde el 2 de diciembre de 1952 hasta el 1958 del golpe que lo “tumbó”.  
 
Su “mano dura” al menos dejó cosas buenas, y como dicen "a veces uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde", pero 60 años después, las mejores obras de infraestructura son las construidas por ese dictador. La construcción de las avenidas Andrés Bello, Nueva Granada, Sucre, Victoria, prolongación de la Avenida Bolívar, San Martín, Urdaneta, Páez, Fuerzas Armadas, México, Paseo Los Ilustres, la carretera Panamericana y la autopista Tejerías – Valencia, solo por nombrar algunas. Sin olvidar por supuesto, el teleférico de Caracas, conocido como El Ávila.  También me contaban cuando chiquita, que Pérez Jiménez era tan “duro” que como castigo a los presos, los ponía a construir las autopistas del país. 

 
Y hablando de  infraestructuras, el dictador Nicolás Maduro lo único que parece que copió de Pérez Jiménez fue la de reprimir a estudiantes y meter preso a quien piense distinto, porque si hablamos de las obras que construyó la revolución nos acercamos a un episodio realmente vergonzoso, un caso, solo por hacer mención: “El gobierno desalojó e inició el proceso de demolición de las construcciones de más de 600 familias que se encontraban en alto riesgo por los movimientos del terreno  de edificios de la misión vivienda” titularon algunos diarios que todavía, con lo que pueden, luchan por informar en el país de la censura. Otros fueron más ingeniosos: “Edificios de la Misión Vivienda se hunden como el Titanic”, publicaron. Saquen ustedes sus propias conclusiones sobre la calidad de las construcciones “hechas en revolución”. 
 
Ahora bien, profundizando un poco sobre las causas que derivaron en la caída de Marcos Pérez Jiménez, hay que señalar algunos aspectos: La crisis militar y la crisis política. Maduro por su parte, tiene “cómodos” a los señores del alto mando militar, y es que algunos incluso han estado inmersos en hechos “turbios” ligados al narcotráfico (de los que la justicia se hacen los distraídos) y otros corrieron con la mala suerte (buena para los venezolanos) de que le congelaran todas las cuentas en dólares del exterior y la prohibición de entrada a esos países, sobre todo a EE.UU. Pero, porque nunca falta un pero, los militares de menor rango y esos “soldados de la Patria” (como dice Maduro) son mayoría, esa mayoría que a pesar del uniforme verde le está pegando la crisis, y no son golpes leves, sino más bien bastante pronunciados. El salario que perciben ya no les alcanza ni para comer. Políticamente hablando también Maduro tiene sus crisis, pero lo salva que todos están tan “embarrados” que les toca remendar la grieta interna a puertas cerradas, porque si cae uno, caen todos. 

 
Entonces no queda más que aferrarse a este último recurso que es la historia, ya la gente no aguanta tanto peso, el venezolano ya no camina sino que deambula, pero entre todas esas personas están quienes seguramente, repetirán la historia de Pérez Jiménez y podrán celebrar que finalmente el Gobierno de Maduro se terminó. 
 

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