Si bien la explicación que suele escucharse en los ámbitos dirigenciales es que la mayoría de los clubes evitan depender de las ventas de jugadores, por ser éste un ingreso extraordinario y variable subordinado a que aparezcan talentos, es difícil imaginárselo constreñido a nada más que el 8% de las arcas oficiales.
Máxime cuando Argentina es un reconocido país formador de talentos para vender al exterior.
Lo corrobora el último ranking de Exportación de Jugadores en América Latina en su versión 2017, a través del informe anual que elaborada la agencia Euromericas Sport Marketing denominado “Football Player Exports” y publicado la semana pasada en Alemania, en el que Argentina vuelve a ser el número uno en colocación de jugadores, con un total de 3.277, en tanto Brasil lo siguió con un total de 2.675.
En el tercer lugar viene México, con 2344, seguido por Colombia con 1721 jugadores. Más alejados se ubican Paraguay con 878, Chile con 802 y Uruguay con 766.
Entre los player que partieron, un 82,5% lo hizo rumbo a las 5 ligas europeas más importantes: España, Inglaterra, Alemania, Italia y Francia, y el resto se dividió entre ligas menores de ese continente, si bien crece la tendencia entre los destinos antes considerados atípicos y hoy cada vez más rentables, como Rusia, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, comenta el reporte de Euromericas Sport Marketing hecho en base al ranking.
Para ponerles nombre y apellido a algunos de esos pases internacionales, entre los más resonantes el historial más inmediato registra el de Lucas Alario, ex Ríver, al Bayer Leverkusenen poco más de US$22 millones. Y más recientemente, el de Ezequiel Barco, de Independiente, al Atlanta United de la Major League Soccer de Estados Unidos, por US$15 millones.
Hubo otras operaciones previas que involucraron los pases de Giovanni Lo Celso, vendido por Rosario Central al PSG francés por 10 millones de euros, o el defensor Emanuel Mammana, que dejó River y fichó por el Olympique de Lyon por 7,5 millones de euros.
Y habían sacudido tiempo atrás los mercados las de Sergio el Kun Agüero, por US$ 28 millones, de Independiente a Atlético Madrid o Fernando Gago, de Boca al Real Madrid, por US$ 27 millones (ambas en 2006), así como otras que también se destacaron, por ejemplo, las de Javier Saviola (al Barcelona) y Mauro Zárate (Al Sadd).
Ahora esperan turno para emigrar el delantero boquense de 21 años Cristian Pavón, al que le fijaron una cláusula de rescisión de 30 millones de euros, y el novel goleador de Rácing, Lautaro Martínez, de 20 años, quien prorrogó su permanencia por medio año y les fue subida la cláusula de rescisión a US$20 millones mientras se lo disputan el Atlético de Madrid y el Inter de Italia.
Todas ellas significaron excepcionales inyecciones financieras claves para los respectivos clubes en el fútbol argentino, aunque últimamente no abundan las ofertas millonarias de otrora. Inclusive, antes de madurar en el medio local, a muchas jóvenes promesas locales que son seguidas desde ligas más calificadas se las llevan en plena evolución y hasta hay algunos casos, como el de Francisco Feuillassier, de 19 años, que ya debutó en la 1ra división del Real Madrid y vive en España desde los 11 años, que los captan de chicos sin haber estado federados nunca en la plaza local.
En esta cacería de talentos en barbecho tercian los representantes desde muy temprano (a veces sus propios padres), que son los que manejan las relaciones con los clubes y con los intermediarios.
Lo subraya el informe de Euromericas: “En 2017, se movieron más de US$ 728 millones en transferencias desde solo 7 países, ante la danza de millones, hay una tendencia que ha seguido comparada con el mismo periodo del año anterior, que es el aumento de la exportación de jugadores cada vez más jóvenes y a más alto costo de venta. (Subió en el mismo periodo un 34%)”.
Agrega: "En los últimos cinco años, notamos que la mayoría de los transferidos no llega a la 1ra división argentina, son menores de edad salidos de las inferiores. Quizás el caso más emblemático sea Lionel Messi, quien ingresó a las filas del Barcelona en su temprana adolescencia”.
Gerardo Molina, especialista internacional e influencer líder en Marketing Deportivo, remarca que “la salida de los jugadores a temprana edad se convirtió en un atajo engañoso, dado que aporta plata para hoy y desidia para mañana. Se puede decir que va en contra de unas ligas de calidad y va alterar los niveles de pasión de los fans, ya que se empieza a sufrir la falta de ídolos”.
Un curro en las tangentes
Pero el liderazgo que asumió Argentina en el ránking de los expulsores permanentes de jóvenes talentos es atribuido a que permite que dirigentes, intermediarios y jugadores consigan utilidades de manera rápida, ágil y con altas probabilidades de poder evadir el pago de impuestos.
Hasta 2010, el mercado de transferencia de jugadores había sido dominado por Brasil, el mayor exportador de futbolistas hacia los clubes de Europa, donde se concentra el negocio de transferencias del fútbol mundial durante 10 años.
Pero ahora, por 3er año consecutivo, los argentinos, con 3277 jugadores vendidos este año, vuelven a ser los 1ros exportadores de jugadores del mundo, explica el especialista en Marketing Deportivo y creador del sistema de medición en la industria deportiva.
Describe, en ese aspecto, que "cada año, los equipos sudamericanos tienen dentro de sus presupuestos la previsión de las ventas de jugadores, que termina siendo parte del patrimonio del club que lo descubrió o lo compró dentro del mercado local. En esa venta, todos ganan. El equipo o los dueños de los derechos de pase reciben gran parte del dinero, pero también el jugador, que se queda con 15% de la transacción, además de otros intermediarios".
De ahí que no sea de extrañar que “las transferencias al fútbol internacional se hayan convertido en motor financiero de las propiedades deportivas o clubes. La dinámica es de una gestión a corto plazo: si tienen una oferta de un club extranjero no la desaprovechan porque no saben si años después ese jugador valdrá lo mismo. Puede valer más o menos, pero no se puede arriesgar", si bien por otra parte existe una presión del lado del player para que se concrete la transferencia.
Las ligas europeas reciben más recursos por los derechos de televisión, marketing y abonos de asociados, los clubes en América Latina, dependen de la venta de sus jugadores como principal activo - con la excepción de lo que está realizando Brasil y también México, sostiene Molina, aunque eso no se ve en los balances auditados por Arklems + Land.
Llega a la conclusión de que “es hora de que las propiedades deportivas generen un sistema de producción masiva de patrocinios deportivos que sean los que sustenten la competitividad del deporte de modo sustentable, generando el nacimiento de un sector económico deportivo que genere empleos genuinos y crecimiento de fans”.
La reprivatización de las transmisiones de fútbol de la Superliga arrastra una serie de cambios internos más por exigencias contractuales que por convicción de los dirigentes, lo cual pudo comprobarse en el prolongado sainete que antecedió a la normalización del comité ejecutivo de la AFA y las decisiones posteriores que disparó, como el hecho consumado de quedarse sin el subsidio estatal por las emisiones televisivas gratuitas de los partidos.
El compromiso de jerarquizar los espectáculos para ser televisados inclusive fuera del país exigió invertir en los campos de juego, en el confort de los espectadores (ya hay una reglamentación sobre la cantidad de asientos disponibles para que no haya público de pie) y en el regreso de los visitantes para vestir escenográficamente las tribunas con, por lo menos, las tres cuartas partes de su capacidad cubierta de espectadores.
Y también la dirigencia se vio obligada a revisar la política de escindir de la economía cotidiana el armado de los planteles con las compraventas de jugadores. Ahora Boca invierte millones de dólares en repatriar a players que ganaban muy bien en las otras ligas, como Emmanuel Mas, Julio Buffarini, Wanchope Ávila y Carlos Tévez, y Ríver bate el récord con la contratación de Lucas Pratto y del arquero colombiano Franco Armani.
Y Rácing pega un pequeño giro en el estilo de las transacciones que venía hegemonizando el representante Cristian Bragarnik, con su empresa Score Fútbol S.A., con la contratación del nuevo director deportivo, ex jugador e ídolo consagrado internacionalmente, Diego Milito, a cuya gestión se debe la llegada del Genoa de Italia del crack surgido de la cantera, Ricardo Centurión, por el que Boca estaba más que interesado, y de una zaga central completa mayor a los 30 años, compuesta por Leonardo Sigal y Alejandro Donati, por la que pagó US$4,5 millones.
Bragarnik, que parecía amo y señor de jugadores y técnicos de Rácing, ahora se sienta como cualquiera a hablar de negocios con la dirigencia hace poco reelecta por los socios, por más que siga teniendo la potestad contractual del director técnico Eduardo Chacho Coudet.
Se empiezan a delinear las bases de una incipiente tendencia que Juan Manuel Anllo, de Deloitte, viene anunciando hace rato: que los clubes tendrán que salir a buscar mayor interacción con equipos de países donde el fútbol está en crecimiento, como la India o China. El mercado local no alcanza para abastecer a un negocio que trae otras proyecciones
"Tenemos que ganar espacio en mercados emergentes, que no están mirando los grandes. Contratar figuras, como el caso de Diego Milito en Racing, genera expectación e impacto hacia afuera, y permitiría pensar en clubes globales, que implica más ventas de camisetas, consumo online, paquetes turísticos”, dice Anllo.
Propone que se incorporen jugadores chinos o indios, lo cual generaría un impacto en esos mercados, que permitirían vender mejor los derechos de TV hacia afuera. Tal vez no nos guste, pero es clave ver la parte del fútbol como espectáculo", asegura.
El límite doméstico que poseen los números del fútbol argentino no daba para mucho más de lo que se venía haciendo. Ariel Coremberg, director Centro de Estudios de Productividad y Coordinador del Proyecto ARKLEMS+LAND en conjunto con Harvard, había estimado un movimiento directo de $ 21.766 millones entre lo que entra y sale de las arcas de los clubes, frente a un potencial de $ 102.629 millones si se aprovecha todo el giro que rodea a la cancha y los jugadores.
Opina al respecto que "el fútbol argentino es competitivo deportivamente, con clubes locales que ganan campeonatos y jugadores formados en el país que participan en grandes ligas europeas, pero también económicamente, porque compite a bajo costo. Es muy barato en cuanto a lo que moviliza, si se compara con los números de otras ligas europeas. Los ingresos promedio de un club de Primera División representan la facturación promedio de 2 grandes locales de retail", señala.
Razona en tal sentido que “el fútbol, acá y afuera, es mucho más importante como espectáculo y como impacto social que lo que genera económicamente", dice y comparó los balances de los clubes del país con análisis semejantes realizados en América latina y Europa.
Y ve en los sectores asociados a los efectos directos (clubes profesionales, fútbol amateur, entidades deportivas) que representa la actividad en la indumentaria, turismo, publicidad, medios de comunicación, consumo, entre otros factores) una veta a explotar, ya que todo sumado equivale al 2% del consumo agregado de las familias, una cifra similar a lo que ocurre en otros países.