No se supo al menos que se hubieran gestado avances en pos de alguna salida futura al bloqueo arancelario impuesto por Estados Unidos al biodiésel, habida cuenta de que la Comisión de Comercio Internacional norteamericana (Usitc, por sus siglas en inglés), que dio por buena la investigación que había iniciado en marzo pasado la industria del biodiesel norteamericano (NBB, por sus siglas en inglés), funciona de modo independiente dentro de la Administración Trump, a lo cual la oficina que comanda Wilmur Ross sumó otro derecho de importación en octubre pasado, por considerar que el producto ingresaba a precios de dumping. Ambos aranceles suman una penalidad superior al 120%
Las ventas interrumpidas de biodiésel argentino a EE.UU. habían llegado a más de 1,6 millón de toneladas en 2016, y si bien Europa reabrió su mercado, las exportaciones del combustible alternativo cayeron 30% en octubre y la producción bajó 20%, cuestión prioritaria si las hay.
Bloqueo político extendido
Nada por las trastiendas, nada por la formalidad de las numerosas reuniones marcadas en la brochure oficial. Quedó confirmado, en todo caso, el bloqueo político que traía desde Ginebra a Buenos Aires la institución internacional (creada por tratados entre sus miembros) que regula el comercio entre los países.
Por si hiciera falta, el representante estadounidense, Robert Lighthizer, se dedicó a criticar el actual funcionamiento del organismo, al denunciar que algunos de los grandes países incumplen las reglas al beneficiarse de un estatus de país en desarrollo que no se corresponde con la realidad. Justificó de ese modo su ferviente oposición en las discusiones del borrador a cualquier mención en favor del multilateralismo y de condena al proteccionismo, algo que forma parte del lenguaje habitual de la OMC.
Malcorra estaba desolada quejándose de que nada de lo que había pedido el presidente Macri, en el sentido de conciliar intereses locales con los internacionales para poder consensuar, se había podido cumplir. La firma del acuerdo de libre comercio Mercosur-UE tampoco llegó a prosperar y se pateó para adelante.
Ya no cuenta demasiado hoy que la OMC haya contribuido “con un marco institucional y con su influencia a que el comercio mundial creciera desde US$6,3 billones en 1995 (año de su creación) hasta 20,7 billones en 2016 (había llegado al récord de 23,9 billones en 2014)”, según puntualizó el titular de Desarrollo de Negocios Internacionales Marcelo Elizondo.
Ni que, “además de alentar la universalización del comercio internacional, la OMC ampare los tratados regionales, al punto que hasta hoy lleva registrados 445 acuerdos internacionales comerciales firmados entre sus miembros (eran 419 en 2016, por lo que han sumado 26 en el último año)”, agrega.
Analiza, en ese aspecto, que en el mundo sólo 7 grandes economías concentran la mitad del comercio global, pero hay ya además nuevos actores cuyo crecimiento en esta materia se destaca y exhiben un enorme dinamismo, entre los que sobresale una veintena adicional de países (no tradicionales en esta materia) que ya explica un cuarto del total del comercio mundial (entre ellos se encuentran Singapur, Corea, Taiwán, México y Emiratos Árabes). ¿Argentina?, bien gracias.
Explica que, como las instituciones mundiales beneficiaban especialmente a quienes no son potencias, se cimentó el auge del comercio mundial y en ese marco creció en relevancia el comercio de las economías emergentes y ocupan hoy 42% del total de exportaciones mundiales, cuando los desarrollados generan 55%.
Sin embargo, advirtió Elizondo, Argentina está en una región de poca vinculación: Latinoamérica apenas genera 5,7% del comercio global y, en verdad, en los últimos años ha sido en particular Asia el gran ganador aprovechando la mejora en el comercio trasfronterizo, al pasar de 14% a 32% del total mundial en 50 años.
En ese contexto es que ubica la rediscusión que se suscitó ahora el mundo del marco de relaciones del comercio internacional, con la buena noticia subyacente de que la OMC prevé para 2017 el crecimiento del volumen del comercio mundial en un rango de 3,6% (muy superior al débil alza de 1,6% de 2016) y la mala es que la mayoría de los países (Europa y Asia por ejemplo) defienden el proceso de integración comercial y Estados Unidos cuestiona las relaciones tal como se previeron en el siglo pasado.
Estamos en el horno porque, por el contrario, China se muestra como una férrea defensora del librecambio, en un enroque ajedrecístico de los roles tradicionales jugados por las dos potencias.
Muy tangencialmente, Argentina participa en este sistema habiendo ratificado recientemente apenas el Acuerdo de Facilitación de Comercio (hoy es junto a Venezuela el país de la región con mayores costos aduaneros).
Y aún así no levantamos cabeza en el comercio global (generaba algo más de 0,8% de las exportaciones mundiales hace 50 años y lo hace en poco más de 0,3 % ahora), siendo uno de los 10 países con menor ratio exportaciones/PBI del planeta en la medición del Banco Mundial.
Si se considera el comercio internacional total (exportaciones e importaciones), el nuestro es aún uno de los 5 países con menor ratio en relación al PBI, en la propia medición del Banco Mundial.
Haber asumido el rol de anfitrión de semejante despliegue de gastos en delegaciones que ya se sabía que vendrían a no hacer nada no modifica ni un ápice el tétrico ranking de exportadores según el cual, siendo el 26vo país del mundo por el PBI e integrante del G-20, nos encontremos apenas 45vos y seamos un país que, en el ratio “trade per cápita” (exportaciones en relación a la población), ni siquiera tengamos una ubicación muy destacada en relación a los vecinos (peor que Panamá, Chile, Costa Rica, México, Uruguay, México, Venezuela y Paraguay).
La presencia al menos formal en instituciones internacionales ha sido una de las decisiones adoptadas por el gobierno argentino para modificar esa situación histórica, sin resultados visibles, salvo el efecto vidriera con que lo justifican miembros de este gobierno.
Habiendo celebrado acuerdos comerciales con sólo 8% del PBI, el espejo regional nos devuelve a Chile, México, Perú y Colombia en tratados que involucran más del 70% del producto mundial). En estos 3 días, ni siquiera el objetivo de sacar del cascarón aduanero al Mercosur y acercarlo a la Unión Europea fructificó en algo concreto.
Mientras tanto, si bien cuando se habla de exportación el vínculo directo es el precio de los commodities y destinos concentrados, varias Pymes reciben mails con pedidos de cotización de sus productos o servicios y algunas de ellas hasta cerraron operaciones. Es en muchos casos, cosechan la cabida que tuvieron en promociones al exterior efectuadas en épocas pasadas donde las invitaban a participar en ferias y exposiciones en todo el mundo integrando las delegaciones oficiales.
Haberles pagado los viáticos resultó mucho más provechoso para la producción y el empleo que los macro eventos en los que participan la alta burocracia diplomática internacional y Ceos de grandes compañías que, cuando llega la hora de decidir inversiones, se apuntan hacia otras prioridades y tienen en cuenta detalles que Argentina descuida: además de los macroeconómicos pendientes, los referidos al permanente incumplimiento de los acuerdos que está reñido con la institucionalidad.
El ex ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, que mucho tuvo que ver con los vaivenes de los canjes, megacanjes y concordatos en torno de la deuda en default, dijo en un almuerzo al que fue invitado a disertar que "es un mayor problema el déficit comercial que el fiscal".
Sostuvo que había subido en más de 2 puntos en relación al PBI, mientras que el fiscal disminuyó en esa proporción. Y además advirtió que si Argentina crece más rápido "se va a acrecentar".