En Argentina, el precio promedio de adquisición del gas natural producido en el país este año fue de US$ 4,91 por millón de Btu y se espera un incremento a US$ 5 en 2018 (aunque el gas no convencional producido en la cuenca neuquina será remunerado en 2018 a US$ 7,5 por millón de Btu.
La perspectiva inmediata mundial da cuenta de que el crecimiento de la capacidad de producción duplicará al de la demanda, generando un exceso de oferta que provocará un fuerte aumento de las exportaciones estadounidenses probablemente a Asia pero también a Europa.
Es que el Viejo Continente busca garantizar el suministro de gas, si bien una revolución de gas de esquisto, similar a la de Estados Unidos, es poco probable, debido a las diferencias en el clima empresarial y el importante papel de las cuestiones ambientales
El titular de Energía argentino es un avezado conocedor de los flujos comerciales que manejan las grandes compañías en Europa, donde la disminución de la capacidad de producción y la ligera presión al alza sobre el consumo implican un aumento de las necesidades de importación. De ahí que el mercado europeo del gas esté cambiando rápidamente.
En esta coyuntura es que justifica la política de seducción a los grandes jugadores que escarban las entrañas de los yacimientos apelando a atractivos precios y medidas que les garanticen rentabilidad (como flexibilizaciones laborales, fiscales e infraestructura) para que inviertan. Es lo que se llamaría un costo de oportunidad.
Perspectivas internacionales
Avala la postura oficial el documento Perspectivas de la energía en el mundo, elaborado por la Agencia Internacional de Energía (AIE), según el cual las necesidades energéticas hacia 2040 crecerán un 30%, lo cual equivale a añadir otra China y otra India a la demanda mundial actual.
El organismo autónomo de referencia mundial asegura que será la era del gas natural, del rápido aumento de las renovables y de la eficiencia energética, y en esta dirección, Neuquén cuenta con la 2da reserva de recursos no convencionales de gas del mundo, detrás de China.
También la demanda de petróleo seguirá creciendo hasta 2040, aunque a un ritmo cada vez menor, mientras que el uso de gas natural aumentará en un 45%: con menos margen para expandirse en el sector eléctrico, la demanda industrial se convertirá en la mayor área de crecimiento, de acuerdo con el pronóstico especializado.
Estima asimismo que las fuentes renovables capturarán dos tercios de las inversiones mundiales en centrales eléctricas ya que, para muchos países, serán la fuente de nueva generación más económica. Ese tipo de energía, según la AIE, será la potencia creciente entre los usos finales de la energía, representando el 40% del aumento del consumo final en 2040.
De modo que la magnitud de las futuras necesidades de electricidad y el reto de eliminar las emisiones de CO2 en el suministro eléctrico ayudan a explicar por qué la inversión mundial en electricidad rebasó la inversión en petróleo y gas por primera vez en 2016 y por qué la seguridad eléctrica está claramente escalando puestos entre las prioridades políticas.
Hasta ahí cualquier esfuerzo en la remuneración parecería entroncarse en una estrategia nacional de largo plazo que lo justificaría, si no fuera que el pasado condena el comportamiento de las petroleras en Argentina, las que se acostumbraron a camuflarse detrás de la elefantiásica empresa de bandera, YPF, históricamente aprovechada como instrumento de beneficios internos que mayormente no guardan relación con su finalidad específica y la tornaron ineficiente.
Gracias a que YPF nunca se adaptó a los cánones internacionales de competencia y a sus vaivenes jurídicos, las otras compañías que operan en el país generan dividendos con bajas inversiones. En dos décadas recibieron transferencias del Estado por US$21.000 millones y el resultado fue una baja en la producción, embozada en permanentes reclamos de sus lobbystas.
El gobierno de Mauricio Macri quiere desactivar el subsidio del Estado al consumo, pero interviendo en los precios internos de la energía, de modo que el subsidio a los intereses particulares (o “maso” como YPF y las provincias) recaiga sobre el consumidor y sea éste, a través de las tarifas reguladas, quien les asegure la plata que antes les transfería la Tesorería para que inviertan.
El proyecto de ley del Presupuesto 2018 fija como "prioritario" que crezca la extracción de gas natural y sube un 63% los recursos destinados a un programa de incentivos, al asignarle $ 26.310 millones.
Contiene, asimismo, la premisa de "normalizar el mercado de hidrocarburos" para lo cual también prevé que el año que viene los precios de las naftas se alineen con los del resto del mundo (sin barril criollo), aunque una incógnita desvela a las petroleras: que continúe en pie el millonario Plan Gas para los pozos convencionales, que podría ser abandonados si no se incentiva mediante subsidios su producción.
La intención del Gobierno apunta a bajar un 50% en 2 o 3 años las importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) que insumieron casi u$s 1000 millones en 2017, y comprar cada vez menos gasoil al mundo para achicar el déficit comercial, a partir de la oferta de Vaca Muerta.
Si bien el costo de importación de GNL (gas natural licuado) se redujo un 40% entre 2015 y 2017, al pasar de US$ 11,5 a US$ 7 el millón de Btu (unidad térmica británica), relevamientos y proyecciones del Ministerio de Energía y Minería de la Nación indican que experimentará un gradual incremento a US$ 7,2 el año próximo y a US$ 7,8 en 2019.
Es una cuestión de plazos la materialización de la tendencia, ya que en lo inmediato, el suministro de Gas Natural Licuado de Australia y Estados Unidos es cada vez más abundante, aunque se prevé que la demanda se mantenga fuerte, especialmente en China.
El gas natural licuado también encontrará su camino hacia Europa, donde constituye una alternativa al gasoducto que mejorará la posición negociadora con Rusia.
Pero el panorama general es que continúe la convergencia de precios del gas a nivel mundial para lo que se espera que la diferencia entre Asia y Estados Unidos se reduzca en 2020 a US$7,0 por millón de BTU [british thermal unit] desde los 7,7 actuales.
Y dado que el costo adicional del Gas Natural Licuado es de US$4 por millón de BTU, se prevé que la convergencia continúe más allá de 2020.
En el orden local, el Presupuesto Nacional también se dirige a "garantizar la sustentabilidad del suministro de energía eléctrica y ejecutar obras de infraestructura energética", para lo cual se marcó como "prioritaria" la iniciativa de normalizar el mercado eléctrico, a fin de que los usuarios cubran el 61% del costo de la energía con el programa "Formulación y Ejecución de Políticas de Energía Eléctrica", que se llevará $ 64.961,8 millones.
De esta forma, el Estado afectará un 15,9% menos nominalmente que este año que pasan a la tarifa que las distribuidoras le trasladan al usuario.
Aún así, según el relevamiento que realiza Montamat y Asociados, los precios de la electricidad mantienen una fuerte distorsión, del 46% promedio respecto de la referencia regional e internacional. Especialmente, en los de Edenor y Edesur, que llegan a ser hasta 4 veces menores a los brasileños o chilenos.
Sostiene que el desajuste es menor en el gas natural, ya que equivale localmente a 75% del precio promedio en los casos de referencia, pero mucho menor aún es el de petróleo y derivados, que cotizan levemente por encima de la paridad, 7% más caros.
Habrá que ver dónde quedan parados los cuadros tarifarios de la luz y el gas, comparativamente con los niveles internacionales, cuando en marzo se terminen de aplicar los fuertes incrementos dispuestos para ambos servicios, cuyo cronograma se juntó con los que la Casa Rosada dejó pendientes hasta después de la elección de medio término.
En el caso de la electricidad, sin contar el 45% en más que Edenor y Edesur aplicarán hasta febrero, la tarifa venía apenas 15% abajo del promedio de Estados Unidos, siendo más cara que en algunos condados del País del Norte.