Hay grietas de grietas y hay algunas que nunca se van a cerrar, Argentina y Venezuela son el caso, siempre comparan ambos países, cuando dicen “íbamos camino a Venezuela”, sin saber que tienen la ventaja que aún con la grieta se vive “normal”. Por ejemplo, previo a las elecciones legislativas apareció el cuerpo de Santiago Maldonado, que duró desaparecido 78 días. Ahí la grieta se notó (y bastante) y las acusaciones de lado y lado no se hicieron esperar.
Salir a la calle y hablar del tema, era (o es) básicamente, caer en un profundo debate, qué le pasó, cómo murió y quién lo mató, son alguna de las interrogantes, pero los más extremistas apuntan a un culpable: El Gobierno o Los “K”. Aunque hasta ahora hay que esperar las pericias para saber qué fue lo que pasó realmente, la justicia se ha abocado a investigar el caso y buscar los responsables, y aunque la muerte de Maldonado siempre será un “fantasma” en la grieta, la gente tiene la certeza de que se hará justicia, (o al menos eso esperan).
Pero hablando de muertes que conmocionan a un país, y que han ayudado a que la grieta en vez de cerrarse, se siga ensanchando, hay que recordar a un hombre que murió por no ser escuchado, básicamente el Gobierno de Chávez lo dejó morir. Fue en el año 2010, y hasta ahora, no hay responsables. Esto si es un caso netamente político, en donde el Presidente tuvo responsabilidad y hasta el momento es solo un muerto más de la revolución bolivariana.
A diferencia de Argentina, que marcha y reclama hasta el cansancio exigiendo justicia por Santiago Maldonado o incluso, por saber “la verdad” sobre la muerte del fiscal Nisman, los venezolanos parecen haber olvidado no solo la muerte de Franklin Brito, sino la de los más de 120 muertos que hace tres meses perdieron la vida en las calles del país protestando contra Maduro. Por eso, cuando un argentino dice “íbamos a ser Venezuela” el venezolano solo piensa: “ojalá y fuésemos como ustedes”.
La grieta en Argentina está y sigue intacta cuando de política hablamos, los de izquierda siguen defendiendo su modelo, mientras los de derecha aseguran que el cambio está en el sistema que tratan de implementar, mientras que en Venezuela, están los de cada lado, y en el medio, en la zanja, van cayendo no solo los muertos del régimen chavista-madurista, sino quienes “bajaron los brazos” y decidieron sobrevivir en el país de lo posible, donde todo lo inimaginable, ocurre.
Mientras tanto, otro grupo, cansado de vivir permanentemente de una conmoción en otra, han decido no ser parte de la grieta y volar hacia otras tierras, en donde, aunque hayan grietas, al menos pueden vivir. Actualmente la Argentina es el tercer el país de América Latina que más recibe a Venezolanos. Solo entre enero y marzo de este año, hubo 8.333 trámites de residencia iniciados, es decir, la cifra se quintuplicó, comparada con el año pasado.
Hay sus excepciones:
Bueno, hay sus excepciones. A veces lo de “Argentina iba a ser Venezuela” tiene algo de cierto, y es por ejemplo la similitud de las extrañas muertes de los fiscales Danilo Anderson (Venezuela) y Alberto Nisman, dos funcionarios encargados de hacer que se cumpla la justicia y consiguieron la muerte en circunstancias medio confusas.
Danilo Anderson fue asesinado el 19 de noviembre de 2004, su muerte todavía no ha sido esclarecida. Alberto Nisman, murió el 14 de enero de 2015, tampoco se esclareció el hecho. Ambos llevaban vasos muy importantes de cada país.
Anderson era fiscal cuarto de medio ambiente y mano derecha del primer vicepresidente de Chávez, Isaías Rodriguez, es decir, sabía muchas cosas, y por ende, su muerte se convirtió en el primer atentado legal explosivo de la historia venezolana. Su vehículo tenía una bomba, murió en el acto.
Por su parte, Alberto Nisman pertenecía a la Unidad Fiscal Especial de Investigación del Atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), por lo que presentaría una serie de pruebas (300 grabaciones) ante el Congreso, pero horas antes lo encontraron en su departamento con una herida de arma de fuego. Aunque inicialmente se habló de un suicidio, hoy las dudas siguen empañando el caso.
Y es así como, aunque con algunas similitudes (muy pequeñas) Argentina siempre estará lejísimos (para su suerte) de ser parecida a Venezuela.