Conviene aclarar que el “empate técnico” puede ser la conclusión de un análisis de los resultados de una o más encuestas; una elección tienen un ganador y un perdedor.
Es increíble como en este mundo que todo se sabe, buscamos mentirnos entre nosotros para alimentar lo que nos conviene y desechar lo que no nos conviene. Es decir, buscamos legitimar nuestras propias mentiras, frustraciones, debilidades o limitaciones.
Así hemos relativizado otras palabras quitándoles su significado real, tales como “represión”, “matrimonio”, “intimidad” o “sexualidad” por citar solo algunas.
Esto ocurre, quizás, por “hastío existencial”.
Jorge Fontevecchia, director del bisemanario Perfil, transcribe una conceptualización de la “posverdad”, ensayada por “The Economist”: “La técnica de la posverdad transforma la opinión pública en un mar de mentiras donde a la deriva los ciudadanos, ya no tienen de dónde aferrarse.” No cabe duda: la posverdad es una mentira con la que justificamos nuestros deseos o pulsiones y obviamente nuestros desatinos.
El domingo 13/08 el gobierno hizo uso de la “posverdad”, algunos dicen que ocurrió por obsecuencia de algunos funcionarios, deseosos de trasmitir “buenas noticias” -tal como dejó trascender más de un medio de comunicación- quienes, de ser cierto, debieron ser despedidos por inconducta y falta de ética y moral.
Otros dicen que, ingenuamente, dirigentes del PRO creían que la diferencia existente a eso de las 22:30 era decisiva; en ese caso fueron imprudentes y se mostraron como lo que parecen ser, adolescentes soberbios e imberbes de dudosa idoneidad, lo que demuestra que la eventual honestidad de bolsillo, es condición necesaria pero insuficiente.
Finalmente, hay quienes dicen que era necesario instalar la idea de “Triunfo”, para luego conocida y derrumbada la “posverdad” y aparecida la fatal “verdad”, facilitar la polarización.
Todo eso fue una necedad innecesaria, tal como lo puso de manifiesto Eduardo Fidanza en el diario “La Nación”. “El Presidente afirma que decir la verdad es fundamental. Y ha avanzado en algunos campos. Sin embargo, posverdades como las del domingo ensombrecen esa declamada virtud.
Triunfos posverdaderos y derrotas “verdaderas”.
En verdad fue el “Kristinismo”, el mejor artífice del desarrollo de este verdadero sofisma de la posverdad, mucho antes a que Donald Trump recurriera a ese artificio.
La versión folletinesca de la “posverdad K” fue el relato, con el que ahora pretende sustentar su campaña, agregándole una innovación, su “posverdad” fue el silencio. Probablemente ahora retomará su relato, al fin y al cabo se lo cree ya que la sofistica es una incurable enfermedad del espíritu o del alma.
Nos queda una duda: todo los que se promete, o pensamos que se hará para después del 22/10, ¿no será otra serie de “posverdades”?
El riesgo es que los argentinos hayamos creado la categoría de Posverdades buenas y Posverdades malas…