El sector público –no el privado- ha sido y sigue siendo el principal empleador.
En cuanto a la pobreza, el paradigma imperante fabrica pobres: la pobreza estructural es del 30% y se mantiene así desde hace décadas, con leves variaciones hacia arriba y hacia abajo.
Es llamativo que estos resultados, que nos deberían avergonzar, no hayan generado un liderazgo en el país capaz de revertir la situación o, por lo menos, no motiven en nuestra dirigencia un debate serio. Pareciera que es más redituable apelar al fantasma de la apertura indiscriminada, en especial en víspera de elecciones.
También es llamativa la falta de memoria de que los episodios de ingobernabilidad de las últimas décadas hayan surgido, precisamente, por situaciones como la mencionada más arriba.
A favor de Paolo Rocca, digamos que es cierto que la visión que expresa tiene amplio consenso en franjas mayoritarias de la población, que perciben que este paradigma los protege mientras que otros han sido los responsables de todos sus males.
La segunda reflexión que me merecen la declaraciones de Rocca tiene que ver con el término “indiscriminada”. Por oposición, su afirmación supone que puede haber una “apertura discriminada”. Esto nos lleva a interrogarnos acerca de quiénes deben ser “beneficiados” con la protección y quienes “castigados” con la apertura. Discriminar significa darles a unos lo que se le niega a otros.
Sería una injusticia cargar sobre los empresarios y el gobierno de turno el origen de los males que nos aquejan, y endilgarles la propiedad del paradigma imperante. El gobierno de Cambiemos recibió este legado, no lo generó. Los empresarios hace muchos años que trabajan en un contexto de alta inflación, sin crédito, con presión tributaria de las más altas del mundo, con costos internos exorbitantes y con hiper-regulaciones estatales.
En este contexto, es imposible integrarse al mundo, producir para exportar con éxito, generar bienes y servicios de calidad y competitivos para el mercado interno, generar valor e industria.
Por este motivo, y porque está demostrado que el viejo pensamiento insular está caduco y ha fracasado, los líderes empresarios deberían promover un debate sobre el futuro, que contribuya a que el país abandone la decadencia y la pobreza estructural, una propuesta que nos ayude a integrarnos al mundo, utilizando las herramientas de comercio exterior con inteligencia y audacia.
De esta manera, podremos iniciar un proceso virtuoso de integración al mundo, que nos llevará a ser competitivos y a generar mayor valor y riqueza, y más puestos de trabajo; más y mejor industria. Llevará mucho tiempo, pero en algún momento vamos a tener que arrancar.
Para hacerlo se necesita liderazgo y claridad de pensamiento. Otros países parecidos al nuestro lo han logrado.
Es el mismo liderazgo que expresó Paolo Rocca al conducir en el exterior con gran éxito al grupo Techint para competir y crecer, hasta convertirse en líder de su sector, en un jugador mundial altamente valorado por la calidad de sus productos y por el servicio que brinda a sus clientes.