Mientras tanto, el grupo habría tomado rehenes que incluyen a un sacerdote católico. Los detalles de los eventos en Marawi siguen siendo borrosos, explica The Independent, dado que los militantes cortaron la electricidad, pero se cree que hombres armados irrumpieron en una catedral y se llevaron al reverendo Chito Suganob y a una docena de miembros de su congregación. El arzobispo Socratas Villegas, presidente de las Conferencia de Obispos de Filipinas, dijo que los atacantes habían amenazado con matar a los rehenes "si las fuerzas del Gobierno que se desplegaron contra ellos no son retiradas", reportó AFP. Estas informaciones aún deben ser verificadas, dijo un portavoz regional del Ejército.
Los combates en Marawi se desataron tras un ataque de las fuerzas de seguridad contra el supuesto escondite de Isnilon Hapilon, considerado como el jefe de ISIS en Filipinas. Hapilon lidera un grupo llamado Abu Sayyaf y, al verse cercado, habría pedido ayuda de otro grupo islamista afincado en Filipinas que también juró lealtad al Estado Islámico (Maute). Y así, un centenar de combatientes islamistas respondieron incendiando edificios y otras maniobras de distracción, según el ministro de Defensa, Delfin Lorenzana.
Duterte había repetido varias advertencias respecto de que Mindanao, una región empobrecida y acosada por décadas de disturbios provocados por grupos separatistas y guerrillas marxistas, estaba en riesgo de "contaminación" por los militantes de ISIS echados de Siria e Irak. "Aunque el Gobierno todavía debe especificar qué viene después con exactitud, la declaración de la ley marcial en la isla sureña de Mindanao parecería que va a remoldear la agenda doméstica de Duterte, ampliando su foco de las drogas al terrorismo, y renovando las preguntas sobre su nostalgia por el pasado de autoritarismo de Filipinas", escribieron Vincent Bevins y Emily Rauhala de The Washington Post.