Aquellos que habían inhalado la hormona fueron más amorosos al ver la imagen de su pareja y la mayoría de ellos no miró de una forma especial las fotos de otras mujeres.
Sin embargo, las personas que durante la 1ra fase habían mantenido niveles más bajos de oxitocina y se les proporcionó un placebo que no contenía la hormona manifestaron grandes cambios en la 2da prueba. Al ver fotos de mujeres que no eran su pareja tuvieron respuestas neuronales que revelaron un mayor interés.
En otra etapa de la investigación debieron ver imágenes de personas de ambos sexos muy próximas a los voluntarios como padres, madres, hermanos, amigos y compañeros de trabajo. De este manera se podía comprobar que las respuestas neuronales dadas en las 1ras fases sólo las tenían con personas que no eran sus parejas ni de su entorno.
La investigación dirigida por Dirk Scheele, experto en psicología cognitiva de la Universidad de Bonn, comprobó que la oxitocina tiene un vínculo sentimental más cercano entre personas afines como la pareja. Esto, en consecuencia, ayuda a la monogamia. Por este motivo, los hombres con mayores niveles de esta hormona se mantienen fieles a sus parejas.
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Sin embargo, éstos no son los únicos efectos de la oxitocina. Una investigación realizada por un grupo de científicos de la Universidad de Birmingham (Inglaterra) que recoge la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews reveló sus semejanzas con el alcohol.
Ian Mitchell, líder del estudio explicó: “Pusimos en común las investigaciones sobre los efectos de la oxitocina y del alcohol y acabamos impactados por las increíbles semejanzas entre ambos compuestos. Ambas parecen apuntar a diferentes receptores en el cerebro, pero causar acciones comunes sobre la transmisión GABA en la corteza prefrontal y las estructuras límbicas. Estos circuitos neurales controlan la forma en que percibimos el estrés o la ansiedad, especialmente en situaciones sociales tales como entrevistas, o tal vez incluso despertando el coraje para pedir a alguien una cita. La oxitocina y el alcohol pueden hacer que estas situaciones parezcan menos desalentadoras".
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Concluyeron, después de analizar un conjunto de investigaciones, que el consumo habitual de alcohol y de oxitocina (inhalándola a través de un spray nasal) provoca más agresividad, más envidia y desinhibición.
Steven Gillespie, coautor del estudio afirmó: “No creo que vayamos a ver un momento en que la oxitocina se utilice socialmente como una alternativa al alcohol. Pero es un neuroquímico fascinante y, lejos de los asuntos del corazón, tiene un posible uso en el tratamiento de la psicología y las condiciones psiquiátricas. Entender exactamente cómo se altera nuestro comportamiento podría proporcionar beneficios reales para muchísimas personas".